NOMBRES

Cómo seguir luego de rechazar 50 millones de dólares

El comediante Dave Chappelle se retiró en un pico de popularidad y fama. Doce años después, volvió y sigue haciendo reír. Hace poco, presentó un nuevo espectáculo en YouTube. 

Dave Chappelle
El humor de Chappelle. 

"A veces, las cosas más divertidas son crueles. Yo digo muchas cosas crueles (…) pero deben recordar que mi intención no es ser cruel. Solo las digo porque son graciosas. Y todo es gracioso. Hasta que nos pasa a nosotros”. Así comienza el espectáculo de stand up de Dave Chappelle de 2017 The Bird Revelation (“La revelación de Bird”, en alusión a una cita del músico de jazz Charlie “Bird” Parker, que precede al espectáculo: “Cobré vida. Podía volar”).

Como Dante, que advierte a todos antes entrar al Infierno, Chapelle aclara que lo que viene resultará ofensivo. O al menos removedor. El espectáculo está en Netflix y al verlo llama la atención que haya recibido 20 millones de dólares por él. En un escenario pequeño y sin ningún tipo de adorno o extravagancia Chappelle está sentado ante un público de no más de 50 personas. Ahí, como si fuera un Landriscina urbano, va desgranando con parsimonia y algo que aparenta cierta sabiduría algunos de los temas que, además de ser socialmente relevantes —y a veces ofensivos— también son graciosos. No siempre, porque Chappelle también tiene una faceta seria y política.

Hace poco, a raíz del asesinato de George Floyd que aún tiene a Estados Unidos en convulsión, Chappelle grabó un monólogo de 27 minutos que publicó en el canal de YouTube de Netflix sin aviso previo. “Normalmente, no les mostraría algo tan crudo. Espero que entiendan” es la frase del protagonista para presentar el espectáculo, titulado 8.46, que se puede ver en su totalidad (por ahora, solo están en inglés).

Dave Chappelle es un rara avis entre los artistas afrodescendientes de Estados Unidos. “Siempre que me juntaba con otros negros que hablaban de sus experiencias en el gueto, me sentía por fuera. Mis padres tenían la suficiente cantidad de dinero como para que yo fuera pobre pero entre los blancos”, dijo una vez en una de sus presentaciones. Los padres, que se separaron cuando él tenía dos años, eran académicos y de ambos la madre era la más destacada. “Mi madre tenía una pila de títulos y diplomas: sociología, estudios culturales afroamericanos… Llegó a ser asistente de Patrice Lumumba (el primer presidente de Congo) y el mismo Lumumba fue quien la contrató”.

Sin embargo, él fue el único de tres hermanos que no fue a la universidad. No le gustaba estudiar y se pasaba mirando televisión. De adolescente, leyó un artículo en la revista Time sobre Bill Cosby y se decidió. Eso era lo que él quería ser, comediante. La madre le daba algo de dinero para que fuera a ver a otros comediantes y observara ese mundo. “Luego de ir tantas veces, ya me conocían. Me preguntaron si no quería subir al escenario”. Con 14 años, hizo su primer espectáculo de stand up. “Estaba tan nervioso que solo miraba hacia abajo. Pero dije el primer chiste y la gente empezó a reírse a carcajadas. Al otro día, en el liceo, estaba agrandadísimo. Iba al liceo y actuaba de noche. Me sentía Clark Kent de día y Superman de noche”.

Con 17 años se mudó a Nueva York, luego de estudiar en las Escuelas de las Artes Duke Ellington en Washington, donde se formó como actor de teatro. En la gran ciudad, fue a ver al famoso Teatro Apollo, donde los más grandes artistas negros han actuado. Se dijo a sí mismo que triunfaría ahí también. Cuando llegó a ese escenario, fracasó rotundamente. “Me gritaban, me abucheaban. Nunca me había pasado algo parecido”. Aún así, no lo vivió como un trauma. “Luego de eso, no tuve más miedo en el escenario. Nada me frenó”.

Faltarían unos pocos años antes que fuera realmente famoso, pero ya empezaba a hacerse un nombre en Nueva York. Con todo, los comienzos fueron difíciles y muchas veces andaba sin un dólar en el bolsillo. Trabajaba cuando podía. “Una vez me contrataron unos narcos. Fui, hice lo mío y les gustó. Me pagaron 25.000 dólares al contado. Nunca había visto tanto dinero junto. Recuerdo ir en el metro hacia mi barrio, con mucho miedo. ‘Si alguien llega a saber que llevo tanto dinero en la mochila, me matan’, pensaba”. Y remató: “Imaginen si anduviera con una vagina encima todo el tiempo. Les digo: tendría más miedo que llevar 25.000 dólares en la mochila. Con cosas así tienen que lidiar las mujeres”.

Finalmente, llegó a la televisión (y al cine). Su programa, The Dave Chappelle Show, tuvo tanto éxito que cuando llegó el momento de la tercera temporada el canal le ofreció 50 millones de dólares por dos temporadas más. Chappelle rechazó la oferta y estuvo doce años fuera del showbusiness. Cuando volvió, las explicaciones que dio sobre por qué se había retirado fueron vagas y crípticas. Todos querían saber por qué había rechazado 50 millones de dólares, pero él eludía dar una respuesta sencilla y contundente.

Ya no es el joven, delgado y enérgico comediante. Pero no ha perdido su audacia ni su filo. Sus historias y observaciones pueden ser ofensivas o controvertidas, tanto para mujeres como para personas trans, homosexuales o incluso los propios afrodescendientes. Aún así, puede ser una de las voces más lúcidas e incisivas a la hora de hablar sobre los tópicos socialmente relevantes de su país.

En el más reciente espectáculo, hecho cerca de su casa y con el público respetando el distanciamiento social y con tapabocas, Chappelle denuncia y desmenuza el racismo en Estados Unidos, además de contar anécdotas que complementan los grandes hechos políticos, y que ayudan a entender parte del calvario de los negros en ese país. Y concluye con un encendido discurso que valora positivamente la movilización de la gente. “Las calles seguirán hablando, esté yo vivo o muerto”.

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