SALUD

¿Por qué algunas personas tienen más paciencia que otras?

Algunos logran tolerar mejor la frustración o el tiempo de espera a que algo resulte. Otros simplemente reaccionan inadecuadamente. 

Algunas personas son menos tolerantes a la frustración
Algunas personas son menos tolerantes a la frustración. Foto: Shutterstock

No siempre es fácil ser paciente; todos en algún momento sucumbimos a la desesperación. Más allá de la discusión sobre si determinadas reacciones son adecuadas o no, hay situaciones que evidencian que cualquiera puede perder los papeles en determinado momento. Sin embargo, no todas las personas controlan sus impulsos de la misma manera; ¿qué hace, entonces, que algunos pierdan la paciencia más rápido que otros?

Tranquilo ante la adversidad 

Para Diana Díaz Moreno, profesora de Psicología de la Universidad Peruana Cayetano Heredia (UPCH), la paciencia es aquella capacidad para reaccionar de manera tranquila ante ciertas situaciones. Se puede definir también como una actitud que nos permite gestionar las dificultades.

No es algo que nazcamos conociendo. “Los niños no tienen un filtro emocional, ellos sienten y hacen: tienen hambre y lloran, se mojan el pañal y lloran. Lo que se espera es que cuando crezcan esas necesidades primarias no salgan de manera muy brutal, sino que pasen por el filtro de la gestión emocional o raciocinio”, comenta la psicóloga.

Los adultos deberíamos de conocer los efectos emocionales que nos producen determinadas situaciones y, por lo tanto, poder manejarlos, pero esto no siempre pasa. Entonces, al sentir que perdemos el control de las cosas, estallamos, nos desesperamos o frustramos.

“Si estamos cansados, tenemos un mal día en el trabajo, nos topamos con un tránsito caótico y, para colmo, no hemos dormido, todo esto se va a acumular. Por obvias razones estaremos muy predispuestos a perder la paciencia”, acota la especialista. En cambio, al gestionar adecuadamente las emociones aprendemos a no cargarnos demasiado con los problemas o preocupaciones y a poner una pausa a las presiones.

En esta tarea ayuda mucho el autoconocerse; es decir, saber cómo nos sentimos ante cada situación. Así, por ejemplo, si estamos en el tránsito y ya sabemos que vamos a perder la paciencia, creamos estrategias para evitarlo. Podemos escuchar música, respirar o elegir otra ruta menos estresante.

Sin embargo, Díaz recalca que las personas nos vamos cargando a lo largo del día; por eso, es importante que vayamos desfogando: conversar lo que sentimos con alguien que quiera escucharnos o, si esto no es posible, escucharnos nosotros mismos. Esto último es una capacidad de reflexión que poseemos los adultos. Podemos darnos cuenta de que estamos molestos, pero hay que ir más allá, hay que saber por qué. Quizás pensamos que nos disgustó una cosa, pero luego nos damos cuenta de que, en realidad, fue otra la que originó nuestra molestia. “Hay que tener empatía por uno mismo”.

Ante la pregunta: ¿qué nos hace más o menos pacientes?, Rocío Carranza Moreno, psicóloga y coach sistémico, responde que que una persona pierda la paciencia rápido o no, se relaciona con la madurez emocional, lo que no está ligado necesariamente a la edad. “Que uno sea más o menos paciente tiene que ver con nuestra historia personal, con lo que llevamos como carga en nuestra mochila. Ahí están nuestras experiencias de vida y las estrategias para lidiar con momentos difíciles”, dice.

“Depende de nuestro pasado, de si desde muy jóvenes nos dieron la oportunidad de aprender a afrontar los problemas y a tener confianza en que podíamos superarlos por nosotros mismos. A veces los padres, al orientar a sus hijos, tratan de decirles qué hacer exactamente y no dejan que ellos contemplen las equivocaciones como un camino para encontrar nuevas soluciones”, agrega. Entonces, el aprendizaje que hayamos obtenido en el camino determinará nuestra capacidad de control emocional y el nivel de autodominio. Si nos dominamos a nosotros mismos, nos conocemos; por ende, nuestras reacciones serán cautas. Y si algo nos sorprende o alarma sabremos mirarlo con detenimiento. En cambio, quien no tiene autodominio probablemente no tendrá la suficiente madurez emocional para encarar la adversidad, buscará resultados rápidos y si no los obtiene explotará. La buena noticia es que todos podemos cultivar la paciencia. 

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