EL PERSONAJE

Salvador Banchero: "Cada vez disfruto más del silencio"

El comunicador radial anunció su partida de Justicia Infinita y su mudanza a España, para reconectarse con una ciudad que es la de su infancia, Madrid.

Salvador Banchero
Foto: Darwin Borrelli

Cuando anunció, el pasado 13 de diciembre, que se iba del programa de radio que lo colocó como uno de los conductores con mayor audiencia, muchos habrán sentido que se terminaba una época. Justicia Infinita no es solo una marca comercial y un estilo radial. También es una sensación de comunidad, generada en torno a lo que sus integrantes dicen y hacen, por su cuenta, o junto a su audiencia.

Más allá de que Justicia Infinita es la suma y la complementación de todas sus individualidades, el lugar de Salvador Banchero en ese esquema —para hablar en términos futbolísticos— vendría a ser el del jugador que ayuda a organizar y sentar lo fundamentos, mientras que otros hacen los goles y corren hacia la tribuna a recibir la euforia de la hinchada.

Durante los más de 15 años que estuvo en el programa, siempre fue más un articulador y un apoyo que una figura: "Gonza (por Gonzalo Cammarota) tiene facilidad y cintura para el trato más directo y expuesto. Él tiene otro cuero que yo no tengo, y eso fue así siempre, desde el principio cuando estábamos con Carlos (por Carlos Tanco). Ni él ni yo bancamos lo que banca Gonza, que se lleva mejor con eso. A mí todavía me cuesta. Y todavía me sigue costando: cuando se me acerca alguien a conversar me da mucho pudor, y tengo que esforzarme para manejarlo con naturalidad. No sé por qué me da pudor, uno no elige eso", comenta tomando un café en la cafetería-librería Escaramuza.

Se retiró, como él mismo dijo en su última intervención, tras "el mejor año de Justicia Infinita", y aunque ha hecho bastante más que solo formar parte de esa propuesta, su nombre está —y probablemente estará— asociado a ese programa.

Antes de irse primero a Carmelo a pasar un tiempo con sus padres previo a su mudanza a España, Banchero reconoce que el fin de su participación en el programa lo obligó a hacer un balance personal de lo realizado desde el comienzo, un comienzo en medio de la crisis económica más severa que tuvo el país en su historia reciente. "No estábamos ajenos a eso, pero éramos muy jóvenes y nos arreglábamos con muy poca cosa. No teníamos responsabilidades de nada, no había hijos en el medio, no había nada. Estábamos tan contentos por lo que hacíamos que en ese momento había como una necesidad de oxígeno, de sentir que alguien se estaba divirtiendo. Era como respirar un poco".

De ahí en más, el programa no hizo sino crecer en alcance e influencia, hasta llegar a ocupar los primeros puestos en las mediciones de audiencia durante años. En ese camino pasaron muchos colaboradores, invitados especiales, ciclos, personajes y ocurrencias como La Bajada, que se convirtió en todo un fenómeno de convocatoria y popularidad.

Pero también hubo críticas y algún que otro cruce con personalidades de la farándula y comunicación uruguaya, como Claudia Fernández y, en particular, Orlando Petinatti.

"Cuando me hablan de Petinatti me parece que me están hablando de la prehistoria", dice primero. Pero luego elabora. Pararse en la vereda de enfrente al programa Malos Pensamientos fue deliberado y calculado. Fue una forma de posicionarse, porque, según dice, quienes habían ignorado a Petinatti habían perecido. Y quienes habían elegido una actitud más obsecuente hacia ese programa, también. "Vimos que lo único que no se había probado era posicionarse en contra. Y lo hicimos sin saber muy bien qué iba a pasar, pero claramente nos dio resultado. De todas maneras, en el fondo para nosotros —y sospecho que para él también— siempre fue un juego".

Banchero cierra rápido el tema Petinatti: "No lo conozco, nunca me senté a hablar con él. Lo único que tengo para decir de él es que más allá de gustos, tiene una trayectoria innegable. A mí me podrá no gustar, y la verdad que no lo escucho, pero si se escribe la historia de la radio en Uruguay, él tiene un capítulo importante".

El próximo viaje a España donde se radicará sin un plan definido —una decisión que descolocó a mucha gente— tiene varios propósitos. Uno de ellos es cortar con algo que él sentía estaba tomando las decisiones por él. El espacio radial que conducía junto a sus compañeros había generado sus propias rutinas y dinámicas, que no dejaban mucho espacio para la espontaneidad, los cambios de rumbo o, como él mismo define, los "caprichos".

Otro propósito es reconectarse con una ciudad que para él representa a la infancia. Aunque nació en Buenos Aires —"creo que por ahí tengo un DNI que nunca renové, no tengo ningún vínculo con Argentina, más allá de que mi madre es de ahí", comenta— Madrid fue la ciudad en la que él pasó de los cinco a los nueve años, cuando su familia regresó a Montevideo luego del exilio durante la dictadura militar.

