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Parejas en problemas

Los cambios culturales y la tecnología traen dificultades a la vida en común.

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Cambios culturales y tecnológicos suponen nuevos desafíos para parejas.

Me encanta vivir con él", dice Valentina (23) con soñadora convicción. Hace apenas dos meses que vive con su compañero, Diego (31), pero llevan una relación de dos años. Ambos estudian Ciencias de la Comunicación y quieren ser periodistas, pero de momento sólo Valentina ha conseguido trabajo como tal. Diego se gana la vida en un supermercado, con lo que logra un razonable ingreso fijo pero lejos de lo que le gustaría hacer. Pero los dos son optimistas, planes no les faltan y la aventura de la convivencia es lo mejor que les ha ocurrido.

Una pareja al comienzo del camino tiene todo por delante. Para ellos el capital más importante son los sentimientos. Muchos expertos en relaciones de pareja coinciden en que las uniones más allá (o más acá) de la libreta de matrimonio conllevan altos grados de compromiso, aunque las concepciones más tradicionales sigan apostando a las ligazones maritales. Un importante número de parejas jóvenes opta, al igual que Valentina y Diego, por esa suerte de "convivencia a prueba" como modelo sujeto a ensayo y error.

"Lo que nos planteamos fue ver cómo funcionaba, ya que de alguna manera convivíamos pero no formalmente y queríamos probar esta experiencia", cuenta Valentina.

La convivencia requiere de un largo periodo de adaptación, en el que ambas partes deben ceder para buscar el camino del medio. "Al principio hubo ajustes que hacer, él es muy ordenado y yo soy terriblemente desordenada, de manera que nos hemos adaptado un poco, cediendo de los dos lados", explica.

Las parejas modernas se enfrentan a nuevos desafíos, muchos vinculados al carácter provisorio de las relaciones, una suerte de "ensayo y error" que los integrantes se proponen sin culpas como modo de experimentar la unión antes de pensar en el matrimonio. Según varios expertos, las dificultades más frecuentes están hoy vinculadas a los problemas de comunicación, la absorbente inserción laboral, los apremios económicos, la insatisfacción sexual y la distribución de las tareas domésticas.

Este último punto, el del reparto de las tareas, puede resultar medular al punto de que una asignación que recargue más a uno que a otro llegue incluso a hacer naufragar una relación.

En ese sentido, el ejemplo de Valentina y Diego parece ilustrativo. Los acuerdos son sencillos, pero eficaces. Los gastos se dividen por la mitad y se pagan con los respectivos ingresos. Las tareas de la casa son compartidas, Valentina cocina y Diego se encarga de la limpieza. De este modo, ambos sienten que las cosas están bien definidas y no hay sorpresas. Sin embargo, no todas las parejas lo tienen tan sencillo y claro desde el arranque. De hecho, muchas uniones, de hecho o consagradas por la ley y la religión, fracasan debido a los desencuentros.

Nuevos paradigmas.

La concepción de la pareja, la noción del matrimonio incluso, ha cambiado drásticamente en los últimos años. El psicólogo Álvaro Alcuri, terapeuta gestáltico especializado en relación de parejas, apunta a los nuevos paradigmas que están en juego.

"En el Manual del Amor y la Culpa yo escribí una ficción donde se cuenta lo que le ocurre a una pareja cuando se rompe el manual que tenían para convivir y se quedan sin reglas para el resto de sus vidas, y entonces se ponen a buscar cuáles son esas reglas —sostiene Alcuri—. Bueno, precisamente eso es lo que nos ha pasado, ya que los paradigmas han cambiado, el sexual, el del amor romántico, el de la inserción laboral, todos los paradigmas han cambiado. Tiramos al diablo una forma de vivir durante miles de años y en apenas treinta años hemos desarrollado una nueva, en consecuencia nadie está satisfecho".

Curiosamente, señala el profesional, sobrevive la idea de que el matrimonio se construye sobre los mismos pilares que hace dos siglos, con la consagración del matrimonio burgués durante el siglo XIX.

