DE PORTADA

Scouts, siempre listos para ayudar

Ser scout enseña a trabajar en equipo, organizarse y ejercer el liderazgo. Quienes vivieron la experiencia, se la transmiten a sus hijos. 

scouts
En grupo y en la naturaleza. Típica postal de los scouts.

Siempre listos. Para una nueva aventura, para otro desafío o para ponerse al servicio de una causa superior. Siempre listos son dos palabras que pueden tener muchas definiciones para las más de 30 millones de personas que, en todo el mundo, se reconocen como scouts.

Esos millones integran un movimiento denominado escultismo, fundado hace 110 años por el militar británico Robert Baden-Powell, un hombre de múltiples talentos e intereses, entre ellos la música, la literatura y la escultura.

Otro lema del escultismo: “Una vez scout, siempre scout”. Sus integrantes lo repiten para remarcar un sentido de pertenencia, y también como una manera de mantener viva la llama de la primera fogata que encendió Baden-Powell en un campamento hace más de un siglo.

“Yo me reconozco scout, me siento scout. Es un sentimiento de pertenencia a una comunidad, que nada tiene que ver con ser miembro de una organización determinada, o con el accionar de grupo”, dice Jorge Polgar (51), actual presidente del Banco República (BROU). Polgar fue scout entre los 10 y 17 años, un período en la que muchas cosas se forman y se consolidan en la personalidad. Y para él, la huella dejada por sus siete años como scout es profunda: “Es parte de mi identidad”.

Por los recuerdos vividos, las amistades que se crean y perduran, por esas y otras experiencias es que muchos padres que fueron scouts impulsan a sus hijos a que también transiten por los caminos del escultismo. “Mis dos hijos actualmente, y desde hace años, también son scouts”, cuenta Polgar.

En Uruguay, el lema “una vez scout, siempre scout” es actualmente compartido por algo más de 3.000 jóvenes repartidos en distintos grupos presentes en 15 departamentos, además de 450 educadores que también forman parte del movimiento. La definición oficial es que los scouts conforman “un movimiento educativo no formal que aspira a la formación de líderes para que sean agentes de cambio a nivel social”. Así lo expresa a Domingo Claudia Ferreira (43), actual presidenta del Movimiento Scout del Uruguay, que existe en el país desde 1912.

scouts
Los scouts tienen muchas activiadades.

Los scouts se dividen en cuatro grupos etarios: “Lobatos”, cuyas edades van de los ocho a los 11 años; “Scouts” (entre 11 y 14 años); “Pioneros” (entre 14 y 16 años) y, finalmente “Rover” (entre 17 a 20 años). Luego están los educadores, que cumplen su tarea voluntariamente y siempre son mayores de 18 años.

La propuesta educativa arranca en Uruguay a los ocho años y concluye a los 21, pero la presidenta del movimiento agrega que hay excepciones: “Siempre hablamos que este un proceso y un crecimiento personal. A algunas personas les lleva más tiempo. Por ejemplo, encontrás gente que sigue siendo beneficiaria de la propuesta y tiene 24, 25 años”.

Lejos de la imagen de los niños vendiendo galletitas puerta a puerta, la que identifica a los scouts es la que los ubica junto al fogón de un campamento en medio de la naturaleza. Los scouts aprenden muchas cosas durante sus años en el movimiento. Llegan a menudo porque sus padres “están buscando que los niños tengan una actividad el fin de semana, y para que se junten con otros niños”, dice la presidenta. Además, agrega que generalmente el perfil de los que se acercan “es del chico que, por ejemplo, no se destaca en básquetbol o en fútbol, que son las prácticas que se hacen el fin de semana”.

Hacer un mundo en ocho días

El teléfono sonó un par de veces y Bruno Dos Santos (29) atendió. Del otro lado se escuchaba una voz entrecortada y afligida. El hombre que llamaba, recuerda Dos Santos, era una persona ya veterana y la angustia era porque hace unos días la ciudad de Dolores había sido golpeada por la catástrofe natural más grande de su historia. Y él quería ayudar. “Decía que tenía dos camiones que lo manejaban los hijos y que quería hacer algo. Que por favor le dijéramos qué hacer”, recuerda Dos Santos, educador del Movimiento Scout del Uruguay y que -en ese momento- estaba a cargo de la coordinación para enviar ayuda a Dolores.

