SALUD

La sapiosexualidad o cuando el cerebro importa más que el físico

Los sapiosexuales son aquellos para quienes el nivel intelectual importa más que la atracción física. ¿Es más normal de lo que parece?

Pareja leyendo junta
La "sapiosexualidad" hace referencia "a la erotización del intelecto o la inteligencia por encima de la atracción puramente biológica o primitiva". Foto: Shutterstock

Al consultorio de Mariana Kersz llegan cada vez más personas que sexualmente no se sienten atraídos por lo físico, sino por el intelecto del otro u otra, o aclara, con “una cuestión más liberada que tiene que ver con la moral incluso, con los valores, con la inteligencia”. Personas que, según Kersz —psicóloga y sexóloga argentina, directora de Clínica de Parejas— en el erotismo priorizan la atracción intelectual. Esta inclinación no es nueva, sin embargo lo novedoso es que de un tiempo a esta parte ha surgido una palabra que lo define: la sapiosexualidad.

El término no está en la Real Academia Española ni hay una basta profundización académica al respecto, pero lo que define, la atracción erótica por la inteligencia del otro, existe y los terapeutas lo trabajan. “Es una cuestión que recién hoy tiene rótulo, y muchas personas que no entendían muy bien lo que les pasaba ahora pueden verse identificadas y lograr tener una sexualidad sin sentirse anormales”, añade.

La apertura a nuevas formas de concebir el deseo tiene que ver con el “fin de la concepción de la sexualidad en el sentido sexista, falocéntrico y heteronormativo”, aclara la sexóloga, psicóloga y directora de Plenus - Centro Médico Sexológico uruguayo, Rosana Pombo. Para la especialista, esto lleva también a cuestionar el objeto de deseo sexual, lo que permite entender como válido en el erotismo eso que va más allá de la atracción física. “En este sentido la sapiosexualidad se ha desarrollado como un término para hacer referencia a la erotización del intelecto o la inteligencia por encima de la atracción puramente biológica o primitiva, esa que coloquialmente entendemos como ‘el flechazo’, ‘química’ o ‘piel’ entre dos personas”.

Si bien la intelectualidad es una cualidad que prima en aquellos que se inclinan más por una relación romántica y a largo plazo, hay quienes incluso para un encuentro casual necesitan conectar eróticamente a través de la inteligencia. Los sapiosexuales no buscan la satisfacción sexual instintiva e inmediata, sino la seducción intelectual: un buen diálogo, ideas originales e interesantes, el misterio.

Internet ha sido un escenario propicio para que se desarrollen y legitimen este tipo de conceptos. Esto porque en esa ventana al mundo se ha tendido a visibilizar relaciones diferentes a los estereotipos marcados. Además, espacios como Tinder o Happn favorecen un intercambio que permitirá a una persona que tiende a la sapiosexualidad “estar atento a quien lo erotiza, lo erogeniza y en función de eso podrá tener un mejor encuentro con el otro”, explica Kersz.

Pombo también recibe en el consultorio casos que comienzan una relación sin interés sexual por el otro, pero que lo desarrollan con el paso del tiempo. Encuentran la seducción en esa forma de ser del otro y “la conexión mental alimenta la conexión erótica”.

El valor de la inteligencia en la sexualidad tiene varias aristas. Por un lado, explica Kersz, “la inteligencia tiene un rasgo que es la capacidad de supervivencia, porque cuando vos podés aprender de una situación y capitalizarlo, entonces la resginificás, y eso permite hacer una diferenciación con respecto a otras personas. Los sapiosexuales se enamoran o les atrae esa capacidad de recrearse a uno mismo”. En este sentido, la inteligencia erótica (es uno de los distintos tipos como la lógico-matemática, la vincular o la emocional, por ejemplo) hace posible aprender de la experiencia para llevar el vínculo sexual a un plano superior. Aunque encontrar espacio para este tipo de inteligencia es una de las dificultades más comunes, tiene que ver con no limitar la pareja al coito, sino explorar y generar una intimidad que permita hacer una lectura correcta de las necesidades de ambos.

Para la especialista argentina, además de una tendencia clasista y de una idealización desmedida del otro que se pueden esconder en este concepto, el riesgo de la sapiosexualidad está en el reduccionismo: “Está bien identificarse con algo, saber que lo que te pasa es perfectamente normal y que hay formas distintas de disfrutar y desmitificar la noción de lo fallado o fallido. Pero de ahí a rotularnos y funcionar permanentemente en el marco de esa etiqueta hay una diferencia y la no aceptación de un sinfín de posibilidades entorno a la sexualidad”.

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