"No creemos en la construcción de la pareja tal como la creían nuestros abuelos. Ideas como las del amor romántico son tremendamente ingenuas y terminan por no funcionar. Nuestros abuelos no creían en ese paradigma, basaban sus relaciones en otros pilares y estas tendían a durar más", señala Alcuri.

Guiados por estas nuevas concepciones, parejas como las de Valentina y Diego son más conscientes del grado tentativo de su relación. "Nuestra idea es probar por un año y ver cómo nos va, después pensaremos en casamiento. Por el momento creo que la convivencia ha sido positiva", dice Valentina.

Sobre el carácter provisorio de las relaciones modernas ha escrito en forma abundante el filósofo Zygmunt Bauman.

"Uno puede en todo momento llevar adelante las cosas sólo hasta próximo aviso. Simplemente probar, ver cómo va, y si se da fácilmente, de acuerdo, se continúa. Si no, a la primera dificultad que uno encuentre, siempre se puede marchar a otra parte", reflexionaba Bauman.

Ese carácter provisorio parece teñir toda la vida moderna y, particularmente, el universo de las relaciones.

"El casamiento no es algo que nos preocupe, no lo hemos hablado, si lo hiciéramos sería para tener una excusa para festejar, no se me ocurre para qué más", dice Alejandra (24) que lleva tres años de convivencia con su pareja, Juan (24).

Otros problemas son los que desvelan a Alejandra. Trabaja en comunicaciones y tiene el ingreso fijo de la casa, en tanto Juan estudia sexto año de Medicina. "Entre los problemas que veo en el futuro está el de vernos menos, el año que viene empieza con el internado y sé que voy a pasar tiempo sin estar juntos. Espero que eso lo podamos resolver bien", dice.

Las dificultades de comunicación son, precisamente, uno de los ejes de los problemas que suelen llegar al consultorio de los terapeutas. "La forma en que estoy trabajando ahora con las parejas resulta imposible de colocar en un carril teórico, ahora me dejo llevar más por lo que observo en cada caso", explica el psicólogo Alfredo Vares, quien convencido de su modalidad de enfoque terapéutico ha decidido desechar, precisamente, el término de "terapia" para sustituirlo por el de orientador de parejas.

"Lo primero que hago es observar la comunicación que tienen entre ellos y la que tienen cada uno de ellos conmigo, y en base a eso trato de reorientar las conversaciones. Por eso yo prefiero hablar más de orientación de la pareja que de una terapia", explica Vares.

En ese sentido, el veterano experto procura dar una "facilitación de las comunicaciones, después cada pareja verá qué es lo que hace con esas herramientas".

De esas primeras observaciones el terapeuta debe diferenciar si se trata de un núcleo integrado sólo por una pareja, o si se suman los hijos. "Una cosa es la pareja en sí misma, otra cosa es la pareja como parte de una familia", apunta Vares.

La diferenciación no es menor. La excesiva preocupación por la suerte de los hijos en todas las etapas de desarrollo lleva a muchas parejas a olvidarse de sí mismas, dice el especialista. "Y eso es un grave error que se paga caro", agrega.

"Es muy común escuchar decir que tendría que haber una escuela de padres, y yo digo que lo que tendría que haber es una escuela de parejas integradas a una familia. Si los integrantes de la pareja están felices, esa felicidad se va a trasladar al resto de la familia", opina Vares.

En todos los casos la vida sexual es otro de los componentes clave para la vida en común.

El fuego secreto.

"Es común escuchar en la consulta sexológica a las parejas relatar con añoranza aquellos primeros años del vínculo en los que fueron cómplices de la magia que se producía en cada encuentro íntimo", señala el doctor Santiago Cedrés, médico internista y sexólogo clínico.

"Concurren en busca de aquello perdido, cuando no tenían tanto trabajo, cuando no tenían hijos, cuando todo era novedoso. El miedo a que el vínculo no se sostenga es el móvil que muchas veces genera tal pedido de ayuda", añade.

