CABEZA DE TURCO

Perros "posmo"

Mucha gente con los perros tiene una tara. Hay momentos en que cree que son mejores que los humanos (y lo son en parte…). Arturo Pérez Reverte cuando está deprimido nos muestra a los perros como hidalgos compañeros.

Es lo único que no le llevo al maestro, pero lo entiendo. A través de los perros le pega al descaro moral de la humanidad. Comprendido.
Pero los perros son perros (¡ay qué frase idiota!) "Animales" igual que nosotros, solo que los domesticamos hace catorce mil años y los amamos. Creemos que nos comprenden. Y algo nos comprenden, pero no como creemos. Cuando uno anda deprimido, el perro parece percibirlo. Se te pone al lado, te banca. Y si llorás te da besitos. ¡Ta, listo! Es un ser sensible, es Alberto Migré o Nené Cascallar. ¡No jodamos chicos, es un perro! Ya sé que es como un familiar más. Lo sé, lo sé. Pero son animales. ¡Animales! En algunos lados se los comen. Acá, en el tolerante Uruguay, se matan caballos para vender su carne al exterior. ¡Caballos! (y yo soy casi vegano, aviso).

¿Cuál es mi punto? Que me parece que mucha gente se enloquece con los perros. Por supuesto que por afirmar esto me van a partir la cabeza todos los dueños de perros. Que no sé nada. Que soy un ser insensible. Que un perro es mejor que Bonomi. Que un perro sale barato y no gasta lo que un niño. Que un perro es un fiel compañero onda barra juvenil de izquierda de los setenta. ¡Todo eso! ¿Y? Me la banco. ¡Me-la-ban-co!

Los que no quieren perros te dicen: tienen olor feo, muerden todo, hay que sacarlos por la madrugada a dar su vueltita, ladran, defecan (usan otra palabra), te generan alergia y roncan.

Ahora aparecieron los perros hipoalergénicos. ¡Ay mirá! Sí, son una especie de bichos que no joroban, no te alergizan, los podés tener en un apartamento de cuarenta metros y listo. "Perro" hecho para la posmodernidad. Luego le sacás fotos dándole besitos y a Facebook. O lo subís a Instagram si sos concheta. No te digo que lo hagas famoso pero tendrá más de uno que comentará: "Qué amooooooooor", "Cuchi-cuchi", "Bichito" y creaciones literarias de ese tenor intelectual.

No estoy contra los perros. Defiendo a los animales. Me gustan (menos los gatos, en mi barrio había una viejita que tenía miles de gatos y siempre pensé que su casa era tenebrosa; el cine me hizo daño).

Lo que me impacta de algunos perros son los nombres que les están poniendo en esta época. Yo era del tiempo de Tony, Billy, Toby, Lassie, Rex y cosas así. Hoy es más compleja la cosa: Kevin, Shreck, Fonzi y basuras de ese tenor son las que pululan. Es un mundo fast food el de los perros 2018 (conocí un perro que le pusieron Jalowín, tenía casita con ese nombre, un infeliz el bicho).

La verdad es que los perros hipoalergénicos no existen (está en Wikipedia, tampoco me pidan que para un artículo de perros haga una investigación en Cambridge Analítica, bue, ese tampoco es buen lugar), son solo perros que largan poco pelo. Punto. Perritos humanizados para no joder, digamos.

Las que amo son las protectoras de animales gringas. He visto declaraciones sobre los perros que casi, casi, parecen amarlos más que a un apátrida sirio. Son como la O.I.T. de los animales. Es que la humanidad se estupidiza mucho. Por suerte hay tipos como yo, con la suficiente mesura, racionalidad, comprensión, entendimiento, tolerancia y apertura mental (¡je!) para entender que los humanos pueden amar a un perro más que a otro humano. Y eso si que es tener la cabeza abierta (¡uf!)

¿Y sabés la razón de eso? Sencilla: egoísmo (¡te duele ya lo sé!) Es que los humanos nos escudamos en ese sentimiento para "ser" como se nos da la gana. Y eso implica hasta que amemos a un perro y que lo valoremos como a un hijo más. Todo bien. Pero es un perro. ¡Perro! Cualquier humano por desgraciado que sea, vale más que tu perro. Aunque te parta esto, esa es la pura verdad.

Pero ya sé que muchos de ustedes no creen eso.

Pasen por favor y critiquen a voluntad. Los amo igual. ¡Guau!

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