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Robots se reciben de amas de casa

Empezó la era de las asistentes virtuales. Probablemente reemplecen a los smartphones y nos ordenen la vida y el hogar.

Los Supersónicos
Los Supersónicos.

Un grupo de chicos de unos 7 años le habla a un diminuto objeto blanco como si se tratara de un micrófono, o de un amigo. En apariencia, es un cilindro menos atractivo que cualquier juguete. Le dan órdenes. Diligente, el dispositivo, ubicado en un estante, responde. Y actúa. En este caso, una de las niñas le grita: “¡Música para jugar al juego de la silla!”, y una melodía se activa. 

Cero ciencia ficción. Apenas nuevos entornos para la misma inocencia infantil. Se trata de una primitiva versión de los asistentes virtuales, en este caso hogareños; las nuevas estrellas del mundo tecnológico (este año ya se lanzaron al mercado versiones con pantalla, que permite agregarle comandos táctiles similares a los de un celular o una tableta, y emitir imágenes similares a las de un monitor o una televisión pequeña).

Aasistente virtual Alexa
Alexa, la asistente virtual de Amazon. Foto: Flickr.

Es una de las categorías más competitivas y, por su uso, cercanas de la última revolución digital, la que pone en evidencia, y a prueba, los más precisos avances del machine learning, es decir de las capacidades de aprendizaje de las máquinas. O, mejor dicho, de nuestra capacidad para educarlas. En esa frontera se cruzan no solo la curiosidad infantil del ejemplo, sino también la vida familiar, la organización de las tareas del hogar, la planificación de las compras y otras actividades simples, recurrentes y cotidianas. Desde reservar mesa para un restaurante con precisiones como el tipo de menú, el horario y la zona hasta gestionar el archivo de fotos o, mejor aún, administrar el consumo de información, música y entretenimiento familiar son asuntos que, hoy mismo, pueden resolver estos dispositivos hogareños con probada y sorprendente pericia.

No se trata de voluntarismo ni tecno-optimismo (como se denomina a la credulidad excesivamente ingenua sobre estos avances): estas herramientas pretenden reemplazar algunas actividades costosas para el humano (en tiempo, en esfuerzo, en concentración) y convertirse en aliadas de la organización doméstica. Ser, no ya los sucesores, sino el mejor complemento para el teléfono móvil, el dispositivo de comunicación más rápidamente popularizado en la historia de la humanidad, algo que está sucediendo en estas tres últimas décadas.

En definitiva, estos asistentes hogareños propulsados por inteligencia artificial buscan ser tan ubicuos, protagónicos y omnipresentes en la cultura popular como la televisión lo fue durante la segunda mitad del siglo XX, pero adecuados a los nuevos tiempos, más productivos, menos pasivos, más serviciales y eficientes.

Si los avances del comercio electrónico son evidentes, las comunicaciones permanentes a través de redes o servicios de mensajería, y hasta empezamos a acostumbrarnos a dialogar con bots, estos dispositivos parecen representar de manera definitiva la mutación en el vínculo hombre-máquina. En la popular saga "Avengers" hay una prueba irrefutable: el modo de dialogar de Iron Man (o Tony Stark, interpretado por Robert Downey Jr.) con apenas un sistema inteligente llamado J.A.R.V.I.S. parecía todavía una ilusión del cine de ficción cuando, una década atrás, comenzaron los films inspirados en los cómics de los 60. Hoy, es algo accesible en muchos dispositivos y hogares.

Las principales tensiones sociales y paradigmas de esta época impactan en la implementación de estos asistentes virtuales. Por un lado, Unesco publicó un extenso documento sobre los sesgos de género que implica que, en su mayoría, estos asistentes tengan predeterminada una voz femenina. “Contribuyen a perpetuar características anticuadas, un perfil de mujer dócil y obediente”.

El otro gran asunto es el de la privacidad de los datos, que oscurece la reputación de buena parte de las empresas del sector. El teórico Kevin Kelly, pionero de la cultura digital y autor de libros como "Lo inevitable", donde describe el futuro impacto de la tecnología, sentencia: “Tenemos una relación complicada con las máquinas. La sensación de que nos ayudan, pero también de que nos controlan es sumamente inquietante. Es una tensión permanente. Se pone mucho énfasis en el aprendizaje de las máquinas, pero los seres humanos también deben aprender”. 

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