NOMBRES

De la política a vivir por los niños

Helle Thorning-Schmidt fue la primera mujer en ser primera ministra de Dinamarca. Ahora, es la presidenta de la ONG Save the Children.

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Helle Thorning-Schmidt fue primera ministra danesa

A los 44 años se transformó en la primera mujer en ocupar el cargo de primera ministra de Dinamarca. Fue en 2011, cuando el partido socialdemócrata ganó las elecciones al imponerse a la extrema derecha con el 50,3% de los votos. Pero ahora Helle Thorning-Schmidt dejó la política para dedicarse a otra misión: ayudar a que los niños tengan un mundo menos violento y más justo. Es que, después de lidiar con los años más oscuros de la crisis económica que azotó a Europa, Thorning-Schmidt está, desde hace un año, al frente de Save the Children, una de las principales organizaciones de defensa de la infancia en el mundo.

Cuando por la mañana sube al metro desde su casa en el noroeste de Londres, la exprimera ministra disfruta de un nuevo anonimato. Tras perder las elecciones en 2015, decidió abandonar una carrera política de 20 años (también ha sido eurodiputada y, durante una década, presidenta del Partido Socialdemócrata). Se postuló sin éxito como alta comisionada de las Naciones Unidas para los Refugiados y, finalmente, desembarcó hace poco más de un año al frente de la organización no gubernamental de defensa de la infancia, que cada año ayuda a casi 60 millones de menores.

Thorning-Schmidt no se arrepiente de su carrera política, ni tampoco de haberla abandonado. "Estoy orgullosa de haber sido primera ministra. Disfruté en el cargo, sobre todo con el trabajo europeo. En las elecciones de 2015 fuimos el partido más votado, pero no lo suficiente para gobernar y tuve que decidir si quería quedarme en política, como líder de la oposición y ganar las siguientes elecciones o hacer algo diferente con mi vida. Opté por lo segundo", dijo en una entrevista con El País de Madrid. Y, además, aseguró que actualmente ayudar a los niños es su mayor prioridad: "No puedo pensar ahora mismo en otra cosa más interesante. En este mundo de divisiones, de nuevos nacionalismos, reconforta defender un mundo en el que protegemos a los niños".

Más allá de la experiencia y la necesidad de ayudar, la exministra no sale del asombro y muchas situaciones en torno a los niños la impresionan. "Ver lo que el mundo deja que les suceda es duro. Ellos no pueden escapar. Están atrapados. Son los más vulnerables. Lo increíble es que, hasta en los lugares más duros, pobres y violentos, siempre hay un poco de esperanza en los ojos de esos niños". Y ella tampoco pierde la ilusión. No está de acuerdo con una visión de un mundo totalmente egoísta y sin sentido de la solidaridad. "No me gusta esa idea de que todo el mundo ha perdido su compasión, porque no es así".

De esta forma, cuando fue nombrada presidenta de la ONG, declaró en su discurso: "Me siento muy honrada de que me hayan dado la oportunidad de dirigir Save the Children Internacional. En las últimas décadas el mundo ha conseguido mejoras sin precedentes en la reducción de la mortalidad infantil, y el trabajo de organizaciones como Save the Children ha sido clave. Pero, como vemos cada día, queda aún mucho por hacer para rescatar a los niños del peligro y el sufrimiento y darles un futuro".

Sin grandes lujos

No hay lujo en las oficinas de Save the Children en Londres, donde su marido, el británico Stephen Kinnock, es diputado laborista.

Aunque su pasión por los bolsos de marca o por vestir lujosas prendas de alta costura le valió el apodo de "Gucci Helle", calificativo propuesto por el eurodiputado Freddy Blak, Thorning-Schmidt no nació en una familia opulenta, sino de clase media. Se crió en Rodovre, cerca de Copenhague. Su madre era una pequeña empresaria, y su padre, profesor de economía.

El interés de Thorning-Schmidt por la política le llegó en su etapa de Secundaria: "En aquellos años hice algunos de mis mejores amigos, a los que conservo hoy en día. Participábamos activamente en el movimiento por la paz, con el apoyo del CNA en Sudáfrica y viajamos a Asia con el ferrocarril transiberiano". En 1986 se graduó. "Elegí estudiar Ciencias Políticas, decisión de la que nunca me he arrepentido", contó en una entrevista con el diario español La Información.

Después de estudiar Ciencias Políticas se mudó a Bruselas, donde hace 25 años conoció a su marido, con el que ha mantenido una relación casi siempre a distancia. Ahora, por fin, comparte casa con él a diario en la capital británica. Sus dos hijas, de 20 y 17 años, estudian fuera.

Durante su carrera política, la danesa se encargó de llevar una vida lo más "normal" y tranquila posible. "Es que ocuparse de esas cosas cotidianas también es importante. Lavar la ropa, hacer cola en la frutería (…) Tenemos dos hijas y siempre ha sido importante para mí formar parte de sus vidas. Además, es una forma de desconectar durante un rato de la política y conectar con el mundo real. Hacer cosas normales es muy saludable para un político, para cualquier persona. Cuando estoy en casa, estoy con mi familia. Para mis hijas no era primera ministra, solo mamá. Ellas no necesitan a una primera ministra", aseguró.

La danesa cree que las mujeres políticas siempre son tratadas de un modo diferente y ella, claro, no fue la excepción. "Las mujeres tienen que cumplir una serie de cualificaciones en un espectro mucho más amplio y hay más posibilidades de fallar. Hay un mayor riesgo de fracasar. Siempre se nos pregunta cómo conciliamos familia y trabajo. Si somos buenas madres. Pienso que se nos juzga de forma más dura", agregó a El País de Madrid.

De esta forma, lejos de la política, Thorning-Schmidt, vive un momento tranquilo, de menor exposición y con un único objetivo: salvar a los niños del mundo.

La rubia "más famosa del mundo".

Durante el funeral de Nelson Mandela, en diciembre de 2013, Helle Thorning-Schmidt estuvo en boca de todos por la selfie que se tomó con Barack Obama, entonces presidente de Estados Unidos, y David Cameron, primer ministro británico. La foto recorrió el mundo y fue el principal centro de atención de los medios durante el funeral de Mandela.

Pero además, en su momento se dijo que la fotografía había despertado los celos de Michelle Obama, que estaba junto a su esposo y se mostraba seria.

El fotógrafo Roberto Schmidt, quien capturó esos gestos en una sola selfie, dijo en su momento: "Se comportaban como niños en lugar de hacerlo con la solemnidad que uno podría esperar" en un evento de estas características.

Sobre el tema, la exministra dijo, en entrevista con El País: "Fue un momento increíble y estoy muy feliz de haberlo vivido. Además, me hizo famosa en todo el mundo. Pero creo que se exageró. Fue un toque humano en uno de los muchos actos oficiales que comparten los dirigentes políticos".

Por su lado, Cameron explicó la situación: "Cuando un miembro de la familia Kinnock — por el esposo de la exministra— me pidió una foto, pensé que la única respuesta cortés era decir que sí".

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