VIAJES

San Martín de los Andes y los colores del otoño

Caminatas para hacer en familia y salidas en bicicleta para disfrutar en la ciudad a orillas del lago Lácar antes de que llegue el frío; sin olvidarse de la recompensa de un chocolate.

Los andes en otoño. Foto: La Nación (GDA)
Los andes en otoño. Foto: La Nación (GDA)

El otoño es, quizás, la temporada más placentera que tienen los paisajes patagónicos. La naturaleza se enciende con los tonos ocre, amarillos y anaranjados que tiñen la cordillera, que se reflejan en lagos y ríos.

El calor ya aflojó, el frío todavía no asoma, los días se acortan pero el atardecer aún se hace esperar y las jornadas se pueden disfrutar bajo luz ambarina de esta temporada en la que la naturaleza cambia de piel.

Una de las mejores maneras de disfrutar de estas tonalidades es poniéndose en movimiento y aprovechar para caminar por los mejores circuitos, andar en bici eléctrica y hasta hacer canopy entre árboles centenarios del bosque andino patagónico, actividades que, en muchos casos, no requieren experiencia ni gran estado físico.

Circuito a pie

El cerro Colorado es uno de los picos más cercanos que se alzan sobre San Martín de los Andes, pero que a la vez se puede ver desde distintos puntos de la zona.

Subir hasta su cima es imperdible, una de las caminatas más populares y recomendadas, de dificultad media. 

Lleva unas cinco horas a paso regular llegar a su cima, que se eleva a 1.800 metros de altura en la cumbre de este volcán inactivo, donde hay un refugio de piedra levantado por los caminantes, con mensajes, recuerdos, y cañas colihues que son utilizadas como bastones durante el ascenso. Desde la cumbre se avistan los volcanes Lanín, Villarrica y Choshuenco, y hasta el cerro Tronador; el lago Lacar y el Lolog.

Otra caminata, más suave, es el trekking en la laguna Rosales, que queda a siete kilómetros del centro.

La senda se inicia en el barrio Caleuche. Se trata de un trekking ameno, de baja dificultad y familiar.

Los andes en otoño. Foto: La Nación (GDA)
Caminar por San Martín de los Andes. Foto: La Nación (GDA)

“Es el lugar ideal, completo, se ve el bosque, la laguna, hay miradores”, dice Hernán Lamana, guía de la agencia Destino Andino.

La vuelta completa a la laguna, con el ascenso al pequeño cerro que la custodia, es de cuatro kilómetros, y se demora unas cuatro horas caminar por esta porción del bosque andino en donde se ven maitenes, ñires, radales, cipreses cordilleranos y cañas colihues.

Esta caminata forma parte del recorrido de Huella Andina, una red de senderos de más de 500 kilómetros que une el lago Aluminé en Neuquén con el lago Baguilt en Chubut, atravesando así tres provincias. La laguna Rosales está ubicada a 970 metros de altura, y la cima del cerro está a 1.080 metros de altura.

A medida que se sube se ven distintos flancos de este espejo de agua rodeado de verde, donde crecen juncales.

Arriba, hay un imponente ciprés de la cordillera y bajo su sombra los caminantes pueden sentarse a descansar y observar el paisaje. Al bajar se completa la vuelta atravesando un mallín donde se ven caballos pastando, y vuelan cauquenes y bandurrias.

Otra buena alternativa para salir a caminar es el C4, es una montaña cerca del cerro Chapelco, pero a la que se accede mediante un sendero por otro camino. “Es una cumbre muy linda, que no tiene la exigencia del Colorado, y tiene un poco más de acción y exigencia que la Laguna Rosales. No es para expertos, pero es muy recomendable, está muy bueno”, dice Gabriel Gómez, de Destino Andino.

Es un trekking de dificultad media que lleva todo el día, más precisamente siete horas entre ida y vuelta. “No implica un gran esfuerzo físico debido a que no nos exponemos a grandes pendientes de ascenso”, señala Gómez.

Se parte a las 8 de la mañana desde San Martín rumbo a la base del centro de esquí Chapelco, donde arranca la caminata. En el primer tramo del ascenso al cerro C4 se recorre un bosque de lengas y caña colihue.

Dos horas después, con más de 800 metros de desnivel recorridos en un ascenso paulatino, se llega a la parte alta del Cordón Chapelco, donde se termina el bosque y comienzan las vistas panorámicas de la región: el volcán Lanín, el volcán Villarica, el cerro Colorado, entre otros picos de la cordillera de los Andes, como el mismo C4, en donde finalmente se hace una parada para disfrutar, desde los más de 2000 metros de altura. La salida incluye traslado de ida y vuelta, merienda, guía de trekking.

A pedalear en bici eléctrica

 Para aquellos que les guste pedalear, pero no tanto, hay una nueva alternativa: las bicicletas de montaña eléctricas. Flavio Bonilauri, de Adventure Store propone varios recorridos alrededor del pueblo y más allá. Se trata de bicicletas con un motor eléctrico y batería, con diferentes niveles de asistencia.

De esta manera, facilita las subidas y los recorridos en la región por los desniveles, haciendo posible que cualquier persona sin estado físico admirable pueda encarar estas montañas.

Es decir, en la primera pedaleada, el ciclista cuenta con un envión extra generado por el motorcito, y así la subida fluye de otra manera.

Una pedaleada clásica, que lleva medio día en las inmediaciones de San Martín, es la que sube al mirador Bandurrias, por el “Camino de la pantalla” como se conoce a este sendero donde antiguamente funcionaba una gigantesca pantalla reproductora de ondas de comunicaciones que todavía está en pie aunque obviamente en desuso.

Son cinco kilómetros cuesta arriba, por un sendero inmerso en el monte nativo, repleto de cipreses, radales, robles y coihues, dentro de la comunidad mapuche Curruhinca, ubicada en el paraje Trompul, que significa “la piedra sagrada” o la “piedra que suena” en mapudungún, la lengua mapuche.

Los andes en otoño. Foto: La Nación (GDA)
Los andes en otoño. Foto: La Nación (GDA)

Una vez en la entrada de la comunidad, donde un grupo de mujeres vende artesanías y torta frita, hay un desvío que lleva al mirador con su excelsa vista panorámica, el highlight de este ascenso, una postal increíble del lago Lácar, uno de los lagos argentinos cuyas aguas desembocan en el Pacífico. Por esta razón, durante mucho tiempo esta zona fue reclamada por Chile.

La bajada se hace caminando, por un sendero por el que suben los caminantes. Se podría bajar andando, pero es un descenso muy técnico, solo apto para quienes tienen mucha experiencia en mountain bike.

Mas allá de estas salidas, desde Adventure Store ofrecen otras excursiones diarias de dos y cuatro horas.

La recompensa 

Y para el final, San Martín de los Andes es una de las cunas del chocolate artesanal; pero también hay dulces, ahumados y escabeches tradicionales. Desde hace décadas se ha convertido en una tradición que las chocolaterías más importantes de la Patagonia se instalen en esta coqueta ciudad que, junto con La Angostura, es uno de los rincones de lago y montaña más elegantes de Argentina.

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