Cabeza de Turco

Somos semiólogos

"Ricardito es el negrito que a los niños gusta más". Así rezaba la publicidad del delicioso Ricardito (el mismo merenguito achocolatado de siempre) hace unas décadas atrás.

¿La expresión tenía un connotación negativa? En ese momento nadie se daba cuenta, pero era un reflejo de una sociedad que aceptaba "lo negro" como algo menor, risueño y lateral.

En su canción "A sangre fría" los Buitres cantan: "Yo la maté porque era mía, no soportaba otro adiós, no hubo testigos ni un cuerpo en un callejón, yo la maté en mi corazón" (podría ser metáforico. Está brava. Claro, era otro tiempo.)

Edmundo Rivero, mucho antes, cantaba que un hombre amenaza a su amada más joven que él a la que jura en alguna circunstancia "hacerte saltar pa arriba cuando me entres a fallar". Está claro que habla de "matarla". No es muy dubitativo el hombre.

Cacho Castaña se solazaba con aquella otra canción "si te agarro con otro te mato" y todos bailaban con Cacho (¡ay Cacho, hay más pero por hoy, ya está la cuotita llena).

¿Y por otros lares como andamos?

Vamos con los genios del Liverpool (sí, los Beatles). "Corre por tu vida, pequeña niña, si te atrapo con otro hombre será el fin, pequeña niña."

¡Señoras, señores, bienvenidos al nuevo mundo, el mundo cambió para bien! Se tomó conciencia que discriminar a otros, mujeres, afrodescendientes, identidades sexuales es un delito. Y ahora se está en la construcción de este nuevo tiempo. Por eso, todo esto (de pocos años atrás) hoy nos suena al paleolítico.

¿Cómo se alcanza el nuevo tiempo? Con una cultura nueva. Cultura en el sentido amplio y no elitista del término. ¿Eso implica un nuevo lenguaje? Sí, siempre ha sido así, pero el lenguaje va de la mano de la cultura no adelante de la cultura. El lenguaje la refleja, no es una imposición, es consecuencia de la misma. Cervantes inventó más de quinientas palabras para sus obras, Shakespeare más de mil palabras. ¿Me explico? O sea, las palabras se van creando y se validan si la gente las acepta, si se las apropia, de lo contrario quedan en un diccionario y las saben cuatro idiotas.

¿Como se dice hoy que te "ensuciaste" el zapato? ¿Me embarré o me caí en un lodazal? Es sencillo, todos vamos por la primera. Ganó el "barro" y perdió el "lodazal". Y ambas significan lo mismo. Quizás hace décadas, otra hubiera sido la respuesta.

Estar en medio de los cambios es difícil para mucha gente. La veta conservadora gana terreno porque todo lo que te saca de tu lugar de comodidad te altera. Pero tampoco se puede hablar en un lenguaje que por pretender ser inclusivo, pierde sentido y linda con lo ininteligible.

Todos vamos aprendiendo con los derechos que hay que respetar y con las expresiones que no se deben usar. En esto suelo ser más liberal, creo que las palabras "per se" no ofenden, ofenden los tonos, el encare de las mismas y hasta el sentido despectivo con el que se expresan. Yo suelo soportar —cero estrés— el asunto de que me digan "Turco". Ni soy turco, ni tengo origen étnico allí (es sirio y libanés), pero nunca me molestó que me llamaran así. Por supuesto, alguna vez, sentí decir "El Turco" con mala onda, pero eso ya tenía que ver más con la ignorancia que con otros menesteres. El que blasfema lo hace desde sus propias miserias. Y algunos y algunas que "no" maldicen oralmente, igual se les nota el encono —o la bronca— que tienen dentro, aunque quieran resultar estupendos o estupendas con sus relatos orales. Y eso duele tanto o más que el que confronta dialécticamente.

La semiótica, la gestualidad, el tono de voz y la evidencia de sus rollos agresivos se les escapa por los poros a muchos odiadores y odiadoras. Hoy todos sabemos leer mucho mejor a la gente. Nos pueden decir que nos aman pero si lo hacen con las cejas rectas, con rostro en tensión y hasta con un aire cínico, se percibe la verdad.

Y esta es una de las cosas buenas de las redes sociales: todos suben videos, todos publican lo que se les canta y solo actores de primer nivel nos engañan. El resto cree que nos vende su simpatía y solo nos muestran lo que realmente son. Todos somos semiólogos. Ya no nos embaucan.

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