Cuando el especialista escucha estos planteos y comienza a indagar en ellos es frecuente, asegura, que las mujeres comiencen a detallar la larga lista de quehaceres domésticos que llevan a cabo diariamente, y en contrapartida lo poco que dedican a su intimidad.

"Al asumir con excesiva dedicación unos roles dejando de lado otros, estos últimos sufren déficit. Los seres humanos somos muy complejos y en el vínculo de pareja se conjugan múltiples aspectos que lo determinan. El rol que cada uno de los miembros de la pareja mantiene dentro del hogar podría llegar a influenciar en lo relativo a las fantasías", apunta Cedrés.

El médico recuerda que el motor de la sexualidad no es otro que el cerebro, la llave maestra del deseo en una pareja. "Muchas veces el nivel de deseo sexual es el barómetro de la salud emocional de la relación", apunta el médico.

Cedrés sostiene que una pareja que considera su sexualidad satisfecha tiene también una mejor estrategia de comunicación y resuelve mejor sus problemas.

Pero entre los factores que conspiran contra una buena sexualidad el médico identifica a la preservación del espacio dedicado a la intimidad en el hogar. "La demanda explícita de otros aspectos de la vida, a lo que se le suma la idea de que el deseo sexual es algo que puede desaparecer de forma repentina, hace que las parejas pongan poco esmero en dicho aspecto fundamental de la intimidad", sostiene.

"Lo que más conspira a veces en la vivencia de la sexualidad de la pareja es el tema de la rutina. Algo recurrente en la consulta es sobre la falta de deseo en relación a la rutinización del encuentro sexual: es que ya probamos de todo, comentan. El conocimiento del libreto propio y del otro es lo que muchas veces mata al deseo", explica el experto.

El motor de la vida sexual se encuentra en el deseo, cuya arquitectura aún es explorada por la neurología, la sexología y la psicología. Cedrés señala que "el deseo como una de las fases de la respuesta sexual reviste cierto grado de complejidad".

"Investigaciones recientes apuntan a buscar las claves del deseo en los llamados inductores del deseo", sostiene.

Los inductores se agrupan en dos grandes categorías: los internos —las fantasías, los recuerdos de todo tipo asociados al placer—; y los externos —una caricia, una imagen, una palabra—, explica el sexólogo clínico.

El diagnóstico indica que cuando falla la vida sexual, esto ocurre muchas veces en consonancia con otras fallas. La pérdida del afecto, del compañerismo, de la admiración por el otro, sumado a las dificultades de comunicación suelen acompañar o estar presentes en el cuadro.

De todas formas, la apertura hacia el diálogo en torno a temas que hasta hace no mucho eran considerados como un tabú suponen una ventaja. "Hace unos años la represión era la característica principal, fundamentalmente en el género femenino. Por suerte la sexualidad ahora se hace más evidente, la pareja cuenta con mejores estrategias para poner nombre a lo que le pasa, lo que permite vivir una sexualidad en mejores condiciones", recuerda Cedrés.

Tanto Valentina y Diego, como Alejandra y Juan, viven la aventura de la convivencia sin pararse en grandes planes. No obstante, aún existen aquellas parejas que planifican y cimientan ladrillo por ladrillo sus futuras vidas en común.

"Todas las familias felices se parecen unas a otras; pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada", comenzaba la inmortal Ana Karenina, de León Tolstoi.

¿Socios o enemigos?

