HISTORIAS

Raúl y una medalla en el Mundial de Básquet a los 83 años

Raúl Ebers Mera tiene 83 años y juega en la Selección Uruguaya de Básquetbol +80, que obtuvo el cuarto lugar en el Mundial de Finlandia. Además tiene una medalla olímpica.

Raúl Ebers Mera
Orgullo y pasión. 

Raúl Ebers Mera tiene 83 años y es jugador de básquetbol. Siempre lo ha sido. Dice que el básquetbol es el deporte más lindo del mundo y que la palabra sacrificio sobra cuando se trata de una pasión. Y lo suyo es un amor que empezó cuando era un niño, que creció cuando jugó para la selección nacional y que se mantiene hasta ahora: Raúl es parte de la Selección Uruguaya de Básquetbol +80 que acaba de obtener el cuarto lugar en el Mundial de Finlandia.

“Yo no entiendo la palabra sacrificio en el deporte. Entiendo sí que hay que tener voluntad de superación, esfuerzo, ganas, pero sacrificio no, no existe, porque lo hacés con un gusto al que no podés decirle sacrificio. Es como tirarlo abajo, ¿sabés?”, dice Raúl.

Esta es la primera vez que existe la categoría +80 en una competencia de Maxibásquetbol que organiza Fimba (Federación Internacional de Maxibásquetbol). En el Mundial participaron cinco equipos en esa categoría: Estados Unidos, Rusia, Brasil, Finlandia y Uruguay.

¿Qué es el Maxibásquetbol?

El Maxibásquetbol fue creado en Buenos Aires, Argentina, en 1969. Durante los años 70 las autoridades argentinas comenzaron con la promoción en otros países como Uruguay, Brasil, Chile, Perú Costa Rica y Guatemala. Poco después, todos ellos crearon sus propias federaciones. El primer Panamericano de Maxibásquetbol se realizó en 1980 en Buenos Aires y en 1991 fue el primer Mundial, también en la capital argentina; en él participaron 32 equipos de ocho países distintos: Uruguay, Estados Unidos, Guatemala, Brasil, Rusia, Estonia, Finlandia y Argentina.

En el Mundial de Finlandia fueron 45 los países que participaron con equipos que iban desde la categoría +35 (+30 en el caso de las mujeres) hasta +80 (+60 para ellas). En la categoría +80 los ganadores fueron Estados Unidos, Rusia, Brasil y Uruguay, respectivamente.

“Mundiales ha habido un montón de otras categorías, pero nunca de +80. Porque ¿qué pasó? En mi caso empecé a jugar hace años en la categoría +35 en esos primeros mundiales que éramos muy poquitos equipos. Después crecimos e inauguramos la categoría +40, seguimos y como crecimos pasó lo mismo, pasamos a los +45 y se iba agregando gente a las anteriores. Así sucesivamente. Al cabo de todo este tiempo, llegó un momento que éramos unos cuantos que teníamos más de 80 años, Y bueno, decidimos ver si sobrevivíamos al entrenamiento e inauguramos la categoría. Arrancamos con mucho ánimo y entre todos los equipos abrimos una brecha en el mundo de que con más de 80 años se puede jugar al básquetbol”.

A los 80, el básquetbol no es solo básquetbol ni solo pasión por un deporte. A los 80, es tener un grupo de amigos que son los de siempre pero también los que se han sumado. Es saber que están allí siempre pendientes, para apoyar, para sostener, para charlar, para prender la parrilla que tiene el gimnasio de la Unión de Veteranos de Básquetbol, para encontrarse y también, claro, para jugar. “En la vida hay también ratos infelices que le pueden pasar a cualquiera del grupo, y el grupo respalda esos momentos siempre y ves que estamos todos pendientes de atenuar todo lo posible cualquier cosa que se desvíe de lo que es nuestra felicidad. Es así, esa es la idea de estos veteranos locos”.

Pero para Raúl, el básquetbol es su vida entera. Es su familia, es acompañar a su nieto, Federico Soto —que juega profesionalmente, en la actualidad en Miramar Misiones— a cada partido. Es su infancia, su adolescencia y su adultez, es transmitir que si se quiere se puede; es, también, el recuerdo de la bandera uruguaya elevándose lenta mientras sonaba “Orientales la patria o la tumba / Libertad o con gloria morir”. Era 1956 y la Selección Uruguaya de Básquetbol había ganado la medalla de Bronce en los Juegos Olímpicos de Melbourne. Y a Raúl, que tenía 20 años y era jugador de esa selección, se le llenaron los ojos de lágrimas.

Para ganar. 

Raúl estuvo en la Selección Uruguaya de Básquetbol desde los 16 hasta los 27 años. En ese tiempo salió campeón sudamericano dos veces (1953 y 1955) y ganó la medalla de Bronce en los Juegos Olímpicos de Melbourne en 1956.

