VIDEOJUEGOS

Sebastián, casi un pariente de Super Mario

Sebastián Feola tiene la mayor colección de artículos relacionados con el personaje del videojuego en Uruguay. Una pasión en la que invirtió decenas de miles de dólares.

Sebastián Feola
Foto: Francisco Flores.

Sebastián Feola (38) abre la puerta de su casa y es como entrar a una mezcla de parque temático, sala de maquinitas y museo dedicado al plomero italiano que, en realidad, es japonés, que empezó como Hombre Saltarín (Jumpman) y que hoy es uno de los íconos de la cultura de masas más reconocidos del mundo.

El mes pasado, el juego Super Mario Bros cumplió 35 años de historia y, si no hubiese sido por la pandemia, Feola probablemente hubiese viajado a alguno de los eventos celebratorios.

“Ya tenía pasaje comprado para ir a la inauguración del parque de diversiones Super Nintendo World, pero por lo de la pandemia se congeló todo”, dice. El parque en cuestión queda en la ciudad de Osaka, a unos 400 kilómetros al sur de Tokyo, en Japón.

Feola es el mayor coleccionista de Super Mario en Uruguay, aunque no sabe exactamente cuántos ítems tiene relacionados con el juego. Hace poco se mudó y todavía tiene gran parte de su colección en cajas, guardada. Está haciendo un inventario de todo lo que tiene, pero es un proceso que lleva su tiempo. Además, la actual vivienda no alcanza para albergar todo. “Ahora tengo todo en un dormitorio”, cuenta. Y muestra: un sinfín de artículos se apretujan como pueden en la habitación, desde los cartuchos con los juegos, pasando por artículos de merchandising, consolas, ropa, adornos, juegos empacados en sus estuches originales…

Nintendo
Foto: Sebastián Feola.

Hay algunos artículos que no son parte del mundo Nintendo pero esos son adornos, intrusos admitidos en el universo rojo y blanco que caracteriza al bigotudo saltarín (otra combinación cromática importante en la mitología del juego es la del verde y el blanco, que son los colores del hermano de Mario, Luigi). Feola aún conserva, y en buen estado, la primera consola de juegos que le regalaron sus padres cuando él tenía 5 años. No es una consola Nintendo sino Coleco Vision, una licencia que la empresa japonesa otorgó para que Coleco fabricara esas primeras máquinas de juego.

Para Feola, ese regalo le cambió la vida. “Ahí arrancó mi pasión. Y siempre fue Mario. Me atrapó porque era lo único que en esa época me permitía ‘escapar’, fuera de lo que eran los dibujitos animados. Era más tangible que los dibujitos. Vos podías experimentar, podías manipularlo. Todo dentro de la fantasía de ser niño, ¿no? Uno se sentía ‘parte de’ lo que estaba pasando en la pantalla, no era solo mirar. Ibas a otros mundos y lugares... Además, jugar a la pelota con los amigos me interesaba cada vez menos, más allá de que hacía eso también. Me absorbió enseguida”, relata.

No tardó mucho en tener la primera consola de juegos de Nintendo, el ya clásico NES (por Nintendo Entertainment System): solo un año. Feola tiene la ventaja de que tiene familia en Estados Unidos (su madre es estadounidense y allá tiene dos hermanos también) y ha viajado a ese país muchas veces por esa razón. Entonces, pudo comprar los artículos (juegos, mercadotecnia, consolas, lo que sea) cuando salían y a un precio que, en comparación con Uruguay, era más accesible. Fue, por ejemplo, uno de los primeros en comprar la Nintendo Switch, la más reciente consola de la compañía, porque hizo la cola de horas y horas en la tienda oficial de Nintendo en Nueva York (su madre vive en esa ciudad).

