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Pequeños que son gigantes

Todos estos niños tienen un talento especial y algo en común: aman lo que hacen. Este es el homenaje de Domingo en su Día.

La pasión por la cocina de Victoria Lánchez viene desde siempre. Foto: Darwin Borrelli.
La pasión por la cocina de Victoria Lánchez viene desde siempre. Foto: Darwin Borrelli.
Ignacio Porcelli se entrena para competencias de matemáticas. Foto: Marcelo Bonjour.
Ignacio Porcelli se entrena para competencias de matemáticas. Foto: Marcelo Bonjour.
Micaela Sierra tiene entrena en Estados Unidos para ganar el próximo Sudamericano de Natación. Foto: Fernando Ponzetto.
Micaela Sierra tiene entrena en Estados Unidos para ganar el próximo Sudamericano de Natación. Foto: Fernando Ponzetto.
Renzo Lima fue actor invitado de la Comedia Nacional. Foto: F. Ponzetto
Renzo Lima fue actor invitado de la Comedia Nacional. Foto: F. Ponzetto
Lara Galarza fue elegida como mejor alumna de la primera temporada de Master Class. Foto: M. Bonjour.
Lara Galarza fue elegida como mejor alumna de la primera temporada de Master Class. Foto: M. Bonjour.
Micaela sueña con llegar a los Juegos Olímpicos.
Micaela sueña con llegar a los Juegos Olímpicos.
Renzo interpretó a Andrea en Galileo Galilei. Foto: gentileza familia Lima
Renzo interpretó a Andrea en Galileo Galilei. Foto: gentileza familia Lima
Lara sueña con vivir solo de su música. Foto: Master Class
Lara sueña con vivir solo de su música. Foto: Master Class

Artistas, chefs, matemáticos o deportistas. Todos estos niños uruguayos tienen un talento distinto y particular pero también algo que los une: el amor por lo que hacen y la ilusión de llegar a vivir de lo que quieren cuando sean grandes.

Estas son historias de sueños cumplidos y otros tantos por cumplir, de esfuerzos y sacrificios para ser mejores en lo que hacen, de horas y horas de entrenamiento, de padres que apoyan y se sienten orgullosos, de hermanos que acompañan y se emocionan. Estas son historias de niños que tienen una pasión y que, un poco jugando y un poco en serio, la alimentan todos los días para alcanzar su objetivo. A ellos y a todos los niños ¡Feliz día!

Detrás del telón.

A fines de mayo, antes de que se abriera el telón de la sala principal del Teatro Solís, Renzo Lima (13) sintió que sus "piernas eran de goma" y que se iba a desmayar. Era la primera función de Galileo Galilei y Renzo estaba por actuar con la Comedia Nacional. Cree que esa vez habló "bajito", pero cuando llegó el saludo final, los nervios ya habían pasado. Entró al escenario con todo el elenco y vio que la sala entera los aplaudía de pie. En la primera fila estaba su familia y su hermana, Martina, lloraba y le tiraba besos. "Yo la vi y me morí, me puse a llorar yo también", dice.

Es que para Renzo el saludo final de cada una de las 30 funciones en las que representó a Andrea, era un momento especial. "Yo decía: todo lo que hicimos en esta función se ve que estuvo bueno, que les gustó, porque están aplaudiendo parados. Hubo un día que nos fue a ver Tabaré Vázquez y él también se paró y fue muy especial porque puedo decir que a los 13 años actué para el presidente", recuerda. Aunque para salir a escena se tenía que sacar el anillo — con las máscaras del drama y la comedia que representan al teatro — que le regalaron sus padres para Navidad, antes de saludar, se lo volvía a poner. "En el saludo yo ya era Renzo y no Andrea y para mí este anillo tiene vida propia, yo me lo ponía y le decía: mirá lo que es el Solís… locuras mías".

Renzo se acercó al teatro por el Carnaval. Su papá lo lleva al Teatro de Verano desde que es chiquito. "Yo soy muy hincha de Zíngaros, realmente admiro mucho el trabajo que hacen. En 2014, cuando hicieron la parodia de Mozart, mientras los veía sentado ahí abajo dije cómo me gustaría estar en el escenario. Al año siguiente con ellos actuó Virginia Rodríguez y me encantó su trabajo. Me enteré que ella tenía una academia de actuación y me inscribí", cuenta. "Este año, en la bajada de la Liguilla de Zíngaros, yo me fui a los pies del escenario, los miraba y lloraba, los tenía ahí, si estiraba la mano prácticamente los tocaba. Uno de mis sueños es salir con ellos cuando sea grande".

El año pasado Renzo salió en el conjunto Poppins — parodistas — en el Carnaval de las Promesas y cuando su director se enteró del casting para participar en la puesta de la Comedia Nacional, no dudó en proponérselo.