“Tuvo una virtud muy grande el básquetbol mío, no porque lo haya elegido, sino porque pasó así, y es que siempre fue amateur. Entonces yo lo jugué con mucha intensidad, empecé en el seleccionado con 16 años y dejé de jugar porque tenía que trabajar. Entonces para mí, no fue trabajo nunca. Y creo que ahora tengo ganas de hacerlo por ese motivo: ahora tampoco es trabajo. Es como una liberación haberlo hecho siempre solo por haber tenido ganas de jugar”.

Él y sus compañeros de la selección +80 —Daniel Dupuy, Edgar Salvo, Raúl Arnelli, Walter Bauzá, Raúl Chavarría, Alberto Feltrini, José Moreira, Jaun Carlos Molins, Hugo Cattivelli, Miguel Ángel Silveira y Eduardo Folco— se juntan todos los lunes, miércoles y viernes del año a jugar al básquetbol en el gimnasio de la Unión de Veteranos. Cuando se acerca un campeonato, un entrenador físico los prepara para que lleguen lo mejor posible. Para ir a Finlandia entrenaron durante dos meses y, dice Raúl, llegaron muy bien.

En Maxibásquetbol las reglas son como las del básquetbol convencional, incluso la duración de cada tiempo. Lo único que cambia, cuenta Raúl, “es que es más tolerante en los 24 segundos, que se empiezan a contar una vez que pasaste la mitad de la cancha, o sea que no hay ocho segundos para ir al ataque”.

En Finlandia estuvieron durante 14 días y Raúl se quedó sorprendido de lo bien que funciona Helsinki. Tomó trenes que lo llevaron a conocer la ciudad, recorrió el centro y visitó el puerto y siempre se encontró con jugadores de otras selecciones y de otras categorías. En total participaron 45 países con deportistas hombres desde los 35 años y mujeres desde los 30. “Algo maravilloso pasó en Finlandia: cuando te encontrabas con otra gente ahí en el campeonato te preguntaban qué categoría eras, de qué país, lo normal en una situación así. Entonces cuando yo decía que era +80 los mismos participantes querían sacarse fotos conmigo y me decían ‘Pensar que tengo 10, 20, 30 años más para jugar’. Como que uno le daba expectativa deportiva. Sin proponérselo, por supuesto”.

El primer partido que les tocó jugar en el mundial fue contra Rusia, exactamente al otro día de haber llegado a Helsinki. “Perdimos por seis puntos, fue un partido muy competitivo, pero ahí también se paga un poco el derecho a la distancia. Los rusos están al lado, nosotros íbamos desde acá y llegamos a jugar ese partido después de más de 20 horas de viaje”. El siguiente fue contra Estados Unidos y perdieron. “Ellos tienen un equipo más fogueado. Después jugamos contra Finlandia, que le ganamos muy bien. Y después contra Brasil con los que perdimos por un punto”.

Selección uruguaya básquetbol +80
El deporte en la tecera edad. 

Ahora Raúl se siente una persona distinta de la que recibió una medalla en el 56 mientras pensaba en la felicidad que le iba a dar a su familia y amigos cuando regresara a Uruguay. En ese momento, ni ellos en Australia, ni nadie en Uruguay creía que la selección pudiera volver a repetir la medalla que había obtenido cuatro años antes en Helsinki.

Raúl ya no juega por las medallas pero hay algo que se mantiene: las ganas de ganar. “Ahora esperamos jugar otra vez contra Brasil, entonces ya quedamos todos en que para el próximo Panamericano le tenemos que ganar. Eso es lo bueno del deporte: no siempre ganás, no siempre perdés, pero siempre luchás. Esa es la esencia del deporte, y dentro de esa lucha uno piensa que siempre hay revancha”.

La necesidad de jugar y divertirse

“La Unión de Veteranos de Basketball del Uruguay (institución sin fines de lucro fundada en 1979) surgió como respuesta a la necesidad de crear un espacio donde los ex jugadores de básquetbol pudieran seguir desarrollando y compartiendo su pasión por este deporte”, dice en su página oficial. Hoy tienen un gimnasio propio al que puede ir cualquier persona (hombres mayores de 35 años y mujeres mayores de 30) que tenga ganas de jugar al básquetbol. “No hace falta saber jugar. Es para divertirse”, dice Raúl.

Una medalla que no se olvida

La medalla de bronce de los Juegos Olímpicos de 1956 es un recuerdo que Raúl tiene nítido. “Clasificamos bien en la serie, con un partido perdido contra Francia a quien después volvimos a enfrentar por el bronce y le ganamos. En una Olimpíada estás siempre recorriendo pruebas y veías que la mayor parte de las banderas que subían eran la de Estados Unidos y Rusia. Ver que de repente aparece la de Uruguay fue muy conmovedor, y más a la distancia. Sabíamos que íbamos a darle una alegría grande a los uruguayos cuando lo supieran”.


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