el personaje I RUBEK ORLANDO

"Sigue la historia, pero yo me bajo"

Por casi cuatro décadas fue el portavoz de la Embajada de Estados Unidos y le tocó recibir a dos presidentes y a la secretaria de Estado, Hillary Clinton, ahora pasa a retiro.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Rubek Orlando se retira como jefe de Prensa de la Embajada de EE.UU.

Por 38 años fue jefe de la Oficina de Asuntos Públicos de la Embajada de Estados Unidos. Recibió a dos de los seis presidentes de EE.UU. que visitaron Uruguay, George Bush (padre) y George W. Bush (hijo). También recibió a Hillary Clinton en dos ocasiones, cuando era Primera Dama y luego como secretaria de Estado durante el gobierno de Barack Obama. Desde las fortificadas oficinas frente a la bahía Rubek Orlando fue testigo de la historia de ambos países, pero cumplidos los 65 años le llegó el momento del retiro.

"Como decía un amigo mío, la historia continúa pero yo me bajo", comenta con una sonrisa a pocas horas de otro de esos momentos que han marcado un hito, como lo son las elecciones nacionales en la nación a la que ha estado ligado por casi cuatro décadas. Rubek comenzó su carrera como periodista en el diario La Mañana, entre 1977 y 1979, donde su padre era director. Debe su peculiar nombre a la afición por las obras del dramaturgo noruego Henrik Ibsen que sentía su abuela, razón por la que el nombre de resonancias nórdicas fue pasando del padre al hijo y luego al primogénito de este.

Durante todos estos años la rutina de Rubek Orlando era férrea. Se levantaba poco después de las cinco y comenzaba por leer la prensa nacional y la internacional. Un ojo aquí y otro allá, la doble condición en la que se entrenó desde joven para cumplir sus tareas.

Durante todo ese tiempo el teléfono de Rubek Orlando estuvo al tope de las agendas de la mayoría de los periodistas. Las llamadas llegaban a cualquier hora y las consultas eran de lo más diversas.

El peor momento que recuerda fue el del 11 de septiembre de 2001. "Yo estaba entrando a la oficina cuando una compañera de trabajo, Silvana Patrone, me avisó. Parece que se estrelló un avión, me dijo", recuerda ahora Rubek. Unos minutos más tarde llegaba la terrible confirmación: no había sido un accidente y no había sido sólo un avión. La embajada fue clausurada de inmediato, pero Orlando debía permanecer en guardia a la espera de las novedades. Ese día la historia dio un vuelco y entró de lleno en la fracturada modernidad.

Los visitantes.

Cuando Rubek llegó a la embajada en 1979 habían transcurrido 12 años de la última visita de un presidente de los Estados Unidos a Uruguay. En aquella ocasión había sido Lyndon B. Johnson, que en 1967 llegó para participar en la cumbre de jefes de Estado americanos que se celebrara entonces en Punta del Este. Pasarían algunos más para que se repitiera un evento de igual magnitud.

Una visita de este tipo implica la movilización de más de un centenar de personas, la coordinación de vehículos, infraestructura, alojamientos, instalación de centros de prensa, salas para conferencias. La visita es precedida por una avanzada que llega un mes antes de la visita, principalmente compuesta por los miembros del equipo de seguridad que realizan un estudio sobre el terreno de todo el itinerario, que seguirán luego con precisión quirúrgica, hora a hora.

Dentro de ese contexto, el trabajo del jefe de prensa era el de preparar y coordinar el contacto de los mandatarios con los medios de comunicación. En 1990, durante el gobierno de Luis Alberto Lacalle, se concretó la visita del presidente George Bush (padre). Si durante la estadía de su antecesor Johnson el principal punto de la agenda era el combate a los movimientos subversivos de la época, en esta ocasión lo era la creación de una zona de libre comercio con la creación del Alca.

La segundavisita de este tenor, fue la de George W. Bush, ya durante la primera presidencia de Tabaré Vázquez. En esta ocasión el invitado llegó en un momento especial para Uruguay, que por entonces mantenía un creciente conflicto con Argentina por la instalación de la pastera en Fray Bentos. El grueso del encuentrotranscurrió en la estancia de Anchorena, aunque Bush se hizo un tiempo para cenar (hora norteamericana) en el restaurante La Corte. Y poco antes de irse pronunció la frase que quedó rebotando: "Si Uruguay necesita alguna cosa sólo tiene que levantar el teléfono y pedirlo, porque cuenta con los Estados Unidos".

