el personaje I Natalia Trenchi

"La psiquiatría todavía está muy asociada a la locura"

Fue una niña tímida con una vocación clara: la psiquiatría. Hoy, se define como un ser poco sociable, muy tecnológico y con infinita paciencia, sobre todo dentro del consultorio.

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"Hay más chicos con problemas y también se atienden más", dice la psiquiatra infantil.

DANIELA BLUTH

El espacio de trabajo dice mucho de una persona. En el de Natalia Trenchi, las paredes están tapizadas de dibujos coloridos con mariposas, arcoiris, soles, niños, gatos y algún que otro escudo de fútbol. De todos ellos, la psiquiatra infantil destaca uno, de los más recientes, que muestra una señora rubia y con lentes, hecho en su honor. "¡Decime si no estoy igual!". Varias bibliotecas guardan decenas de libros, infantiles y académicos. En cada estante hay un juguete, desde puzzles hasta livings de Playmobil. En un rincón, contra el ventanal que desde la altura contempla la calle Libertad, están las estrellas del lugar, un par de ratones jerbos que ofician de infalibles rompehielos con los niños. "Nadie se siente intimidado con alguien que tiene de mascota dos ratones, ¿no?". Desde su casa de vidrio, con tobogán, rueda y varias estaciones recreativas, la dupla espera ansiosa las primeras semillas de girasol del día.

Trenchi ofrece café o agua. Ella elige el mate, la infusión que la acompaña en las jornadas de consultorio. Es lunes 12 de octubre, un feriado laborable que hace que el ritmo de la consulta se suavice. De lo contrario, encontrar una hora libre en su agenda hubiera resultado una tarea titánica. Es que Trenchi (64) no es una psiquiatra infantil cualquiera. Cuando se recibió, en 1985, fue la primera en su área de orientación cognitivo-conductual. Y un lustro más tarde, también fue pionera en hablar de salud mental en televisión. Además, tiene cinco libros publicados, es columnista y este año inauguró portal propio y la "escuela de padres", una iniciativa con charlas mensuales sobre los temas más variados y con entrada libre.

—Dedicarse a la psiquiatría y cultivar un perfil mediático le debe haber valido elogios y críticas. ¿Cómo los vive?

—Los elogios y agradecimientos me llenan el corazón de maripositas. ¿Las críticas? No me llegan muchas, vivimos en un país donde la gente es muy discreta para criticarte. Yo podría perfectamente quedarme tranquila, pero me gusta pelearla, hacer cosas, sacudir gente... Me encanta salir de la zona de confort. Lo que no me gustaría es que la gente piense que soy soberbia. ¡Detesto la soberbia! Siempre me preocupo mucho por decir miren que yo también cometí miles de errores, no he sido la madre perfecta ni creo que todos necesiten padres y madres perfectos. No me gusta que la gente crea que tengo la solución para todo, eso es una complicación. Capaz que yo estoy más expuesta a que la gente se desilusione, porque me idealizan demasiado. Escuché gente decir: "Ni Natalia Trenchi pudo con Fulano". Es horrible, ese es un lugar en el que no quiero estar, no me gusta y es de lo pocos efectos secundarios negativos que veo.

Niños.

De su infancia, Trenchi recuerda la timidez y la incomodidad. Acostumbrada a las sesiones de terapia, cierra los ojos y hace memoria. "Me peinaban con el pelo muy tirante, usaba vestidos almidonados, zapatos de charol y siempre tengo la sensación de que yo era como una muñequita que tenía que decorar el entorno", explica. Hoy, cuando ve a las niñas usar championes y equipo deportivo piensa que esa es la verdadera liberación femenina.

Habitante de Carrasco, el destino y la coyuntura obraron para que sus padres no la mandaran al colegio de monjas al que habían ido todas sus primas. En su lugar, estudió en el Instituto Crandon. "Eso me salvó, a pesar de lo cual lloré sin parar toda la jardinera y los primeros años de escuela". El problema no eran las maestras ni los compañeros, sino el comedor. "Pasé de comer en mi casa que era un restaurante a la carta a comer en el colegio, donde nos obligaban a tomar leche cruda y no me dejaban levantar hasta que terminara todo. Y al final comía, a un precio emocional tremendo". Ese cuento es otro de los infalibles en su consulta; funciona con grandes y chicos.

Con los años —y el modelo de su hermano mayor y su tío favorito, ambos médicos— la vocación apareció bastante clara. Se anotó en la Facultad de Medicina con la idea de especializarse en psiquiatría. El gusto por los niños la sorprendió en uno de los últimos semestres. "Quedé fascinada con el fenómeno del niño, me enamoró... Pero entré en una crisis existencial hasta que me enteré que existía la psiquiatría infantil. Y ahí se produjo el clic".

Mientras daba los primeros pasos en su consultorio, fue médica certificadora del Ministerio de Industria por 13 años, un trabajo que "detestaba" pero le daba "estabilidad", sobre todo económica. Fueron tiempos de mucho estudio y trabajo, pero también de consolidación familiar. Por aquella época nacieron, de su primer matrimonio, sus hijos Matías, Agustín y Camilo Ferrando Trenchi, hoy dedicados a la comunicación. "Debo confesar que me hubiera gustado que alguno hiciera algo de medicina. Igual me encanta lo que hacen, los tres son flor de tipos y trabajadores. Aprendo de ellos y ellos de mí".

