COMPORTAMIENTO 

Ser productivo: ¿por qué cada vez "se nos exige" más?

Vivimos en un tiempo en el que el “hacer” es lo que predomina en la vida cotidiana. ¿Cómo se hace para frenar?

Chica durmiendo sobre una mesa
Chica durmiendo sobre una mesa. Foto: Canva

El norteamericano Robert Pozen es conocido en el mundo financiero por ser algo así como el “gurú de la productividad”. Es profesor del Instituto de Tecnología de Massachusetts y fue presidente de uno de los mayores fondos inversores del mundo, además de presidir el Comité Consultivo sobre Informes Financieros de la Comisión de Bolsa y Valores​de Estados Unidos. Como si eso fuera poco, escribió un libro, Productividad extrema. Potencia tus resultados y reduce horas de trabajo (2013), que se transformó en una especie de manual sobre ese paradigma que parece ser el que rige en la época actual: el de ser productivo, el que dice que cuanto más hagas es mejor, el que dice que hay que hacer rápido, que hay que optimizar el tiempo.

En una entrevista con BBC, Pozen dijo que se especializó en productividad porque no le quedó otra. “Vengo de una familia de bajos ingresos. Cuando estaba en la escuela secundaria tenía dos trabajos, practicaba deportes y hacía las cosas que hacen todos los jóvenes a esa edad, como divertirse, ir a fiestas (...) Aprendí a ser productivo porque tenía que conseguir suficiente dinero para financiar mi educación”.

En su libro, entonces, da una serie de consejos que funcionan como una receta: si se siguen los pasos al pie de la letra, los resultados de nuestro trabajo deberían mejorar y deberíamos poder optimizar el tiempo.

Las claves, según Robert Pozen

En su libro Productividad extrema, Robert Pozen da algunos consejos para aprovechar al máximo el tiempo sin que eso implique una sobrecarga. Aquí algunos:

1) Elaborar un ranking de objetivos y priorizar el tiempo: crear un ranking de objetivos para la semana y otro para el año.

2) Medir los resultados, no las horas trabajadas: no mirar la cantidad de horas trabajadas, porque eso no quiere decir que se ha sido más productivo.

3) No prestar atención a las pequeñas cosas: hay demasiadas cosas que nos sobrepasan y no son importantes.

4) Dejar tiempo, una vez al día, para pensar.

5) Irse a casa: en muy pocas ocasiones hay una razón suficiente para quedarse en el trabajo y no llegar a casa a la hora de cenar.

Si se hace una búsqueda sencilla del término productividad en Google, aparecen muchas notas y artículos relacionados a cómo incrementarla: “Los seis hábitos de las personas más productivas que te facilitarán la vida”, “Para ser más productivo, olvida la multitarea”, “Estás bebiendo mal el café, aumenta la productividad en base a estos trucos”, “¿Cómo aumentar la productividad en home office?”, “Productividad y estrés laboral: ¿cuál es el secreto?”, “¿Notas que has reducido tu productividad? Siete consejos”. Y sigue.

¿Por qué importa tanto la productividad y cómo nos afecta, en el ámbito laboral y en la vida privada?

En una definición sencilla y básica la productividad, a nivel laboral, es el volumen de producción por unidad laboral durante un período estimado. Es decir: es la capacidad de trabajo en un determinado marco temporal. La productividad será mayor, claro, cuanto más produzcamos en menos tiempo.

La sociedad del cansancio 

El filósofo surcoreano Byung-Chul Han ha escrito, a lo largo de diferentes libros -La sociedad del cansancio, Psicopolítica, La expulsión de lo distinto-, analizando a la sociedad actual. Sobre la autoexigencia ha dicho cosas como esta: “Ahora uno se explota a sí mismo figurándose que se está realizando; es la pérfida lógica del neoliberalismo que culmina en el síndrome del trabajador quemado (...) Es la alienación de uno mismo, que en lo físico se traduce en anorexias o en sobreingestas de comida o de productos de consumo u ocio”. 

En el libro Educar sin culpa: optimismo y entusiasmo para padres y docentes (2013), Alejandro De Barbieri, psicólogo, escribe, más o menos, esto: si solo somos lo que hacemos, qué pobres somos, porque el verdadero ser se revela cuando no preciso hacer para ser.

