DEPORTES

Prehistoria de un estadio

La inauguración del Campeón del Siglo el próximo domingo representa la culminación de una larga búsqueda de Peñarol por varios puntos de Montevideo y Canelones.

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El estadio Campeón del Siglo, listo para su inauguración (Foto: Marcelo Bonjour)

El 19 de abril, un estadio de Peñarol cumplirá 100 años. Por supuesto, no se trata del Campeón del Siglo, que se inaugurará en una semana, sino de Las Acacias. Pequeño e inhabilitado para el fútbol oficial, alejado del Centro y cercano hoy a una zona roja de la ciudad, ese escenario tiene sin embargo su historia: allí jugaron desde José Piendibene y Héctor Scarone hasta Pablo Bengoechea.

La longevidad de Las Acacias es una referencia en la larga búsqueda aurinegra de la casa propia, que culminará en siete días con la inauguración del nuevo estadio. Hace nueve décadas, lograr un escenario amplio y bien emplazado era preocupación de sus dirigentes. Luego de la construcción del Estadio Centenario, Peñarol (y también Nacional) lo asumieron como su ámbito natural: igualar su imponente tamaño y favorecida ubicación resultaba imposible. Pero después surgieron nuevos criterios y se apreciaron otras ventajas en el hecho de tener un estadio propio. Y así como compitieron siempre en la cancha, en la Asociación Uruguaya de Fútbol y hasta en la interpretación de los episodios históricos, la controversia llegó a sus estadios: cada uno quiso tener el suyo.

Pocitos.

Los aurinegros recuerdan que cuando nadie imaginaba este presente de palcos VIP y sistemas de iluminación a giorno, el CURCC jugaba en una cancha cercana a los talleres del ferrocarril de Villa Peñarol, en Camino Casavalle y Coronel Raíz, donde hoy se levanta un complejo de viviendas.

En 1916, los dirigentes de Peñarol decidieron aceptar la oferta de la empresa de tranvías La Transatlántica de un predio en el barrio Las Acacias para establecer su campo de juego. Con un palco de madera y algunas gradas, se inauguró el 19 de abril de ese año con un clásico amistoso, que el dueño de cada venció por 3 a 1.

Como las desventajas de la ubicación de Las Acacias se apreciaron pronto (algunos dirigentes habían pensado incluso en comprar otro terreno, el Parque Higiene y Salud, en General Flores y Bulevar Artigas), se buscó un nuevo escenario. La otra compañía de tranvías, La Comercial, ofreció entonces el alquiler de tres hectáreas a los fondos de su Estación Pocitos, ubicada en la esquina de las actuales Rivera y Soca. El arquitecto Juan Scasso —futuro diseñador del Estadio Centenario— trazó los planos del estadio, que se inauguró el 6 de noviembre de 1921 frente a un tradicional amigo, River argentino.

El estadio de Pocitos — nunca tuvo nombre oficial— contaba con dos tribunas laterales de madera, dos taludes y un palco techado, ubicado curiosamente no frente al centro del campo sino en una esquina, seguramente para facilitar el acceso del público por el costado sur del local de la estación, en la calle Gabriel Pereira 2752. La tribuna principal se encontraba sobre Charrúa y Hugo de los Santos. La calle Coronel Alegre cruza actualmente en diagonal el espacio que ocupaba el campo de juego.

En 2005, el arquitecto Enrique Benech, utilizando fotos áreas antiguas y modernas, pudo establecer con exactitud su ubicación, ya que la apertura de calles que no existían ocho décadas antes modificó sustancialmente el paisaje de la zona. En base a eso, al año siguiente se instalaron en Coronel Alegre placas y esculturas, resultado de un concurso organizado por Coca-Cola, la AUF, el Museo del Fútbol y la Intendencia de Montevideo.

Pocitos fue el reducto aurinegro durante los últimos años del período amateur, en especial los tiempos que atravesó fuera de la AUF debido a un cisma en el fútbol doméstico. Y, junto al Parque Central, albergó encuentros por el Mundial de 1930. Precisamente, el francés Lucient Laurent marcó allí el primer gol de la historia de la Copa del Mundo, en el arco Norte según la investigación de Benech.

Parque Rodó.