Y, como buen coleccionista, no admite adquisiciones que no sean las oficiales. “Nada de piratería”, dice con una sonrisa. Aunque no sabe exactamente cuántas piezas tiene (lo sabrá cuando termine de hacer el inventario), sí sabe que tiene mucho: “Juegos, los que quieras. Las consolas, todas: desde la primera hasta la Switch. Tengo 'hot toys' (macaquitos de los personajes), ropa, merchandising. Es bastante abrumadora la cosa. Además, ahora me quedé corto de espacio. Mi aspiración es comprar una casa más grande, para poder tener más espacio”, explica mientras saca cartuchos de juegos de una caja, muestra objetos coleccionables y explica de dónde viene tal o cual cosa.

¿Cuánto ha invertido hasta ahora en su pasión? No está seguro, pero hace un cálculo aproximado: “A precios actuales, debo haber invertido unos US$ 50.000 en la colección”, comenta. Señala un juego original de NES (una consola que salió a la venta entre 1983 (primero en Japón) y 1987 (Europa y Australia), que actualmente está evaluado en US$ 6.000. El día que los decida vender, se va a hacer de un lindo capital, ¿no? No. Porque nada de eso está o estará a la venta.

En todos sus años de devoción hacia el juego, Feola ha ido acercándose cada vez más al núcleo originario de los creadores del pasatiempo. Ha llegado a conocer a varios de los diseñadores de Super Mario, además de jerarcas de la empresa y tiene fotos con varios de ellos. “No tengo una foto con Koji Kondo (autor de las clásicas melodías que acompañan las aventuras del plomero), pero sí lo he conocido”, cuenta.

Los coleccionistas y fanáticos como Sebastián suelen ser agasajados por aquellas empresas o marcas que fabrican y venden los objetos venerados, pero Uruguay es un mercado demasiado pequeño para Nintendo, que no realiza eventos importantes en el país. “Nintendo no tiene llegada acá, porque somos muy pocos. Cuando voy a Estados Unidos sí: me mandan invitaciones, etc. Pero acá no. Algunos correos electrónicos y poco más”.

Aún así, Sebastián tuvo hasta la chance de ir a trabajar en la empresa que sustenta su pasión. “Porque ellos trabajan con certificaciones ITIL, algo que por mi trabajo sé hacer. Además, como tengo más de una nacionalidad (también soy ciudadano italiano), podría haber ido a laburar a Nintendo”. ¿A Japón? “No, a ¡Estados Unidos!”, dice entre risas. “No podría trabajar ahí por el idioma”. Pero decidió quedarse en Uruguay.

Este nivel de involucramiento con un fenómeno cultura no es habitual y Sebastián comparte su pasión con un círculo reducidos de amigos, entre ellos, otro coleccionista como él, pero de artículos relacionados con las Tortugas Ninja. “En mi familia nunca me criticaron por esto. Es más, a veces mi madre me manda consolas de otras marcas cuando salen en Estados Unidos. Y, todo bien, las pruebo, pero lo mío es Mario”, sentencia.

Con un nombre-marca que cumple apenas tres años menos que él, Sebastián dice que hay mucho para elegir en la oferta de juegos Super Mario. Hay una primera división importante para hacer: juegos 2D y juegos 3D. Otra categorización fundamental es “Juegos de la serie principal” (Super Mario Bros, Super Mario Galaxy, por nombrar dos) y “Derivados” (La isla de Yoshi, por ejemplo), juegos que están vinculados al universo Super Mario pero no forman parte de los principales lanzamientos de la multinacional nipona.

Sebastián, como experto en la materia, tiene un Top 5 de juegos de Super Mario, todos en distintas consolas. “El que más me gusta es Super Mario 64”, apunta. Agrega que fue el título que salió junto a la consola Nintendo 64, “que marcó un antes y un después en la industria por el cambio de 2D a 3D”. Luego, en orden jerárquico Super Mario 3 (para la consola NES), Super Mario Galaxy (Wii), Super Mario Odyssey (Switch) y Super Mario World (Super Nintendo). Esos serían, entonces, los mejores títulos de la serie principal, más allá de que Sebastián encuentra cosas buenas en prácticamente todos los juegos.

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