Detrás de ese viajey toda la buena sintonía entre dos mandatarios tan aparentemente dispares estaban los buenos oficios del embajador Frank Baxter, con quien Rubek trabó una amistad que mantiene hasta el momento actual.

"Ambos presidentes (por Lacalle y por Vázquez) tuvieron la idea brillante de sacar a los visitantes fuera de la capital, eso fue magnífico", recuerda Orlando.

Al igual que con Baxter, mantiene contactos periódicos con otros embajadores que ahora trabajan en otras misiones, como los casos de James Nealon y Martin Silberstein.

Deportes y periodismo.

Rubek es hincha de Nacional, "pero no fanático", aclara enseguida. De todos modos tiene un palco junto a los amigos en el Gran Parque Central y va a los partidos cada vez que le es posible.

Pero más allá de su pasión tricolor, Orlando es un esforzado jugador de tenis. De hecho, fue capitán del equipo del Lawn Tennis, institución de la que también fue tesorero. Actualmente sigue practicando el deporte, donde se encuentra con sus mejores amigos. Con ellos también ha viajado para ver los torneos del Roland Garros.

Aunque comienza a disfrutar de su retiro, Orlando no ha abandonado su rutina. Continúa levantándose temprano para leer la prensa, un ejercicio que continúa haciendo, ahora con el foco más concentrado en las noticias locales. Y ahora con más tiempo para la lectura de libros, sobre todo en el área de historia. En su mesa de luz tiene una investigación sobre el Partido Nacional escrita por el historiador Daniel Corbo, y acaba de terminar con un libro de memorias de Arkadi Schevschenko, un diplomático soviético que desertó a Occidente en plena Guerra Fría, un período que fascina a Orlando.

Sin los compromisos que le imponían sus funciones, ahora se siente en libertad de poder dedicarse a la política. "No voy a estar en la primera línea, no voy a postularme como candidato a nada, quiero trabajar como asesor", explica enseguida.

—¿Por qué tomó esta decisión?

—Durante treinta y ocho años no pude hacer política, todo el mundo sabe que soy del Partido Nacional, así que creo que ha llegado el momento de participar, pero detrás de escena, más bien como asesor.

Aunque prefiere no anticipar más detalles, asegura que ya está trabajando en el proyecto político que de ahora en más ocupará su vida. "Eso y disfrutar de mi nieto", añade.

Sus hijos de 40 y 37 años ya han formado sus propias familias, uno tiene la profesión de arquitecto y el otro es publicista. Con uno de ellos comparte la predilección futbolera, con ambos trata de verse al menos una vez por semana.

El retiro no supone para Orlando la inactividad. De hecho, su rutina diaria es más laxa en cuanto a horarios, pero mantiene una agenda completa mientras sus inquietudes bullen en proyectos que se dispone a poner en práctica.

El martes pasado siguió expectante la evolución de la jornada electoral en Estados Unidos. Orlando considera que el impedimento de expresar sus favoritismos aún sigue vigente y prefiere no hacer comentarios sobre los candidatos. Pero no puede ocultar el matiz de orgullo cuando se permite un único comentario.

—Otra vez por más de dos siglos, invariablemente cada cuatro años Estados Unidos llama a elecciones de presidente, vicepresidente, parte de la Cámara de Senadores y la totalidad de la Cámara de Representantes. Eso es lo mejor que se puede decir de esta gran democracia.

Un país a cuyo destino ha estado ligado durante casi toda su vida, al que viajó más de 30 veces y por el que siente una enorme admiración. Pero ahora, en su retiro, se apresta a disfrutar del país que más ama y al que ha elegido para permanecer por el resto de sus días.

SUS COSAS

La anécdota

"El momento más difícil fue cuando tuvimos la protesta de los expresos de Guantánamo. No podía hacerle entender a Jihad Diyab que la embajadora (Julissa) Reynoso ya se había retirado de la misión. Se lo expliqué de varias formas, pero no había manera, él seguía insistiendo con que quería ver a la embajadora", recuerda.

Flores cada lunes

No sabe precisar cuándo nació la costumbre. Pero un lunes le envió un ramo de flores a su actual compañera, Estela Bartolic, y desde entonces cada semana se inicia con flores frescas en el escritorio de trabajo de su amada. "Ya quedó establecido, es como una ley no escrita", apunta Rubek cuando comenta esta costumbre.

La colección

Se jacta de poseer la colección más extensa de remeras que alguien puede reunir. Sus amigos ya lo saben y en cada viaje deben comprarle una camiseta de tenista. Ya ha reunido más de 150 sin estrenar, las hay de varios tipos y modelos. Rubek dice que recuerda con exactitud la historia de cada una de las prendas.

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