En las primeras etapas del proceso, solo tuvo que leer la letra. "Coco Rivero, el director, nos dijo que desde el principio le gustó la conexión que tuvieron Renzo y Juan Worobiov, el protagonista", cuenta Daniela, su madre. Para la última etapa tenía que memorizar todos los parlamentos. "La noche anterior no dormí intentando aprender la letra y no pude, porque en toda la semana me había olvidado. Me aprendí solo las primeras tres frases". Pero eso no importó. Hizo el casting y lo eligieron como actor invitado para representar a Andrea en Galileo Galilei.

Después de tres meses de ensayos y 29 funciones, Renzo llegó a la última con la sala repleta, sin tantos nervios y con la misma emoción que el primer día. Cuando se cerró el telón, abrazó a Jimena Pérez y Andrés Papaleo, actores con los que entabló una gran relación por compartir el camarín. Después abrazó a Juan, le agradeció y lloró. "Me dijo al oído que iba a ir a comer las masitas que le regalé".

El sueño olímpico.

En el verano de 2013 Micaela Sierra, de entonces 10 años, empezó a nadar. Su familia quería que practicara algún deporte. Sus amigas nadaban en el Carrasco Lawn Tennis, así que su mamá, Leslie Graf, le dijo que se tirara a nadar con ellas. "Los primeros días salía llorando: me ahogaba, me acalambraba. Después me empezó a gustar de a poco", dice Micaela, de pasada por Uruguay. Es que ahora, con 13 años recién cumplidos, tiene varios récords nacionales en muchas categorías y entrena en Estados Unidos con una meta fija: ganar el próximo sudamericano (2019) y llegar a los Juegos Olímpicos. Ese es su gran sueño.

Pero para lograrlo, Micaela ha trabajado y trabaja mucho. Empezó a agarrar el gusto por el agua cuando, después de un mes de haber comenzado a nadar, el entrenador Nelson Corbo la invitó a participar del Campeonato Nacional de Piscinas Abiertas. "Nadé pecho y gané el campeonato", recuerda. "Ahí me empezó a gustar. Al principio quería que terminara el verano así no nadaba más y después quería que llegara de nuevo el verano para poder nadar otra vez".

Estuvo un tiempo entrenando en el Club Biguá y después pasó al Olimpia. Una vez que se federó y empezó a competir, no paró de bajar tiempos y batir récords en todas las categorías en las que participaba: en total, tiene aproximadamente 20 récords nacionales en infantiles (menores de 11 años, menores de 12 y menores de 13). Muchos de ellos los tenía su tía, Erika Graf, una de las nadadoras más destacadas del deporte nacional.

En 2015 Micaela fue a hacer un training camp a Estados Unidos. "Un día fui a comprarme una malla larga y el que me la vendía me dijo que él trabajaba en un club y que el entrenador se especializaba en pecho. Era Bruno Darzi, que es brasileño y ha entrenado a nadadoras olímpicas. Fui a que me viera y me invitó a entrenar con él al menos un mes". Definitivamente lo hizo en febrero del año siguiente. "Me encantó y quise volver. Volví en junio de 2016 y ahí me dijo que me quería entrenar. En realidad a mi mamá ya se lo había dicho", dice. Y Leslie comenta: "Sí, a mí me lo dijo la primera vez que la vio en la piscina. Me dijo que la quería antes de que cumpliera 13 años, pero en ese momento nosotros no pensábamos en irnos". Pero bastó con que se lo dijeran a Micaela para que ella quisiera cumplir su sueño.

Así, hace ocho meses que Micaela y su familia se instalaron en Coral Springs, una ciudad a poco más de 40 kilómetros de Miami. Allí entrena cuatro horas seis días a la semana. "Es un entrenamiento profesional", dice Leslie. "A veces quiero andar en patineta y no me dejan por si me lastimo", se ríe Micaela.

En abril participó del Campeonato Sudamericano Juvenil de Natación contra chicas que le sacaban entre dos y tres años y quedó en sexto, séptimo y octavo puesto en los 50, 100 y 200 metros de pecho. "Estoy a cuatro segundos del récord sudamericano en 100 metros pecho", dice orgullosa.

Hace pocos días estuvo en Uruguay con su familia y cuando estaba nadando en Olimpia, un grupo de niñas la esperó en la puerta para sacarse una foto con ella. "Es raro, pero es lindo". De algo Micaela está segura: todo esfuerzo tiene su recompensa.

Enseñarle a mamá.

Victoria Lánchez tiene nueve años y una pasión: cocinar. Aunque también hace otras actividades, cuando los miércoles sale del colegio, pasa por su casa, agarra el delantal y el gorro para ir a la clase con el cocinero y educador Diego Ruete, se siente feliz. "Me gustaba cocinar y un día cuando estábamos yendo a casa mi mamá me dijo que había visto un lugar de clases de cocina y yo quise ir. Antes cocinaba con mamá en casa pizzas, galletitas. Y a veces ayudaba a papá a hacer asados", dice Victoria.

