Smishing, Vishing y Phising

MARTÍN FABLET

No es un trabalenguas ni un maléfico hechizo. Son los nombres que reciben las distintas modalidades delictivas donde las herramientas son mensajes de correo electrónico y teléfonos celulares. La más común de esas trapisondas es el Phishing. La jugarreta consiste en enviar un mail que pretende ser de una entidad bancaria, que amenaza con cerrarle su cuenta, o indicarle que hubo un problema con la base de datos, y necesita acceder al número de cuenta y clave para corregir el error. Los mensajes son enviados por un servidor con logo y firma correspondiente.

En Europa y Estados Unidos los ciberdelincuentes variaron su "modus operandi" y utilizan la telefonía IP para enviar el mensaje. En él, indican un teléfono al cual hay que llamar y mediante una grabación, solicitan número de tarjeta, contraseña y datos bancarios. Esa técnica es conocida como Vishing. El correo malicioso sugiere llamar a un teléfono. Allí atiende un sistema automatizado muy pomposo que solicita información. Al parecer da menos miedo suministrar datos a un contestador que incluirlos en un correo o en la web. Esos cuentos del tío de la modernidad aumentarán en cantidad y sofisticación. Utilizar voz sobre IP (Skype entre otros) es muy económico.

Pude encontrar en la red, varios programas que permiten crear centralitas propias de prestigiosas empresas, con voces de secretarias, managers, todo creíble. Ese call center "trucho" puede estar en cualquier parte del mundo, redireccionando llamadas a donde se quiera.

Otra modalidad es el Smishing que utiliza SMS de los celulares para realizar el ataque. Los mensajes intentan convencer al incauto para que visite un enlace fraudulento. Llegan por mensaje corto (SMS). El primer caso ocurrió en China, donde algunas personas comenzaron a recibir este mensaje (traducido del mandarín): "estamos confirmando que se le dio de alta un servicio de páginas porno muy asquerosas. Se le cobrará 2 dólares al día a menos que cancele su petición: www.elchinoerotico.com". Los usuarios, temerosos y avergonzados, acudían a obtener más información. En esa dirección, si se visitaba sin medidas de seguridad, el pobre chinito era infectado por un virus troyano. En otros casos, el mensaje adjuntaba un teléfono, desde el cual se intimaba a llamar. Un ciudadano de Pekín lo hizo y una grabación le pidió los datos de su cuenta. Horas después la habían vaciado.

Moraleja, nunca, jamás, divulgue datos de su cuenta bancaria a nadie.

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