En aquel momento, Peñarol tenía dos canchas y pensaba en una tercera: un estadio en el Parque Rodó. El diseño estuvo a cargo del célebre arquitecto Julio Vilamajó, que era hincha aurinegro (la foto chica de arriba muestra un boceto). Las excavaciones comenzaron en 1929, pero avanzaron demasiado lentamente debido a la naturaleza rocosa del terreno. En el ínterin, Uruguay logró la sede del Mundial y se construyó el Estadio Centenario. Eso llevó al club a cancelar el proyecto. Y en el mismo sitio proyectado para el estadio se levantó la Facultad de Ingeniería, obra del propio Vilamajó.

Desde 1930, el Centenario se llevó los partidos de Peñarol y Nacional. Pocitos se utilizó para encuentros de menor importancia hasta 1933, cuando sus tribunas se desmontaron y se enviaron a Las Acacias. El predio vacío sobrevivió durante algunos años más, hasta que la Intendencia abrió la avenida Soca.

En 1944, Nacional —que había cancelado años antes un gran proyecto en la avenida Centenario— reconstruyó de hormigón su Parque Central, que también era de madera y había resultado destruido en un incendio. Pero luego de algunos partidos, volvió al Centenario. En 1969 lanzó un plan de ampliación del Parque, el Coloso Nacional, que no llegó a ejecutarse. Y por años, no se volvió a hablar de un estadio propio de los clubes grandes.

Nuevas ideas.

Mucho tiempo después, en 1993, el entonces presidente aurinegro José Pedro Damiani, tratando de ajustar el presupuesto, se quejó del costo del arriendo del Centenario. Puso la mirada en el estadio municipal Charrúa, con escaso uso y señales de marcado deterioro pese a su reciente construcción (1984) y le planteó a Tabaré Vázquez, por esos días intendente de Montevideo, el canje por Las Acacias.

Las resistencias a la iniciativa llevaron a Damiani a un plan B: jugar los partidos de menor convocatoria en Las Acacias, donde se habían instalado gradas prefabricadas (y el propio escenario fue bautizado con el nombre del presidente). Allí se realizaron varios encuentros por el Campeonato Uruguayo entre 1990 y 1997, hasta que un incidente desencadenado por la barra brava frente a Rampla Juniors le costó la pérdida de puntos. Luego, el escenario fue inhabilitado para partidos oficiales del club.

Damiani intentó volver a la carga por el Charrúa, pero después redobló la apuesta: un estadio totalmente nuevo. Se habló incluso de ubicarlo en la Ciudad de la Costa. Se mostraron diseños, se mencionó a inversores, se propuso que tuviera salas de cine y locales comerciales, pero todo quedó en nada. En realidad, allí se terminó ubicando el centro de alto rendimiento del club.

En 2005, Nacional inició el plan de remodelación y ampliación del Parque Central a través de la venta de palcos. La eterna competencia de los rivales también pasó a enfocarse en los estadios propios, con el inevitable eco en los cantos de las hinchadas y más recientemente en las redes sociales.

Peñarol, cuando Juan Pedro Damiani ya había sucedido a su padre en la presidencia, apuntó a afincarse en el Parque Roosevelt, tras presentarse a un llamado a ideas de la Intendencia de Canelones. La oposición de los vecinos y la cercanía del Aeropuerto de Carrasco parecieron frenar la idea y condenarla a convertirse en una eterna maqueta.

Aunque en realidad la movieron hacia otro sitio: a fines de 2013 comenzaron las obras en un predio sobre la Ruta 102, en las proximidades de Zonamérica. Dos años más tarde, la larga prehistoria del estadio Campeón del Siglo deja su lugar a una historia nueva, de partidos, goles y polémicas.

Otra fiesta con River.

La inauguración de Pocitos en 1921 tuvo, como ocurre con el Campeón del Siglo, a River argentino como invitado. Pero entonces la fiesta resultó sencilla: el puntapié inicial a cargo del gerente de La Comercial, Juan Cat, y luego el partido, que terminó 1 a 1. Pero la delegación de River recibió una larga serie de agasajos y banquetes, paseos por Montevideo y hasta una función de teatro en el Solís. Peñarol, viejo amigo de River, participó después de la apertura del estadio riverplatense en Palermo (1923) y del Monumental (1938).

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