Previo a comenzar las clases sus padres le compraron el libro de Ruete e Inés Marracos, Hoy cocinamos nosotros, y prepararon algunas de las recetas en casa. "Cuando conseguí el libro no sabía que el autor iba a ser mi profesor, no tenía ni la menor idea", cuenta.

Pero, como recuerda Verónica, su mamá, el gusto por la cocina en su hija viene desde siempre: "Cuando era muy chiquita preparaba sopas con todo lo que se le ocurría, café, leche, arroz y me hacía probarlas. Cuando fue más grande empezó a cocinar cosas en serio y ahora lo hace mejor que yo".

Con las clases va aprendiendo distintas recetas que después practica en su casa, especialmente los fines de semana, cuando tienen más tiempo libre. "Lo primero que hicimos fueron nuggets de pollo caseras, pero lo que más me gusta hacer son las hamburguesas en pan verde. Diego le llama pan de Hulk. A este todavía no se lo enseñé a mamá y las pastas caseras tampoco". Pero además tiene otras especialidades: panes de distintos sabores (y colores), tartaletas de verduras o de verduras y pollo, milanesas, hamburguesas y ravioles. "También le enseñé a hacer la masa de aceite, que lleva la misma cantidad de agua y la misma cantidad de aceite y cuando le pegas con esto (la muñeca), te tiene que quedar rojo y las manos brillosas". Cuando cocina con su madre, Victoria hace todo sola, menos acercarse al horno. "Yo lo haría sola, pero mi mamá todavía no me deja".

Vivir de la música.

Lara Galarza agarra un micrófono, lo enchufa a un parlante, le regula el volumen y canta. Está en el living de su casa en El Pinar, pero no importa. Canta y sonríe como si estuviera en el escenario de Master Class o en cualquier otro. "Canto todo el día, pero a veces tengo que parar. Yo paso gritando y hablo súper fuerte, entonces me quedo disfónica súper rápido y eso es algo malo que debería empezar a controlar", dice y se ríe.

Eso era algo que Victoria Ripa, su maestra de Master Class, le decía siempre: "Que me abrigara, que me cuidara la voz, que tomara tecitos", recuerda Lara, que fue parte de la primera temporada del talent show infantil de Canal 12. Pero además, fue elegida como mejor compañera y como mejor alumna de la escuela. Es que, aunque acaba de cumplir 13 años, Lara canta como si tuviera años de experiencia en la música.

No sabe muy bien cuándo empezó a cantar. Su padre, Andrés, recuerda un día cuando Lara vio a un joven que llevaba unos auriculares muy grandes y estaba cantando ópera en italiano. "Era ella chiquita y lo miraba asombrada. Cuando veníamos para casa en el ómnibus, se puso a cantar para todos los que venían y me decían que pasara a pedir la moneda", se ríe Andrés. Junto a Patricia, su mamá, están orgullosos de su hija. "No sabíamos lo que teníamos en casa", dice, medio en broma y medio en serio.

Lo cierto es que Lara es la primera en la familia en querer dedicarse a la música. Antes de Master Class había estudiado solo un año de canto. Cuando vio la publicidad del programa, no dudó en pedirle a sus padres que la dejaran inscribirse. Ella se "tenía fe" y Patricia y Andrés también.

Durante los tres meses que duraron las grabaciones, Lara no tenía mucho tiempo para otra cosa que no fuera el liceo y el programa: "Como nos quedaba bastante lejos el canal de casa, teníamos una hora para ir y una para volver. En el tiempo que me quedaba hacía los deberes. Por suerte nunca bajé las notas del liceo", cuenta. Sin embargo, a pesar del cansancio y el sacrificio, para ella y para sus padres, "valió la pena el esfuerzo". "Tengo a 15 amigos nuevos que son re-especiales y estamos todos para ayudarnos, aunque a veces nos peleamos, porque somos niños, pero somos todos re-amigos", dice.

Ahora, a cada lugar que va, alguien la reconoce. "Me han pedido fotos, autógrafos y videos y, está demás. Hay una nena que vive cerca de mi casa que se llama Celeste y es chiquitita. La otra vez la vi en el almacén y me miraba raro. La madre me dice: Es tu fan, y me pidió que le mandara un video para el cumpleaños. Después me contó que se pasaba mirándolo y que se ponía re-contenta y me puse re-feliz".

