HISTORIAS

Persigue tormentas y sueña con ser meteorólogo: la historia de Matías 

Tiene 21 años, vive en Ciudad de la Costa. No sabe cuándo empezó a gustarle el clima y sus fenómenos pero desde niño se dedica a mirar el cielo. Ahora recorre el país persiguiendo rayos.

Matías Mederos mirando una tormenta
Matías Mederos mirando una tormenta. Foto: M. Mederos

Uno de los últimos videos en su canal de YouTube se llama Tormentas de verano. Primero aparece Matías Mederos, pelo negro, barba crecida, remera de maga corta roja. Después de saludar, dice: “En esta semana tuvimos muchas tormentas, mucha formación de tormentas”. De fondo suena una música suave, divertida, animada. Sigue: “Hubo incluso anegamientos e inundaciones por estas tormentas que eran de muy lento desplazamiento. Por esta razón voy a pasar a mostrarles un video de cuando estaba por las afueras de San Carlos. Uno de los caminos estaba cortado por un arroyo llamado arroyo Maldonado, que estaba muy crecido y tapó todo el camino. Así que acá les dejo el video de lo que fue esta cortada de ruta”. Hay un corte seco y aparecen las imágenes del camino inundado y el ruido del agua se mezcla con la música, que sigue de fondo. Vuelve al plano Matías y aclara: “Estas tormentas fueron muy fotogénicas y pude grabar buenos videos y sacar buenas fotos. Así que voy a dejarlos con unos timelapse de lo que fueron todas estas tormentas de la semana”. Cambia la música de fondo, ahora es de suspenso, de peligro, de tensión.

Y entonces las imágenes de las tormentas del 10, del 11 y del 14 de febrero de 2021 se suceden una a la otra en una cámara fija y rápida: el cielo cambia de colores, las nubes se desplazan como si fuesen el paisaje de una película; de pronto todo es gris y Matías decide entonces bajar la música y dejar el sonido natural, que es el sonido del viento, el sonido de los árboles, el sonido de una tormenta a punto de romperse.

En su canal de YouTube, Mati Mederos, 1.430 suscriptores al momento de esta nota, todos los videos son así: cámaras que apuntan al cielo, nubes que cambian de color, tormentas leves o tormentas intensas, rutas vacías, él explicando qué fenómeno está por pasar.

Matías Mederos tiene 21 años, vive en Ciudad de la Costa, está terminando el liceo, saca fotos, quiere ser meteorólogo y persigue tormentas por todo Uruguay. Eso es lo que quiere hacer para siempre: recorrer el país y meterse bien adentro de la lluvia, bien cerca de los rayos, en el medio del viento.

“Me gustaría experimentar perseguir en Estados Unidos, por excelencia es el país con más tornados por año, pero me gustaría trabajar en Uruguay, Argentina y Sur de Brasil, creo que nuestra área tiene muchas condiciones, de hecho es la segunda con más tornados en el mundo”, dice. No sabe cuándo empezó todo, cuándo le empezaron a gustar las tormentas, cuándo quiso ser meteorólogo.

Hay un VHS que guarda su padre. Apenas se ve, pero se escucha nítido. Matías tiene dos o tres años y está detrás de una ventana. Se oye la voz de una mujer que dice: “Hace mucho ruido esa tormenta me parece. ¿A vos qué te parece Mati? Mirá a mamá Matías. ¿Te gusta la tormenta?” Y él, que apenas habla, responde: “¿Por qué se para el viento?”

“Tengo varias anécdotas desde que soy chico, como que en el jardín de infantes tenía 4 años y movilicé a toda la clase para que saliera a mirar la tormenta. Y también me acuerdo un año después, en el ciclón extratropical de 2005, recuerdo ver cómo caían las macetas y ver cómo la palmera de mi casa se arqueaba; sigo teniendo esa imagen, de la palmera arqueada. No hay un motivo por el que me haya empezado a gustar la meteorología, es como que vine con eso”.

Sabe, sí, que desde que es niño ha estado mirando, leyendo y estudiando aspectos relacionados a la disciplina. Que así ha ido aprendiendo, que tiene amigos meteorólogos —nombra a Néstor Santayana y a Karen Rodríguez— que le han enseñado mucho, que le han dado para adelante y que él siempre se ha dedicado a observar para entender más y más.