Dos Santos es educador en el movimiento desde hace 12 años. Si bien nunca fue scout, se acercó al mundo del escultismo porque su novia de entonces era parte de un grupo. Al escucharla hablar sobre las actividades que hacían, le “picó el bichito”.

Así se acercó y fue a uno de los campamentos que se hacen anualmente. Ahí colaboró con los educadores en muchas actividades y un año más tarde, lo invitaron a unirse para ser un educador. “Dentro del Movimiento Scout del Uruguay tenemos cursos de formación, pero al principio entrás a vivir la experiencia. Después, cuando hacés el curso, te basás en la experiencia que tuviste”. Se trata, dice, de “acompañar a los gurises en su proceso. Cuando son más chicos son más dependientes y planteamos actividades para que ellos puedan desarrollar los objetivos educativos de los programas”. Esos objetivos se trazan para poder alcanzar la sociedad que proyecta el movimiento.

“Nosotros tenemos un mundo al que apostamos, un ideal que se basa en valores morales, en convivir en diversidad, en tener un mundo en la que la naturaleza sea respetada y en que una persona esté en constante crecimiento”, explica Dos Santos, sobre la sociedad que los scouts proyectan. De los tres o cuatro campamentos que se realizan anualmente, en el último -de fin de año- pasan ocho días ensayando esa sociedad que proyectan y practican todo el año. “Nos bañamos en el río, armarnos nuestros lugares y estamos ocho días viviendo con nuestras reglas, nuestra forma de convivir a través de la ley scout”.

Juntos

Silvana Nicola (48) viene de una familia de scouts. De niña, en Rivera veía cómo los scouts se divertían en la calle. Eso —sumado a que su padre fue uno de los fundadores uno de los grupos de la ciudad de Tranqueras— la empujaron a ser parte del movimiento. “Cuando tuve hijos tenía claro que eso marcaba para la vida, y que en mi casa iba a ser obligatorio ser scout” dice Silvana. Sus dos hijos ya pasaron por la experiencia. Según dice, le pareció importante que sus hijos adquirieron una serie de valores que ella ya tenía incorporados: “Hay un trabajo en equipo que es rescatable para la vida”.

Otro valor que para ella era importante que sus hijos incorporaran es el de la empatía. Nicola recuerda el juego de ser “abogado", para defender posturas que se pueden compartir o no. A través de esa actividad, se busca que las personas aprendan a argumentar. “Esas cosas te ayudan a ser empático”, comenta y agrega que su paso por el escultismo le sirvió, también, para vencer su propia timidez. “Es un lugar donde todos se respetan”, acota y luego reflexiona: “Lo bueno es que aprendés junto a pares. Hay un educador que te guía en la propuesta, pero vos aprendés con un amigo de tu misma edad”.

Pero también se aprende, dicen otros, a valorar la igualdad. Polgar, por ejemplo, resalta que “ser scout no te convierte en mejor que los demás”. Pero sí cree que en su caso le dio “la oportunidad de ser una mejor persona de lo que hubiera sido” de no haber atravesado por esa experiencia. Además, el jerarca bancario relata que sus años en el escultismo también le dieron herramientas “para disfrutar más de las cosas sencillas de la vida. Y a encontrar felicidad en compartirla con los demás. No hay que conformarse con la máxima de ir por la vida sin perjudicar a los demás, sino de hacer algo por la felicidad de otros, del ‘prójimo’ como dirían los scouts”.

Si bien nunca antes había pensado en qué cosas de sus años como scout aplica en su vida laboral, Polgar dice ahora que haber aprendido a trabajar en equipo es una de ellas. “Supongo que tiene mucho que ver con la convicción que tengo de la necesidad del trabajo en equipo, y que me resulte sencillo armar y formar parte de ellos. Se obtienen mejores resultados, se sobrellevan mejor las dificultades y, sobre todo, los logros se disfrutan mucho más”, afirma.

scouts Uruguay
Trabajar la tierra es una manera de aprender a respetar la naturaleza.

“Los scouts también me ayudaron a tener confianza en mí mismo, una característica que ayuda al momento de hacerse responsable por las decisiones que uno toma. Los scouts seguramente desarrollaron mi vocación de servicio, que tiene mucho que ver con el enfoque que pude darle a mi vida profesional”, comenta Polgar.