Lara quiere ser artista. Sabe que es difícil pero se está formando para eso. Va a clases de canto y de piano a la escuela Casablanca e incluso está probando escribir sus propios temas — aunque todavía no se anima a mostrarlos—. Además, con algunos de sus amigos de Master Class están por formar una banda, Brownie Pop, y los 16 niños de la primera temporada siguen cantando juntos, especialmente en beneficios.

Ella tiene un sueño: cuando "sea grande" quiere poder dedicarse y vivir de la música.

Amor por los problemas.

A Ignacio Porcelli (11) siempre le gustaron los números. Tanto es así que el año pasado, sobre fin de año, su mamá, Micaela, le ofreció para ir a una profesora particular para formarse mejor. De esta forma, Ignacio llegó a las clases de Natalia Colino, quien se dedica a entrenar a los niños para las competencias de Matemática.

Ese año Ignacio obtuvo el cuarto puesto en su nivel —1B, que corresponde a niños de quinto grado de Primaria — en la Com-partida de Matemática, una instancia que se realiza en Uruguay desde 1992.

Pero eso no fue todo. En abril de este año participó en el Torneo Canguro Matemático, una competencia internacional que se realizó en abril y convoca a niños de todo el mundo. En esta instancia, quedó en tercer lugar a nivel nacional.

Ignacio dice que al principio de cada competencia, cuando se enfrenta a la prueba y empieza a leer las preguntas se pone un "poquito nervioso", pero después comienza a analizar los problemas y se siente mejor. "Si me tranco me pongo nervioso de nuevo. En las del año pasado me pasó de ver un ejercicio relacionado a la geometría que no tenía idea de cómo agarrarme entonces no lo pude hacer. Me gusta la geometría pero no de la manera que estuvo planteado. Me gustan más los problemas lógicos", cuenta.

Hay una cosa que Ignacio tiene clara: cuando crezca quiere estudiar cualquier cosa que tenga muchos números y esté relacionado a la matemática. Pero también tiene otro objetivo: "Me gustaría ser médico de la columna porque mi mamá tiene una enfermedad y quiero curarla".

Un día para todos los niños del mundo.

La celebración del Día del Niño no es nueva. Después de la Segunda Guerra Mundial, empezó a surgir la necesidad de proteger a los más chicos. De esta forma, en 1954, la Asamblea General de las Naciones Unidas pidió que se instituyera en todos los países del mundo un Día del Niño y sugirió a los gobiernos que lo celebraran en la fecha que cada uno de ellos pensara conveniente. "A partir de 1956, se instituya en todos los países un Día Universal del Niño que se consagrará a la fraternidad y a la comprensión entre los niños del mundo entero", dice la resolución.

Familias que se sienten orgullosas.

"Como madre es difícil porque yo lo viví con mi hermana (Erika) y sé todo lo que implica el sacrificio. Me pongo muy nerviosa a veces, pero es algo muy lindo también. Yo me la imagino en un podio cantando el himno nacional y me muero", dice Leslie Graf, madre de Micaela Sierra. Es que, como a ella, las familias de todos estos niños se sienten orgullosas de sus logros y los apoyan en cada momento.

Así, Andrés, padre de Lara Galarza, dice que cuando fueron al casting de Master Class, él sabía, estaba seguro de que su hija iba a quedar seleccionada: "Yo le tenía toda la fe, le tengo toda la fe para que ella llegue a ser lo que quiera". Pero no solo son los padres. "Para mí él es mi chiquito, mi bebé y seguía siendo ese chiquito hasta que lo vi parado en el Teatro Solís y me morí de la emoción, lloraba, se me llenaba el corazón de orgullo", dice Martina, que tiene 17 y es la hermana mayor de Renzo Lima.

Lo que los más chicos dicen sobre su pasión: entrega y sueños.

Renzo Lima: "Actuar con la Comedia Nacional fue una oportunidad única. Mucha gente me decía que hay adultos que se esfuerzan mucho para llegar a eso y yo siendo un niño lo logré. Es increíble, lo valoro mucho".

Victoria Lánchez: "En la clase de cocina son más varones que nenas. Siempre cocinamos dos cosas y mientras esperamos a que estén prontas Diego (Ruete) nos cuenta historias de castillos y esas cosas".

Lara Galarza: "Quiero poder dedicarme plenamente y únicamente a la música, al canto, al piano, a componer. Solo eso. No me gustan mucho mis letras pero sé que soy chica y tengo que madurar esa parte de escribir".

Ignacio Porcelli: "De chiquito me di cuenta de que me gustaban mucho las matemáticas y los números. Quiero estudiar algo que se relacione con eso y ser médico de la columna para ayudar a curar a mi mamá".

Micaela Sierra: "Empecé a nadar en enero de 2013 y en febrero fue el Campeonato Nacional. Gané en pecho y ahí me empezó a gustar. Primero quería que terminara el verano y luego que llegara rápido para nadar otra vez".

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