Monitorear, perseguir 

Matías Mederos persigue tormentas por Uruguay
Matías Mederos persigue tormentas por Uruguay. Foto: M. Medros

La primera persecución de tormentas que hizo fue en octubre de 2019, con su padre. Salieron de Canelones hacia Tacuarembó, al otro día fueron a Cerro Largo y después el viaje de vuelta. En total hicieron entre 900 y 1.000 kilómetros. Matías dice que fue una linda persecución pero que no tiene fotos de esas tormentas porque todo estaba cubierto de niebla y porque un año después, en otra persecución, perdió la tarjeta de memoria en la que tenía registradas algunas imágenes. “Lamentablemente no se pudieron ver las estructuras de las tormentas por la niebla, pero sí tuvimos lluvia fuerte, granizo pequeño y fuerte actividad eléctrica; recuerdo ver las luces y el estruendo de los rayos apenas caían. Caían bien cerca”.

Las tormentas, explica, pueden ser monitoreadas por satélites o por radares. Como Uruguay actualmente no tiene radar meteorológico, él utiliza parte del Radar Ezeiza, de Argentina, ubicado en Buenos Aires, y los de Santiago de Chile y Canguçu, Brasil. De esta forma, uno o dos días antes de una tormenta, analiza todas las variables para saber a qué zona y en qué área es mejor perseguirla.

El 30 de enero de este año Matías encontró la mejor tormenta que ha podido fotografiar hasta ahora. Salió de Canelones a las 8,30 de la mañana junto a su perro, Thor -que le encantan las tormentas tanto como a él, que lo acompaña a todas partes, que es como un hermano - y su amigo, Gabriel, hacia el interior de Durazno. Y en el medio de la Ruta 4, en un pasaje desolado, pararon el auto.

“Ese día tuvimos una supercelda de alta precipitación, dejó un embudo, estuvo muy cerca de ser un tornado, veíamos los rayos cayendo a dos o tres kilómetros. Fue una tormenta muy buena. Luego nos tuvimos que mover rápidamente para poder salir de esa área donde rotan las nubes, que se llama el mesociclón”. Pararon el auto bien cerca del borde de la ruta, se alejaron de los árboles y del tendido eléctrico. Ahí estuvieron por 20 minutos. La lluvia caía como si nunca fuese a parar.

Matías sabe que las tormentas pueden ser peligrosas, que pueden generar destrozos, que pueden afectar a la gente. Eso es lo único que no le gusta. Ese día de enero, de hecho, notaron que había algunos daños en la entrada de Carlos Reyles, localidad de Durazno. “Es que las rachas de viento fueron muy violentas”.

Él, sin embargo, dice que cuando está en el medio de una persecución, siente adrenalina, pasión, entusiasmo: algo que se parece demasiado a la felicidad. Dice, también, que la tormenta que más le gusta es la supercelda, la madre de todas las tormentas, la que genera granizo, lluvia, mucha frecuencia de rayos, la que puede generar (aunque menos) un tornado. Esa, dice, es la tormenta perfecta para perseguir. También es la más peligrosa.

Antes de aceptar esta nota Matías dijo: “Quiero que quede claro que no soy profesional”. Después, ante la pregunta de por qué hace lo que hace, dijo: “Porque amo la meteorología, amo saber qué es lo que ocurre en áreas donde no hay nadie, tener material de estos fenómenos y poder compartirlos con las personas”.

Formación 

“Desde que tengo 11 años busco información por toda página que pueda ayudarme a entender cómo ocurre todo, siempre traté de buscar páginas reales y sólidas, documentadas por profesionales”, cuenta Matías sobre cómo ha hecho para formarse.

Por otro lado, ha recibido ayuda de de profesionales, como Néstor y Karen y de meteorólogos de Brasil y Argentina; siempre han estado ahí para ayudarlo y que entendiera lo mejor posible: “Solo quiero estudiar para seguir aprendiendo más y más todos los procesos que ocurren en nuestra atmósfera”. Cuenta también, que en un futuro le gustaría trabajar en Inumet.

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