TECNOLOGÍA

Las plataformas que están jubilando al correo electrónico

El desarrollo tecnológico está dejando al mail como una herramienta vetusta. Nuevas plataformas de comunicación transforman a la jornada laboral.

Mujer trabajando
Foto: Shutterstock. 

Hace unos años, la rutina de los oficinistas en todo en el mundo era casi la misma: llegar al trabajo, encender la PC y chequear los correos. Pero esa rutina está cambiando. En algunas empresas el correo electrónico ya es solo una formalidad que mantienen puertas para afuera. En otras, convive con varias plataformas de gestión que suelen ser más dinámicas y por lo tanto más elegidas para la comunicación entre empleados y relegan el mail a casos contados, como el envío de presupuestos o archivos adjuntos. Y aunque todavía parece arriesgado decretar su muerte definitiva (algo de lo que se viene hablando desde hace mucho) no hay dudas de que el mail perdió su lugar como herramienta de comunicación y de gestión.

Hoy, aplicaciones como WhatsApp brindan una interacción instantánea y las especialmente desarrolladas para la interacción laboral como Yammer o Workplace (la versión corporativa de Facebook) le quitaron terreno al correo electrónico, una herramienta revolucionaria que en su momento logró desplazar al papel, pero que ahora dejó de ser la preferida para la comunicación en el mundo del trabajo.

“Si necesitás una respuesta urgente, no lo mandes por mail, hacelo por WhatsApp”, dice Alejandro Melamed, autor del libro Diseñá tu cambio. “El mail quedará para lo que requiere algún tipo de registro o documentación. Está atado a las personas y empresas que tienen una cultura más formal. Sin dudas perdió mucho terreno en la comunicación por la falta de velocidad, de interacción y de flexibilidad y por ser una herramienta que ya tiene muchos años”.

Los que todavía le auguran larga vida recuerdan que a pesar de que se lo ha querido “matar” varias veces el mail sigue sobreviviendo. Pero no es menos cierto que esta vez parece que su fin se acelera sobre todo por la irrupción de las redes sociales y WhatsApp, que cambiaron para siempre la forma en que nos comunicamos.

El caso de WhatsApp es un claro ejemplo: la mayoría de las interacciones con familiares y amigos se hacen a través de esa aplicación. Por lo tanto, no ha de sorprender que las laborales también se hagan ahora por esa vía.

“Era solo cuestión de tiempo que empezara a pasar eso en el trabajo”, dice Federico Aon, director de una compañía que brinda servicios tecnológicos. “Las formas de comunicación cambiaron, son más dinámicas, directas y la gente hoy se comunica con su jefe o su equipo, e incluso con los clientes, como lo hace en su vida cotidiana y utilizando los mismos medios”, sostiene.

Melamed coincide: “Las maneras de comunicarse en las organizaciones tienden a asemejarse a lo que uno hace socialmente. Antes, en la oficina había más tecnología que en la sociedad. Hoy no. Las personas, en sus casas acceden a más tecnología que la que tienen en sus trabajos. Y el mail se ve como algo anacrónico respecto de la velocidad que están teniendo otras herramientas comunicacionales”.

La plataforma Workplace ha ganado gran popularidad en los últimos tiempos. La versión “oficina” (o corporativa, en la jerga) de Facebook es muy similar en cuanto al funcionamiento y al diseño de la red social. Para los expertos, Workplace es mucho más dinámica y eso abre nuevas posibilidades de comunicación, entre ellas el streaming de video, videollamadas y sesiones de chats entre compañeros de trabajo o de la misma empresa.

Para los mismos expertos, uno de los mayores problemas del correo electrónico es la falsa sensación de creer que el mensaje enviado fue realmente leído. “La famosa prueba de lectura cuando enviás un mail es algo que muy pocos saben que existe, y la verdad es que como desconfiamos tanto de que lo haya leído, le escribimos un WhatsApp para avisarle que le mandamos un correo y de paso le preguntamos si lo leyó, porque no tenemos certeza de que lo haya hecho entre los cientos de mensajes que le llegan”, cuenta Aon. Él señala también otro de los males de los correos electrónicos: cuando el remitente decide copiar a todos los miembros de una organización, por las dudas. “Esto genera más de un dolor de cabeza y termina produciendo desinformación y ruido, armando cadenas excesivamente largas que muchas veces ni siquiera son relevantes para la mayoría de los involucrados”. .

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