COMPORTAMIENTO

¿Qué es el sexo tántrico?

Con bases en el tantra, una corriente oriental surgida hace 4.000 años, propone una forma de entender la sexualidad en la que el placer sea una experiencia expandida y duradera. 

El sexo tántrico propone expandir el placer
El sexo tántrico propone expandir el placer

No se trata solo de sexo. O mejor: no se trata solo de orgasmos ni del placer como fin último del sexo. El sexo tántrico es una forma de explorar la sexualidad que tiene sus bases en el tantra, una corriente oriental que surgió hace más de 4.000 años y que supera los límites de lo sexual para definirse como una filosofía de vida.

Se basa, el tantra, en cuatro pilares básicos que tienen que ver con lograr un estado de plenitud y expansión de la conciencia: aceptarse a uno mismo y a los demás tal como son, vivir el momento presente con los cinco sentidos bien alertas, expresar lo que sentimos y pensamos, pedir lo que queremos y lo que nos gusta.

En este sentido, el sexo tántrico, que carga con tantos mitos y desconocimiento, “es una manera de explorar la sexualidad donde confluyen el cuerpo y la espiritualidad y la energía sexual es considerada la fuente de poder creativo”, explica Santiago Cedrés, médico internista, sexólogo y presidente de la Academia Internacional de Sexología Médica.

“Es una manera de vincularse con la pareja sexual en la que el acento está puesto en la circulación de la energía, aumentando la conexión entre la pareja. Si bien tiene foco en el placer, va más allá de este; implica una vía de crecimiento personal y de pareja. Deja de lado el orgasmo en cuanto lo entiende como una forma de fuga de la energía”, agrega.

Esta forma de explorar la sexualidad, por lo tanto, no tiene como fin último alcanzar un orgasmo, entendiendo a este como el punto de mayor satisfacción sexual, sino que se propone llegar a la plenitud logrando que ese orgasmo se extienda a todo el cuerpo y no implique el sentido final del sexo. Para eso hay diferentes pasos a tener en cuenta y, aunque no se trate de una ciencia compleja y todos y todas pueden llevarla adelante, ponerla en práctica requiere de paciencia y entrenamiento.

Energía

“El fin del sexo tántrico es el aprovechamiento de la energía sexual. Según el tantra, el hombre y la mujer pierden energía a través de sus genitales. El hombre durante la eyaculación y la mujer en la menstruación. Esta energía es considerada energía de vida, de creación que utilizamos diariamente, más allá de la práctica sexual. El tantra propone conservar dicha energía, lo que daría más vitalidad, juventud y creatividad”, sostiene el médico. “En tal sentido, durante su práctica el varón no eyacula, y la mujer realiza un ejercicio con su lengua durante el orgasmo para que la energía se conserve”.

Es en este sentido que el sexo tántrico se diferencia del “convencional”, aquel que tiene como fin último el placer. En este caso el fin es, además de la plenitud, lograr una mayor comunicación en la pareja. Además, la duración del sexo tántrico es mayor: la postura “convencional” en occidente, dice Cedrés, “está en el coito y en el orgasmo, en el tantra está en la conexión de todo el cuerpo”, precisa.

A su vez, por un lado, el tantra propone el control absoluto de la respiración de las dos personas hasta que estén totalmente sincronizadas; mientras que en el sexo convencional “la respiración es jadeante y descontrolada: la pareja siente bienestar ya que las técnicas de respiración cambian la química del cuerpo aumentando la producción de dopamina, oxitocina y serotonina. Los varones que practican el sexo tántrico logran varios orgasmos sin eyacular y sentir el orgasmo por todo el cuerpo y no solo a nivel genital”.

En el sexo tántrico no importan los roles: ni el hombre ni la mujer o en todo caso, los dos.

El tantra busca la mayor conexión entre la pareja. Ello se logra manteniendo la mirada en el otro, realizando movimientos rítmicos y suaves que acompañen la experiencia y sincronizando la respiración. “Implica una especie de danza, de ritual que tiene varias pautas que hacen una experiencia muy enriquecedora para cada uno y para la vida de pareja. Algunas de las pautas indican que la atención debe estar colocada en la sensorialidad. Se debe verbalizar lo que a cada uno le agrada o no, y no existe lo lindo y lo feo. De esta manera se deja de lado las expectativas que pueden influir negativamente en el encuentro, así como los estereotipos de varón y mujer”, agrega Cedrés.

Para lograr la conexión real con la pareja que busca el tantra es necesario seguir algunas pautas. En el sexo tántrico tiene mucha importancia lo sensorial. Por lo tanto el contexto y la preparación del escenario cobra una especial relevancia: la temperatura del ambiente, la decoración, la iluminación, la música, así como también las comidas o bebidas; todo tiene que estar previamente pensado y cuidado.

Por otro lado, “como lo importante está dado en la comunicación, la postura que se adopta es el de la mujer sentada encima del varón haciendo contacto visual —conocida como el abrazo tántrico—. Como la meta no es el orgasmo, sino lograr potenciar los sentidos, el acento hay que colocarlo en los besos, las caricias, miradas para que de esta forma fluya la energía sexual. A través de la mirada, la comunicación, se trata de ir subiendo paulatinamente y en pareja la excitación y energía sexual”, explica Cedrés.

El abrazo tántrico es, dicen, el abrazo total: “Implica todo el cuerpo y el espíritu. Implica mucha entrega y, por lo tanto, es común encontrar resistencias a dicha práctica. El mismo une a las personas en una especie de ser único. Por tal motivo es importante sentirse muy a gusto con la persona que se lo practica. El objetivo es trabajar la confianza, las sensaciones de seguridad y bienestar con una impronta de relax y dedicación, pero sin expectativas”, asegura.

Lo más llamativo del sexo tántrico es, de alguna manera, la eliminación del orgasmo. Y para eso el varón tiene que frenar la eyaculación. “Consiste en frenar la estimulación en el momento previo al no retorno de la emisión seminal para realizar la contracción del piso pélvico (que se ejercita a través de los ejercicios de Kegel) junto con la retención de la inhalación”, explica el médico. De esta manera no se emite eyaculación y se logra continuar con la práctica sexual. Y añadió: “La idea no es tener un pico de placer a través del orgasmo, sino lograr lo que le llaman el valle del placer. En lugar de un pico y luego que baje de golpe la energía, un largo período de mucho placer donde la energía sexual no se pierde”.

En este tipo de prácticas, lo genital pasa a un segundo plano y se trata siempre de involucrar todas las partes del cuerpo, para que la energía se disperse y no se pierda, para que el sexo sea más que solo sexo.

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