En su carrera, no seguir la corriente psicoanalítica le valió más de una mirada de reprobación. "Terminé la facultad en un momento histórico muy cerrado. Si no eras psicoanalista algo raro te pasaba. Después, con el fin de la dictadura, llegó la apertura mental y la gente fue aceptando cosas nuevas". Hoy, la gente consulta "mucho más" y "sin miedo", pero la figura del psiquiatra —sea de la corriente que sea—, "todavía genera cierto escozor", opina. "A las maestras y a los pediatras, si tienen que derivar a un niño, les resulta más fácil decir ¿por qué no van a ver a un psicólogo?. Y los padres lo toleran mejor. La psiquiatría está muy asociada a la locura, que es lo que vemos menos, por suerte".

—¿Se considera anti psicoanálisis?

—Me casé con un psicoanalista (Miguel Ángel Cherro), así que tan anti no soy— dice y se ríe—. Pero no compro para nada una cantidad de cosas del psicoanálisis antiguo que mantiene alguna gente de Montevideo y Buenos Aires, como el complejo de Edipo, algo que en el mundo ya nadie cree que exista. Yo hablo con psicoanalistas de Europa o Estados Unidos y nos entendemos maravillosamente, pero acá ha quedado un núcleo medio anquilosado.

Medios.

Pese a su timidez, Trenchi nunca dudó en aceptar la propuesta para salir en la televisión. El estreno fue en la revista matinal En buena hora, por Canal 4, con una columna semanal, esquema que mantiene hasta hoy, ahora en Tu bebé, de Canal 10. "Hablar por televisión no me mueve un pelo. Dar una conferencia frente a mil personas no me pone nada nerviosa. Y de repente, si me invitás a una reunión eso me cuesta", cuenta. Y se explaya: "No soy muy sociable, toda esa charla de casamiento… pahhh… me aburre intensamente. Soy capaz de sacar el celular y ponerme a leer los mails. Así que todos los que me invitan a casamientos o fiestas, tómenselo como un verdadero homenaje".

Fue en la televisión donde nació su "cara más mediática", que después continuó con participaciones en radios, colegios, libros y blogs. Allí, lejos y cerca de la clínica, Trenchi promueve las buenas prácticas de crianza y de salud mental. Y su consultorio, en el que atiende cuatro días a la semana, está siempre a tope.

—¿Qué hace que se llene la consulta?

—Siempre existieron muchas cosas que no eran atendidas. Yo debí haber sido atendida cuando chica, no lo fui y me las arreglé. Hoy hay más chicos con problemas y se atienden más. Criar hijos es mucho más difícil que antes. Han aumentado muchísimo los factores de riesgo, porque la vida de los niños y sus padres es muy estresante, se han perdido los factores de protección y los niños están bombardeados con una cantidad de cosas que les quitan bienestar. No se les respetan las horas de sueño, de juego libre, de vida en familia... Y todo eso tiene un precio.

Madre "severa" con "algunas cosas" y abuela de seis ya universitarios por parte de su esposo, en su tarea Trenchi dice tener "infinita paciencia". No pasa un día sin que se le "caiga la mandíbula" de asombro por algo, sea de boca de los pequeños o de sus padres. "Los niños son una fuente inagotable de cosas fantásticas. Ahora, si voy a un restaurante prefiero que no haya niños. Si estoy de vacaciones, prefiero estar en la hamaca paraguaya leyendo sin niños alrededor. ¡Tampoco soy fundamentalista!".

Achicar las diferencias.

En las coincidencias y las discrepancias, Natalia Trenchi (64) y Miguel Ángel Cherro (82), ambos psiquiatras de niños, llevan juntos más de 25 años. Comparten casa y consultorio, pero no han trabajado mucho juntos. El año pasado ocurrió una de esas excepciones, cuando presentaron un proyecto a dúo en un congreso en Edimburgo (Escocia) y fueron premiados. Se trata de un programa de prevención de la violencia a través de la promoción de la empatía, que hoy llevan adelante en dos escuelas (una pública y otra privada) de Ciudad Vieja. "Es un plan que se hace con las maestras, sin necesidad de contratar gente, por eso es muy barato. Ahora vamos a medir su eficacia, pero ya nos está resultando súper enriquecedor. Estamos aprendiendo pila de la realidad escolar. Cada semana salgo admirando a las maestras, que tienen que lidiar con grupos de niños muchas horas al día", cuenta la psiquiatra. En el plano personal, dice ella, los 18 años de diferencia entre ambos no se notan. "Nunca fue una complicación. Nunca la sentí y no la siento ahora. Cuando viajamos, yo me canso antes", dice entre risas. "En edad cronológica él es 18 años mayor, pero en espíritu y fuerza es mucho más joven que yo".

SUS COSAS.

El crochet.

Natalia Trenchi no mira televisión ni habla por teléfono. "Creo que ahí ahorro un montón de tiempo", dice al contar que uno de sus pasatiempos es tejer crochet. Es experta en hacer "amigurumis", muñecos japoneses para regalar como talismán. Su más reciente aprendizaje: tejer flores gracias a un tutorial de You Tube.

La lectura.

Leer un buen libro es una de sus actividades preferidas. Su último "descubrimiento" fue Alice Munro, Premio Nobel de Literatura en 2013. "No la conocía y me voló la cabeza. Pum pum pum, me leí todos los libros que pude conseguir. Y ahora voy a ver si hago lo mismo con la autora bielorrusa que tampoco conozco y ganó este año".

La tecnología.

"¡Soy sumamente tecnológica! Me encanta, me meto, sé cosas, entiendo… uso Mac desde cuando nadie usaba acá. Si no me gustara hacer tantas otras cosas me pasaría todo el tiempo frente a una pantalla, lo que está muy mal, pero lo haría", dice a las risas la feliz propietaria de tres computadoras, un iPad y un iPhone 6.

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