El Personaje

"Pinocho" Routin": "Hay cosas que podés comprender con el humor"

Es uno de los artistas más respetados del Carnaval, que sin embargo logró trascender la fiesta de Momo para convertirse en músico popular de referencia.

Pinocho Routin, un artista potente que trascendió los tablados.
Pinocho Routin, un artista potente que trascendió los tablados.

Era chiquito, no tendría más de cuatro años. Él se paraba al lado del manicero, estirándose para verlos llegar. Y cuando oía el ruido del camión se le disparaba el corazón. Ruido de camiones/ nuevas emociones. Llegaba la murga, el momento mágico de la noche que había estado esperando por horas.

Ojos grandes en los cabezudos/ Papel con engrudo secándose al sol. El corso, el desfile de gigantescos muñecos, la gimnasia del escobero, los tambores, las serpentinas y la mascarada, el sonido del redoblante que sería su banda de sonido para el resto de su vida.

Hay fantasmas de carnavaleros / rondando en febrero / cantando en tu voz. Sí, voces como las del Canario Luna, con quien compartió escenario y que, está convencido, aún no ha nacido quien lo supere.

En la vida civil es Pablo Routin (53), músico, cantante, letrista de murgas, dramaturgo. Está casado con Verónica Tiscornia desde hace 29 años, con la que tiene tres hijos, Santiago (26) y los mellizos Camilo y Eliana (23). Claro que todo el mundo lo conoce por "Pinocho", según él mismo un "apodo búmeran", ya que era el que le había puesto a su hermano pero cuando empezó a cantar en murgas lo heredó automáticamente, primero fue "Pinochito" y después "Pinocho" a secas.

Se considera un hombre con suerte porque creció como artista en compañía de algunos gigantes de la escena, como Ruben Rada, Jaime Roos, Hugo Fattoruso. Un camino en que el azar y las coincidencias terminaron por ponerlo exactamente donde quería estar.

Latido de barrio.

Cuando nació vivía junto a sus padres y sus dos hermanos mayores en un pequeño apartamento de la calle Rizal, en el Buceo. A principios de la convulsa década de 1970 sus padres resolvieron irse en busca de más espacio y más tranquilidad, así es que terminaron en una espaciosa casa en Playa Pascual.

Tendría unos siete años y si bien disfrutaba el cambio de ambiente, "era como vivir en el campo", no quería perder contacto con lo que más le gustaba: los tablados durante el Carnaval. Así es que solía ir de visita a la casa de una de sus abuelas para quedarse hasta la hora del tablado. Y ahí, en las puertas del club Leyva, se quedaba a esperar la llegada de la murga.

De ese modo fue gran parte de su infancia, hasta que al cumplir los 18 se vino a vivir a Montevideo. Era a principios de la década de 1980, el último tramo de la dictadura donde la canción popular y las murgas comenzaban a cobrar una fuerza arrolladora. Por entonces "Pinocho" descubrió a la murga que le cambiaría la vida: Falta y Resto.

Era la época de A marcha camión, de los primeros grandes éxitos de Jaime Roos, una generación de relevo del cancionero popular después de las glorias proscritas como Los Olimareños, Alfredo Zitarrosa o Daniel Viglietti.

"A través de mi hermano Sergio fui a dar a una murga que se llamaba Justamente Risas, que era conocida como La Justa, con mi amigo Quique Rivero, ellos eran estudiantes de Medicina y ahí fui a probarme y quedé, comenzó todo un camino que era impensado", cuenta.

Y a partir de allí se iniciaron lo que Routin define como "golpes de suerte". Participaba en una actuación de La Justa cuando llegaron los integrantes de Falta y Resto que presenciaron buena parte del espectáculo. "Al poco tiempo me llamaron a ver si quería probarme en Falta y Resto, me tiré de cabeza", recuerda.

Se sentía como un jugador de fútbol que de pronto es convocado a participar en uno de los grandes clubes de primera. Al poco tiempo también pudo probarse en la banda de Jaime Roos, que integró por años. También le tocaría participar en la de Ruben Rada, músicos a los que considera sus maestros personales.

"El hecho de estar en esa banda me abrió a conocer gente muy talentosa, músicos impresionantes que te van agrandando el alma y también te agrandan la cabeza. Empezás a recibir mucha información, a interesarte por muchas cosas, y aún no estando muy atento aprendés mucho", asegura.

Pronto comienza a consolidarse como letrista de murgas. Convencido del carácter militante de las murgas había desdeñado el uso del humor.

"Hasta el año 93 sostenía que la murga no tenía que tener humor. Es más, un repertorio que escribí para Curtidores de Hongos en el año 93 se llamaba La esperanza desesperada, no tenía ni un solo chiste, ni uno solo", recuerda ahora.

Pero luego cambió radicalmente de opinión y comenzó a trabajar de lleno con el humor. "Después con el tiempo fui comprendiendo que estaba equivocado, y he sabido dar marcha atrás", dice.

Con el paso de los años llegó a algunas certezas simples y reveladoras. "La gente va al tablado a divertirse, eso también es otra verdad, pero a la gente le gusta que la diversión sea lo más inteligente posible, también", reflexiona.