Al respecto, el especialista dice: “Sin dudas la sociedad actual nos prepara para ser productivos. Eso por un lado está bien, tener dones, ponerlos al servicio de los demás, el tema es cuando uno queda atrapado en eso, cuando solo soy lo que hago”. ¿Estamos en una sociedad en la que cada vez más nos definimos por el hacer?

No tener tiempo libre

Levantarse temprano, mirar Instagram, desayunar, chequear el mail y los grupos de WhatsApp, hacer ejercicio, bañarse, llevar, si se tiene, a los niños al colegio, ir al trabajo, mirar Instagram en el viaje, trabajar, trabajar, trabajar, buscar a los niños, entrar a un Zoom de una capacitación o una reunión, cocinar, limpiar, alimentar al perro, cenar, darse cuenta de que ya es la noche tarde, bañarse de nuevo, acostarse, mirar Instagram hasta que los ojos pesen, a veces leer el libro de la mesa de luz, dormirse. Al otro día lo mismo. Y al otro. Y al otro. Y al otro. Y así todo: sin parar, sin tiempo libre, sin horas en blanco.

“Vivimos en una época en la que el sujeto debe ser productivo en todo aspecto: debe ser feliz, debe cuidarse, cuidar su físico, hacer muchas cosas. Esa cosa desmedida de este tiempo de cierto capitalismo exacerbado lo que genera muchas veces es la contracara: la improductividad a nivel psíquico, la depresión, las cuestiones impulsivas que se ven en la clínica y que tienen que ver con esta necesidad de estar todo el tiempo productivos, en la no hay tiempo para perder”, explica Jorge Bafico, psicoanalista y escritor. Eso, dice, es un problema.

Estamos en el momento de la autoexigencia. De pedirnos, a nosotros mismos, que hagamos más, que nos formemos más, que podemos más. Vivimos, sostiene De Barbieri, en una sociedad que nos hace creer que todo es posible. Incluso producir la felicidad, crearla, publicarla en Instagram, comentarla en Twitter.

“Hoy, en esta época donde hay una caída de ciertas ideologías, del ideal, lo que aparece no es la libertad, sino una tiranía del sujeto con sí mismo”, explica Bafico. “Hay muchos psicólogos que están en esta corriente con la que yo no estoy de acuerdo, en la que obligan a las personas a ser felices. Y la felicidad pasa por muchos lados, no puedo obligar a las personas a ser felices todo el tiempo, ni a estar agradeciendo todo el tiempo a la vida, porque en el fondo hay cierta cuestión de dictadura de la felicidad que lo que provoca es lo contrario: que el sujeto no pueda acceder a ese ideal loco de la felicidad permanente y el agradecimiento eterno a la vida y se producen cosas como la angustia y la depresión”.

Deshumanización 

¿Cómo se hace para seguir siendo productivo, a nivel laboral, después de dos años en los que el estrés y la incertidumbre quedaron acumulados?

Según De Barbieri, hay algunas cuestiones básicas que hay que establecer, sobre todo si uno trabaja para alguien más. “Uno puede tener un jefe pero tiene que tener el liderazgo de uno mismo, de su vida. Tiene que poder decir: mirá, lo que puedo hacer es esto o es lo otro, pero con todo no puedo. Es importante la autoestima del trabajador para hacerse valer”.

Es que, explica, la exigencia de productividad constante termina no solo por agotar al trabajador, sino por deshumanizar el trabajo. “A mí no me gusta hablar del departamento de recursos humanos, porque si es un humano no es recurso o en todo caso es alguien que tiene muchos recursos para hacer lo que hacen. La exigencia de una productividad constante lleva a eso, a deshumanizar el trabajo. Por algo en empresas como Google ponen juegos, lugares para descansar, porque se entendió que es necesaria la dispersión, incluso uno tiende a ser más creativo cuando no está sentado en una oficina, se le ocurren mejores ideas cuando está caminando o descansando”.

No hay recetas. Salvo las de siempre: saber poner un freno y decir que no, dejarse un espacio para la pausa y para la dispersión, comer sano, hacer ejercicio, descansar.

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