El actual diputado por el Partido Colorado, Tabaré Viera dice algo muy similar a Polgar. Más allá de haber aprendido a trabajar en equipo, Viera sostiene que también supo de “responsabilidad, organización y método en todas las actuaciones y en la vida misma”. Además, haber sido scout le dio, dice, competencias que le vienen como anillo al dedo a un político: las de liderazgo. “Que no es lo mismo que mandar”, aclara. “Durante mis 20 años de tareas ejecutivas fui siempre, creo, el jerarca. Pero también siempre fui el primer el obrero, el primer administrativo, el primer compañero… Por aquello de que el líder debe ir adelante”, comenta y añade: “Si te sientas, ellos se acostarán. Pero si te paras y caminas ellos, correrán”. Además, agrega, aprendió el valor de la lealtad: “He sido siempre leal en mi vida y en mi actividad política. La sinceridad, la construcción al trabajo, el orden, el trabajo en equipo, la forma de liderar”, todas cosas son cosas que las aprendió por ser parte del movimiento.

En lo natural

scouts
Un scout, dicen, se las sabe arreglar por sí mismo.

Respirar el aire en el medio del campo, mirar las estrellas sin ninguna luz artificial cerca, o sentir el calor de un fuego prendido lejos de la ciudad es parte de la esencia de este movimiento educativo. “Estar expuesto a la naturaleza es uno de los pilares del escultismo, por todos los beneficios que te trae a nivel biológico”, dice Ferreira. Por eso, agrega la presidenta, es que los scouts se van de campamento varias veces al año. “El objetivo no es único porque cada grupo va a tener su diagnóstico y va a saber cuál es la carencia que tiene. Es una excusa para una propuesta de actividades. Hay un montón de cosas que ellos pueden aprender en la escuela o en el liceo, pero cuando nosotros hablamos de estas habilidades -trabajo en equipo, solidaridad, de empatía- estamos hablando de otro tipo de enseñanza. Si bien se pueden adquirir en centros de educación formales, no se hace hincapié en ellos”, indica Ferreira.

Para el artista visual Federico Butler (50), el amor por la naturaleza fue algo que él descubrió siendo scout, y hoy ve que sus hijos también descubrieron ese sentimiento. “Los valores que viví yo, también lo veo en ellos. El amor por la naturaleza y el contacto con ella, pero también la vida en equipo, compartir, saber hacer las cosas y valerte por vos mismo. Una persona que fue scout tiene esa impronta- saber resolver cosas y arreglártelas-, porque entre los scouts se promueve la evolución permanentemente”.

Y eso, agrega, “creo que no es tan común en la gente”. Para él, además, la experiencia le dejó la costumbre de evaluar lo hecho e, idealmente, tratar de mejorarlo. “Después de que hacés algo, estás permanentemente evaluándolo, para corregirlo y mejorarlo. Eso es algo bien propio de la metodología scout”.

Pueden pasar años, venir nuevas generaciones y que cambien muchas cosas en el mundo, pero para Ferreira, Polgar Viera, Nicola y Butler —como a todos los que son parte del movimiento— lo que no cambia el sentimiento que encierra la frase: “Una vez scout, siempre scout”.

Solidaridad

El Movimiento Scout del Uruguay tiene, además de un propio plan de emergencia, un convenio con la Cruz Roja para colaborar en situaciones así. La Cruz Roja, junto con la ONG Idas y Vueltas, están actualmente realizando una propuesta de alimentación para los inmigrantes que llegan a Uruguay, y que no tienen los recursos para acceder a ellos. Y los scouts uruguayos también participan de esta actividad.

“Por lo general, se trata de venezolanos y cubanos y estamos cocinando todos los días para ellos”, cuenta la presidente de los scouts Claudia Ferreria. “Hoy por hoy esta actividad es la que nos está llevando más esfuerzos “, dice Ferreira y agrega: “Además estamos trabajando en conjunto con Idas y Vueltas y la Cruz Roja para prever la alimentación” para los inmigrantes que llegan al país.

Más allá de esta colaboración, el Movimiento Scout del Uruguay también realiza distintas ayudas sociales, como cuando hay inundaciones. O hacen recolección de libros para escuelas del interior que no tienen biblioteca propia. Todo para cultivar el valor de la solidaridad.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)