NOMBRES

Retratos del inicio de la vida

La artista australiana Anne Geddes transformó la fotografía de la infancia y la maternidad. El libro Small World recorre sus 30 años de retratos de bebés.

Anne Geddes se especializó en fotografiar el principio de las vidas.
Anne Geddes se especializó en fotografiar el principio de las vidas.

Cada bebé tiene un halo de bondad, de pureza que va más allá de su belleza y de su encanto. La nueva vida, el futuro, la fragilidad y la importancia de proteger cada una de esas vidas están presente en mis fotografías." Anne Geddes está convencida de ello y lo confirma desde Nueva York en un tono suave y paciente en el que por momentos deja escapar su acento australiano.

Por más de tres décadas, Geddes, de 60 años, ha registrado y explorado la inocencia y la maravilla de la nueva vida. Puede ser que su nombre no resulte familiar para la mayoría, pero sus imágenes son un símbolo y han sido replicadas e imitadas en el mundo entero.

Su propia infancia

Anne Geddes
Crecer en AustraliaVivía con una madre emocionalmente alejada y un padre que degradaba a sus hijos. Crecí sin sentido de autoestima, mi infancia no era la ideal, la que imaginaba"

El flamante libro Small World, una edición de lujo de Taschen, repasa las imágenes que Geddes creó a lo largo de sus 30 años de carrera. Es un viaje retrospectivo que da cuenta de su interés por las etapas del desarrollo humano temprano. Como se explica en el prólogo, el interés de Geddes por lo que ella denomina "nueva vida" la inspiró a fotografiar embarazos, a recién nacidos ajenos al mundo que los rodea, a bebés que empiezan a sentarse y a cobrar conciencia de sus dedos, y a niños que dan sus primeros pasos para explorar el entorno y expresarle al mundo la fuerza de sus personalidades. "Reencontrarme con cada una de estas historias, volver a verlas, recordarlas, fue muy emocionante" reconoce. "En este volver a ver me gustó descubrir que siempre intenté capturar el carácter de ese niño."

—¿Cuando mira las imágenes de su propia infancia, con qué se encuentra?

—Hoy puede resultar raro, pero de mi niñez recuerdo solo dos o tres fotos. Eran otros tiempos. Crecí en una época donde nos llevaban una vez al año a un estudio fotográfico. Esas son las fotos que tengo y es muy difícil encontrar la esencia, el sentido de cómo era de niña.

Un rancho de ganado en Queensland, en el norte de Australia, la vio crecer. La naturaleza de aquel eterno campo enriqueció desde pequeña su mirada y fue clave en su futuro profesional. Los años en la granja fueron duros y Geddes los recordó en su autobiografía publicada en 2007, Labor of Love. "Vivía con una madre emocionalmente alejada y un padre que degradaba a sus hijos. Crecí sin sentido de autoestima, mi infancia no era la ideal, la que imaginaba", escribió en una de esas páginas que daban cuenta de cómo la fotografía le dio otro sentido a su vida.

Dejó la escuela y también su casa materna a los 17 años. Estaba dispuesta a seguir con su vida, a reinventarla. En ese camino a recorrer conoció a Kel, un ejecutivo de televisión, con el que se casó tiempo más tarde.

Todo comenzó en Hong Kong, donde se trasladó en 1983 por razones laborales. Fue en esas tierras que Geddes se animó a encuadrar sus imágenes a través de su cámara Pentax K1000 de 35 mm. Luego de tantas pruebas de ensayo y error, comenzó a fotografiar. La cámara se posaba en familias cercanas, esas que se movían en sus entornos. No soñaba con ser fotógrafa solo anhelaba captar instantes, esos que tanto le impactaban y conmovían desde las páginas de las revistas Time y National Geographic. Instantes que, para Geddes, jamás podrían perderse y que tiempo más tarde se convertirían en su motor, en su mantra.

Según las palabras de Holly Stuart Hughes incluidas en el prólogo de Small World, Geddes fue autodidacta y sus esfuerzos estaban sin pulir, pero las fotos poco a poco demostraron que ella tenía un don para capturar las personalidades de los niños.