Algo nuevo.

Sin embargo el terreno por el que Routin comienza a moverse tiene que ver con una corriente que empezó a consolidarse en los últimos años, la llamada "murga-canción".

Para los entendidos, los pioneros en la materia no fueron otros que Los Olimareños cuando en 1970 publicaron su emblemático Todos detrás de Momo. La obra de Braulio López y Pepe Guerra incluía, por primera vez, una batería de murga junto a sus clásicas guitarras. En la trayectoria del popular dúo esta fue quizás una de sus obras más polémicas, mirada de soslayo al principio, fue con el paso de los años que comenzó a ser considerada como fundadora de una corriente musical.

La llegada de bandas como la de Jaime Roos o la mítica Rumbo tomaron la llamada murga-canción como plato principal de sus menús. Hoy bandas de rock como No Te Va Gustar, La Vela Puerca, entre otras, incorporan la batería de murga y los coros a sus creaciones.

Hija directa de esta corriente es la canción Ruido de camiones, que "Pinocho" compuso junto a Eduardo "Pitufo" Lombardo. El género cobró, además, inusitada fuerza durante el Mundial cuando la canción Cielo de un solo color, compuesta por su amigo Mateo Moreno, se convirtió en el "himno" de la selección.

"Me da mucha felicidad, que una canción hecha por un uruguayo, cantada por una banda de músicos amigos, talentosos, que se han ido abriendo caminos", dice con sincera alegría.

—¿Qué es el humor para vos, un acicate, una forma de denuncia, cómo lo tomás en tu madurez?

—El humor es ingrediente vital de la murga y de la vida en general, me parece que hay cosas que se pueden comprender a través del humor, que podés pensarlas a través del humor y eso no le quita ni el peso ni la profundidad que un tema tiene. Por supuesto que hay cosas de las que no podés salir a reírte, por ejemplo de la gente que muere injustamente en este país por cien pesos, es una realidad y es trágica, es dura y golpea y uno como ciudadano está esperando que pasen cosas, que se tomen medidas para terminar de una vez por todas con eso. Creo que es el tema del momento. Entonces, no es un tema para hacer humor, es un tema para reflexionar, ¿hay algo para aportar? Capaz que hay algo para aportar desde una mirada de Carnaval, capaz que es un tema que no hay que tocarlo, o hay que tocarlo en dos frases, de la forma más inteligente que se pueda.

"Pinocho" vuelve este año a los escenarios, aunque no a los tablados aún. Estuvo casi un año apartado debido a un molesto problema de salud del que está saliendo: tinnitus, un mal que aqueja a muchos músicos. Y mientras prepara sus futuras actuaciones completa estudios para la especialidad que abrazó: la fonoaudiología, disciplina de la que se vale en los talleres donde enseña el arte del canto desde hace un quinquenio.

Ensayando para salir

"Estamos reensayando Murga Madre, la vamos a presentar el 16 de octubre en el Sodre con Pitufo y dirección de Fernando Toja. Estamos volviendo después de cinco años, haciendo una especie de celebración del estreno. El 7 de noviembre voy a tocar en la sala Balzo, en un ciclo que se llama Cuerdas y ahí va a ser como mi vuelta con lo que tiene que ver con bandas musicales", cuenta "Pinocho" a propósito de sus planes inmediatos. El año pasado le tocó ser jurado de Carnaval en San Carlos, aún no sabe si en 2019 repetirá la tarea, pero por lo pronto ya está involucrado en dos murgas. Está dedicándose de lleno en la puesta en escena de la murga Doña Bastarda, una de las revelaciones del Carnaval pasado y a la que Routin ya había asesorado en materia de puesta para su última salida. También está trabajando con una murga de Paysandú, Jardín del Pueblo, con la que se prepara para la prueba de admisión en el concurso oficial. "Dos proyectos diferentes, estoy como muy agradecido por la invitación, me gustan mucho las murgas del interior, me encanta acercarme, hay una riqueza tremenda, la gente de acá de Montevideo no se imagina el talento enorme que hay", dice.

Pinocho ensaya para su nueva presentación en escena.
Pinocho ensaya para su nueva presentación en escena.

SUS COSAS.

Flamenco. "No hay un solo día que no escuche música", confiesa. Desde hace cierto tiempo se aficionó al flamenco, género que a su juicio tiene muchos puntos de contacto con la murga. Se hizo fanático de Camarón de la Isla, el mítico cantaor gitano fallecido en 1992.
​Series selectas. No es de ver mucha televisión, pero siguió con devoción un par de series. Breaking Bad, que miró hasta el final, y ahora junto a su hijo mayor están viendo desde la primera temporada la legendaria Los Soprano. "Me parece una cosa demencial, increíble, guion, actuaciones, todo, es lo mejor que he visto", dice.
​Reunión familiar. "Lo que más me gusta es juntarme con la familia, es mi hobby preferido", asegura. Dado que sus hermanos viven en Barcelona, las reuniones familiares son con sus cuñados y sobrinos. "Durante mucho tiempo nos juntábamos todos los domingos al mediodía", buseca mediante.

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