TECNOLOGÍA

Los pros y contras de seguir en Facebook 

El escándalo que involucra a Facebook a raíz del affaire Cambridge Analytica hizo que muchos se preguntaran si no hay que abandonar la red social que tiene más de 2.000 millones de usuarios en todo el mundo.

Facebook

Llegó la hora, me decidí. Luego de leer decenas de artículos sobre cómo Facebook les da mis datos a empresas y consultoras políticas y opinión pública para que estas elaboren perfiles de mi personalidad, voy a eliminar definitivamente mi perfil. Me voy a despedir de todos los contactos que generé en ocho años, de todas las fotos que compartí, de todos los links hacia artículos e informes que me permitieron tener una visión un poco más amplia del mundo en el que vivo, de todos los chats que me abrieron a nuevas amistades (y descartar otras) y hasta relaciones románticas.

Ya hice una copia de toda la información que alguna vez compartí, que es mucha. Solo falta el "click" en el botón. Pero hace rato que soy incapaz de cerrar casi una década de información expuesta a la vista de (casi) todos. ¿Cómo voy a contactar a mis parientes y amigos en el extranjero? ¿Cómo voy a enterarme de lo que hacen en su día a día? Todo bien con Twitter e Instagram, pero ninguna de esas redes son particularmente aptas para poder echar un vistazo a la vida de los demás. Facebook es como abrir las puertas y las ventanas de tu casa para que todos, no solo tu entorno más cercano, pueda ver qué hacés con lo que John Le-nnon llamó "eso que ocurre mientras haces planes".

Me estoy dejando llevar. No lo medité. Decido hacer una lista con argumentos a favor y en contra de seguir siendo un súbdito en el reino de Mark Zuckerberg.

A favor.

Los argumentos para permanecer en Facebook tienen que ver con la identidad, la memoria y el sentido de pertenencia:

Amistades. Ahí tengo a familiares y amigos que no veo muy seguido, con quienes puedo mantener un vínculo, (aunque sea laxo) a través de los ocasionales "Me gusta" en sus posteos, saludos de cumpleaños o fotos que subo para que vean en qué ando. Lo mismo ocurre a la inversa: un conocido que se recibió, una distante amiga que fue madre por primera vez, un lejano familiar que finalmente pudo hacer el viaje que durante tantos años anheló. De todo eso me he enterado a través de Facebook.

Memoria. Luego de ocho años, recorrer mi propio muro es también ver en qué anduve durante ese tiempo, qué canciones y discos me gustaron, qué películas vi pero ya había olvidado, a qué hechos históricos reaccioné, las muertes de ídolos que me impactaron, qué ropa no me volvería a poner, con quién estuve saliendo... Cosas insustanciales pero que configuran parte de la vida.

Profesión. Más allá de posverdades y noticias truchas, para un periodista la red es una gran facilitadora. Se pueden contactar fuentes, indagar sobre posibles vínculos personales de los consultados para un informe, además de que la sección "Eventos" puede llegar a ser una buena cartelera de lo que está ocurriendo en el entorno, tanto a nivel cultural como social.Acceso. Muchos caímos en la trampa de acceder a sitios y aplicaciones usando nuestro perfil de Facebook. Ese perfil a menudo funciona como una cédula de identidad que nos permite entrar a muchos lugares de Internet. Sin ella, hay que volver a llenar muchos formularios.

En contra.

Si abandonara Facebook, sería principalmente por estas razones:

Espionaje. Cuando se ve el alcance de la información que uno mismo le ha dado a Facebook, y que la empresa comercializa sin escrúpulos, la sensación de incredulidad y culpa es proporcional a la cantidad de bytes que ocupan todas esas fotos, videos y comentarios que se han ido dejando por ahí, exponiendo ante todos preferencias y rechazos políticos, filosóficos y estéticos. "¿Cómo pude ser tan estúpido?", pienso. Y no es reconfortante saber todos estamos en el mismo barco. El pudor, entiendo ahora, no es solo algo arcaico. Es también una manera de salvaguardar algo personal e íntimo ante la avalancha del Big Data, que nos está dejando desnudos a todos los que no somos ingenieros de sistema o hackers. Facebook es, además, una excelente puerta de entrada para que los servicios de inteligencia estatales o privados sepan lo medular de nuestras opiniones y actividades. Si Facebook hubiese existido durante la década de 1970, tal vez la dictadura uruguaya hubiera seguido mucho más tiempo en el poder.

Publicidad. Es tan invasiva que la navegación se hace engorrosa y cada vez es más aburrida. Uno se arrepiente no ya de haber comprado un par de auriculares, sino de apenas haber scrolleado entre ofertas de una cadena de supermercados o ropa.

Efecto burbuja/Indignación. El libro de Eli Parisier El filtro burbuja (comentado en Domingo en octubre del año pasado) realiza una pertinente crítica a la tendencia de acceder únicamente a información que reconforta a nuestras opiniones y reafirma nuestros juicios. Exponerse a puntos de vista distintos y a veces opuestos a los propios ayuda a entender que el mundo abarca bastante más que la zona más cercana al ombligo. Pero tal vez eso no lo sea lo más complicado de informarse principalmente a través de Facebook. La plataforma parece ideal para estimular comentarios que constituyen de forma frecuente una hedionda letrina de ideas y nociones abyectas. Irme de Facebook me ahorraría la exposición a tanta indignación disparatada y susceptibilidad exacerbada.

Entonces, como se preguntaba la banda Clash, en los 80: "¿Debería quedarme o irme?" Por ahora, seguiré en una "comunidad" que le entrega todos mis datos a cualquiera, y en la cual he expuesto aspectos de mi vida que, sabiendo lo que sé hoy, no hubiese compartido. Pero eso no quiere decir que no vaya a tomar medidas para restringir todo lo posible la cantidad de información que comparta, en particular tratando de desvincularme de todas aquellas aplicaciones que fueron inventadas para atiborrar todos los discos duros de avisos, ofertas y promociones.

Facebook, además, es para muchos sinónimo de Internet. Somos tantos los que ya estamos ahí que irse es casi como mudarse a una cueva en lo más alto de la colina, como un ermitaño que se rinde ante las complejidades del mundo. Ahora que sabemos que estamos desnudos, es cuestión de empezar a vestirnos. O, tal vez, organizarnos para desnudar a quienes nos espían.

¿Cómo proteger los datos si me quedo?

Se pueden tomar algunas medidas básicas para proteger al menos un poco de nuestros datos. El experto en seguridad informática Eduardo Carozo dice que hay que hacerse cargo de lo que uno publica y comparte. "Entiendo que haya gente que se siente engañada. Pero estas cosas son complejas y hay que ir aprendiendo a vivir con ellas. Y en el futuro va a ser peor. Porque hasta ahora se están entregando voluntariamente los datos. En el futuro cuando se instale definitivamente la Internet de las cosas, ni siquiera va a ser voluntario". ¿Qué hacer, entonces?

- Buscar tutoriales en Internet para aprender a gestionar los filtros que determinan quién puede ver las publicaciones, tanto individuos como empresas.

- Cuanto menos aplicaciones comerciales estén asociadas al perfil personal, mejor. Fue a través de eso que Cambridge Analytica fue capaz de cosechar tanta información personal.

No responder encuestas ni entrar en juegos de preguntas y respuestas, por más triviales que parezcan. "A través de preguntas secundarias es posible obtener mucha información personal y sensible", dice Carozo. "Te preguntan cuáles huevos de pascua te gustan más y sacan qué orientación religiosa tenés, por ejemplo".

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