"Ahí empecé ser un ser social, y quiero vivir ahí, pasar más tiempo que los habituales 15 días de vacaciones o los días que tenía que ir por algo relacionado con el trabajo", cuenta y sabe que una decisión como la que tomó no es de lo más habitual. "El otro día hablaba con un amigo que me decía que cuando alguien hace esto a los veintipocos, nadie lo cuestiona. Pero hacerlo a los 41 años llama la atención. Lo que pasa es que no lo pude hacer cuando era más joven. Ahora sí. No tengo hijos, mis padres aún son bastante jóvenes y no requieren un monitoreo constante, es un momento propicio".

—¿Se te fueron las ganas de hacer radio, es eso?

—No lo sé. Ese es el tema. No estoy seguro si sigo teniendo esas ganas.

—¿No será que ya te diste todos los gustos que te querías dar en la radio, que pudiste hacer todo lo que querías?

—No tengo la sensación de que haya alcanzado nada. Pero sí que hice todo lo que quise hacer, y mucho más de lo que pensé que íbamos a poder hacer. Creo que trabajamos para eso, pero también creo que tuvimos mucha suerte.

Pero también puede ser que Banchero quiera, en este período de su vida, tener un poco más de silencio.

Una de las cosas que descubrió cuando hizo terapia durante dos años ("la típica: me habían dejado un par de mujeres", cuenta entre risas) fue que podía conversar consigo mismo. "Me di cuenta que se puede conversar consigo mismo honestamente, y lo sigo haciendo. Me gusta mucho estar solo. No tengo la necesidad de estar permanentemente con gente, más bien lo contrario. Soy muy sociable, pero no tengo la necesidad de llenar espacios con relaciones, y cada vez me gusta más el silencio. Me di cuenta hace poco de que ya no escucho tanto música, lo cual debe ser muy sano porque antes escuchaba música todo el día".

Entre las cosas que podrá disfrutar más ahora que no tiene que estar todos los días frente a un micrófono es leer y seguir mirando fútbol, algo que lo apasiona cada vez más. Agrega que le encantaría estar vinculado de alguna manera al fútbol, y que se puede aprender mucho de ese deporte.

—¿Como qué?

—Me parece que entre los jugadores hay gente muy interesante, con experiencias poco comunes, de entendimiento de colectivos, de cómo tienen que funcionar esos grupos, cómo vivir otras culturas, cómo incorporar otras formas de evaluar su trabajo y su mundo. Eso no me parece que lo rescatamos como deberíamos.

Como ejemplo, trae a colación el recuerdo de una entrevista a Luis Suárez, en la que —según Banchero— este decía que se había dado cuenta, cuando llegó a jugar en Holanda, que no sabía recepcionar una pelota y que se puso a entrenar para mejorar en ese sentido.

Para Banchero, esa voluntad de seguir aprendiendo ("Suárez es cada vez más jugador porque no siente que haya aprendido nada") es algo que él mismo quiere tener y mantener como parte de su personalidad. "Si llego a viejo, no me gustaría ser uno de esos abuelos que sienten que ya ordenaron el mundo. Más bien, un abuelo que se sigue sorprendiendo, aprendiendo, modificando su punto de vista. No sé si será posible, pero es el anhelo que tengo".

Detrás de la cordillera

Chile es un lugar especial para Salvador Banchero. Ha ido muchas veces a visitar a su abuela, a primos, a tíos. "Por el lado de mi madre, mi familia es medio como Naciones Unidas: su padre era español, su mamá es chilena. Está todo repartido. Y me gusta muchísimo Chile. De adulto, me dio la sensación de que la cordillera es una cortina de información. Hay mucha gente acá que no se entera de lo que pasa allá. Y al revés también. Pasan tantas cosas a nivel cultural, es impresionante la vida que tiene desde hace muchos años, y también tienen mucha más gente joven que nosotros. Hay una efervescencia constante".

¿Cómo ve él, tan futbolero, la rivalidad que ha surgido entre chilenos y uruguayos a raíz del fútbol? "Me da la impresión que esa hostilidad es más del nuevo uruguayo, y del nuevo chileno, que es algo que también existe. Al igual que nos pasó a nosotros, siento que ellos tuvieron bastantes complejos respecto a los países más grandes, y que ahora tienen una mirada un poco más altanera por su gran desarrollo económico. Estoy generalizando, por supuesto. Pero mi familia allá está bastante lejos de todo eso", cuenta sobre su afinidad con ese país.

SUS COSAS

Un lugar

Aunque ha viajado mucho, la impresión que le causó Armenia cuando estuvo ahí en octubre, perduró. "Ya no hay lugares secretos en el mundo, pero uno cuando piensa en Armenia piensa en la diáspora, no en el lugar. Y es uno de los lugares más atractivos del mundo".

Un gadget

"Leo según mi estado de ánimo", cuenta Banchero y aunque le encantan los libros físicos ("hace poco me regalaron una hermosa edición de Las mil y una noches, que estoy leyendo de a poco"), siente que ir cambiando de libro a libro es incómodo. Por eso le gusta tanto el Kindle, donde tiene cientos de libros cargados.

Una liga

Banchero ya no es hincha de un cuadro, pero su liga favorita es la Premier League. "Me fascinan los equipos pequeños, con sus estadios antiguos, esos cuadros chicos que juegan contra grandes equipos y son competitivos... Esa cosa señorial del fútbol inglés, que también se ve en el rugby", afirma.

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