Prevenir para respirar

| En niños, las infecciones agudas en los bronquios son la causa más frecuente de consultas y ausentismo escolar; hay señales de alarma para tomar medidas.

DR. PABLO PERA PIROTTO

Y a empezaron los primeros días fríos y, como todos los años, también comienza la época en la que se producen la mayor parte de los problemas respiratorios. Estas enfermedades se ven con más frecuencia en las personas que están en los extremos de la vida, siendo los ancianos y los niños los más afectados. Basta recorrer las emergencias de los hospitales y mutualistas durante los meses de otoño e invierno para constatar la gran frecuencia de patologías respiratorias, que pueden llevar muchas veces a complicaciones graves.

En el caso de los niños, las infecciones respiratorias agudas (IRA) son la causa más frecuente de consulta y de ausentismo escolar. Se dividen en altas y bajas, dependiendo del sector de las vías respiratorias que esté afectado. Dentro de las altas están, por ejemplo, las otitis medias agudas, sinusitis, resfríos comunes, faringoamigdalitis y laringitis.

Las bajas en general son cuadros que implican mayor gravedad, destacándose las neumonías y bronqueolitis.

SEÑALES. Desde hace años, la Sociedad Uruguaya de Pediatría determinó con precisión ciertos síntomas y signos que hay que aprender a detectar en niños, ya que indican gravedad y por lo tanto que se debe consultar en forma urgente en un centro de salud.

Por ejemplo, en todo chico mayor de 2 meses y hasta los 4 años de edad, con tos o dificultad para respirar, hay que tener en cuenta ciertos signos que son considerados de peligro. Estas señales de alarma son: que no pueda beber, que se presente anormalmente somnoliento o que sea difícil de despertar, que realice un notorio sonido al respirar llamado "estridor", lo que es reflejo de la obstrucción de su vía aérea, o que presente algún episodio de convulsiones.

Basta con que se constate alguno, para que el niño deba ser referido a un centro hospitalario para su tratamiento, ya que se considera que es portador de una enfermedad considerada muy grave, como por ejemplo, una neumonía bacteriana o un episodio de bronqueolitis, enfermedad de causa habitualmente viral.

También hay que observar si estando quieto respira con mayor rapidez que lo normal, recordando que hasta 50 veces por minuto es natural hasta el año de edad y 40 es el límite superior en niños mayores.

Si se produce un hundimiento entre las costillas al inspirar, lo que se conoce como "tiraje", significa que el pequeño está realizando un esfuerzo mayor del habitual para lograr que el aire entre en sus pulmones, lo que es reflejo de una obstrucción respiratoria. También es conveniente tomar la temperatura para determinar si tiene o no fiebre.

En el caso de los lactantes pequeños (menores de 2 meses) si bien comparten muchos de estos signos de peligro, poseen características especiales a considerar, ya que pueden enfermarse gravemente con mucha mayor rapidez.

En bebes pequeños es importante tener en cuenta signos más sutiles como si dejan de alimentarse bien o toman pecho en forma más lenta que de costumbre. Tan importante como la fiebre es que tengan temperaturas más bajas de lo normal, así como que se escuche un sonido agudo al respirar (sibilancias), o que respiren de forma acelerada (más de 60 veces por minuto).

MEDIDAS. Como sucede con todas las enfermedades que se repiten año a año, de tipo infeccioso, también en el caso de las infecciones respiratorias agudas de los niños lo mejor es intentar prevenirlas.

Por ejemplo, es aconsejable evitar el contacto sobre todo de los lactantes con personas que estén cursando infecciones respiratorias, por leves que éstas sean, como por ejemplo un simple resfrío, ya que pueden ser portadores de un virus que le ocasione al bebé una enfermedad importante que afecte su vía aérea.

No debe olvidarse realizar un lavado de manos estricto antes de tomar contacto con un bebe pequeño, exigiendo esta medida a todo aquel que quiera tocarlo o tomarlo en brazos.

El ambiente en el que se encuentren los chicos debe estar libre de humo de tabaco, y tanto en el hogar como en los jardines de infantes es conveniente no utilizar desodorantes de ambiente.

Nunca está demás recordar que la lactancia materna es la protección ideal, ya que por esta vía, tan natural como económica, la madre le transmite a su hijo todas las defensas que su sistema inmunitario necesita para protegerlo del ataque de virus y bacterias.

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