Como toda buena historia, y como si fuera parte de un guion con final feliz, el 31 de diciembre de 1984 Geddes anunció en voz alta: "Voy a ser la fotógrafa de bebés más conocida en el mundo". El deseo de Nochevieja se cumplió.

Con la cámara en mano e instalada en Sydney con su hija de dos años, comenzó a hacer retratos de bebés y a plasmarlos en tarjetas de Navidad personalizadas. Nada parecía detenerla. Embarazada de su segunda hija, se ofreció como asistente en un estudio de fotografía, adquirió conocimientos de iluminación artificial y amplió todos los sentidos de lo que podría lograr. Totalmente confiada, le dijo a su marido que lo suyo era la fotografía, que había encontrado lo que buscó toda su vida. Kel la ayudó a montar el primer estudio en el garaje de la casa que compartían. Llegó una nueva mudanza, esta vez a Auckland, Nueva Zelanda, donde comenzó a gestarse la "era Geddes".

Los retratos tan íntimos y particulares que realizaba llamaron la atención. Un medio de Nueva Zelanda publicó un artículo sobre sus trabajos por encargo y acompañó la nota con algunas de sus imágenes. Ese fue el primer gran paso.

La pureza que busca retratar es una búsqueda que sostiene con el tiempo y que reafirma al decir con cierto humor "no hay bebés mal intencionados, ¿o sí?".

"Geddes retrata a los bebés y niñitos pequeños como espíritus animados que representan la vitalidad y la energía de la naturaleza, o bien como duendecillos y hadas con poderes mágicos, señala la prologuista de Small World. "Sus bebés se inscriben en una tradición de la historia del arte que se remonta a los angelotes traviesos y descarados del arte renacentista."

Como les ocurre a tantos otros talentos exitosos, Geddes también recibió un rechazo contundente: "No se pueden hacer solo fotos de bebés", le había dicho un editor. Hoy, el recuerdo le roba una sonrisa y asegura que a diferencia de lo que muchos pueden pensar, aquel carpetazo le dio fuerzas para seguir adelante.

El fenómeno Geddes, ese que da muestra de pequeños bebés dormidos en el interior de frutas, de flores y que celebra la belleza del vientre curvo de una mujer embarazada se transformó, para muchos, en el símbolo de la fotografía de la infancia, de la maternidad; para otros, en cambio, profesionales enfocados en temáticas más serias, el trabajo de Anne suele mirarse con cierto prejuicio. "Sé que hay mucho esnobismo en el mundo del arte. ¿Qué artista no quiere ser exitoso?", reconoce y le quita importancia a la vieja discusión que tiene como protagonista el arte popular.

Vivimos invadidos de imágenes brutales que buscan impactar y reflejar el mundo que nos toca vivir. ¿Es posible llamar a la reflexión de otra manera?

Sí, no tengo dudas de que es posible. Una imagen positiva puede reforzar el mensaje de lo que quieras contar. En todas mis fotografías vas a sentir la necesidad de proteger la nueva vida y todo lo que eso significa.

¿Qué es lo que encuentra y le apasiona aún hoy, en cada niño?

La honestidad y el humor. Son seres auténticos, son ellos mismos, no hay falsedad en sus sonrisas. Debemos mirar más seguido hacia abajo, a esa distancia que apenas se separa del suelo, a esos seres que tanto tienen para darnos y que tanto debemos proteger. Todos debemos esforzarnos para hacer un mundo mejor para ellos y mis imágenes hablan de eso, del esfuerzo que debemos hacer. Ellos son el futuro y todos somos responsables.

—Imagino que aún hoy miles de padres deben pedirle consejos de cómo fotografiar a sus hijos.

—(Risas) Lo único que puedo decirles es que la infancia es muy fugaz, que fotografíen a sus niños tan a menudo como puedan y registren esa pureza única, ese símbolo de inicio de la vida misma.

Web oficial de Anne Geddes

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