En ocasiones la pareja se convierte en un dúo de opuestos que compiten por su primacía. El ánimo de competencia, señalan los estudiosos, está presente en casi todas las esferas humanas, más allá del deporte que es como su ámbito natural. "Cuando los integrantes de la pareja entran en competencia todo indica que algo de la constitución de esa pareja no estaba funcionando bien desde el principio", señala el terapeuta Alfredo Vares. Profesiones similares, lugares de trabajo en común, estudios, nivel de ingresos pueden convertirse en elementos de competitividad entre los miembros de la pareja. Pero los estudiosos de las relaciones coinciden en que ello es, a la larga, terriblemente nocivo para la salud de la vida hogareña. "Lo económico debería ser solo el reflejo de la capacidad de integración social, nunca un factor de competencia", apunta el terapeuta consultado. De hecho, según su experiencia, quienes transitan por ese camino plagado de pujas internas terminan por desembocar en una crisis de muy difícil retorno.

Creencia en matrimonio se fortalece.

En una encuesta realizada por Pew Research Center en 2011 el 61 % de quienes no están casados en EE.UU. dijo tener planes de hacerlo algún día. Una pareja de expertos intentó responder a esta peculiaridad en un libro de 500 páginas titulado The Marriage Book (El Libro del Matrimonio). Lisa Grunwald junto a Stepehn Adler revisaron la vida en pareja desde ángulos históricos y sociológicos. "Pese al desaliento que las parejas puedan sentir al contemplar las posibilidades de comprometerse, la gente todavía quiere creer en el romance, en la idea de contar con alguien con quien compartir la vida y el amor", señaló Grunwald en una entrevista concedida al diario El Mercurio. Como novedoso, en la obra mencionada los autores señalan que "la promesa de fidelidad y compromiso de permanecer unidos ahora es entendida mejor que antes, ya que cada pareja trata de ayudar al otro a mejorar su vida, dejando atrás aquel status quo ancestral en que la mujer al casarse consumaba todas sus aspiraciones".

Por el impacto de las redes sociales "ahora se ve más todo".

"El uso de redes tiene múltiples impactos, cada vez más las relaciones se inician a través de ellas, algo que hace sólo quince años era impensable o directamente inexistente", señala el psicólogo Roberto Balaguer, especialista en el tema. El experto distingue entre dos tipos de redes, las convencionales como Facebook que reúnen a amigos o conocidos, y las dedicadas a "conocer" futuras parejas. "Bueno que se conozcan entre comillas, quiero decir en lo previo al encuentro cara a cara", apunta Balaguer. "Las redes han cambiado bastante la percepción del otro como alguien más accesible y fácil de llegar, hay una sensación de mayor disponibilidad", explica. "En cuanto a la forma de conocerse, no es muy distinto a lo que sucede en un boliche y cuando te volvés a encontrar con la persona el domingo al mediodía es otra cosa completamente distinta, aquí pasa algo parecido", dice. "Las personas muestran su mejor plumaje ya que esto es parte del flirteo, algo que compartimos con las otras especies", añade. En su lado negativo las redes también pueden alimentar los celos. "Antes pasaban más desapercibidas estas cosas, pero ahora se ve todo", apunta.

MATRIMONIOS.

Longeva historia de amor.

"Nos conocimos a los 18 años y nos casamos a los 21. Fue en el año 1950, un año muy especial, Uruguay salió campeón en Maracaná, y yo pude entrar al Poder Judicial por un concurso de oposición y méritos. También entré en la Facultad de Derecho y fue allí donde conocí a la que sería mi esposa", así recuerda Ángel Ruocco (84) su historia en común con Ivonne (84). Reconocido como crítico gastronómico, Ruocco tiene una larga trayectoria periodística que construyó casi al mismo tiempo que su matrimonio, que ya cumplió 63 años. Con tres hijos y cuatro nietos, Ruocco se complace en recordar sus primeros años. Su padre había comprado una estación de servicio en cuyo predio había una pequeña casa. "Cuando la vi dije esa es nuestra casita y allí nos fuimos a vivir finalmente", dice. Su felicidad parecía contagiarse por los cuatro costados, el país vivía un momento de esplendor y aunque vivían sin lujos, no pasaban por estrecheces. "Estábamos enamorados, lo cual facilitaba mucho las cosas para la convivencia. Yo ya tenía trabajo, teníamos la casita", rememora. Su vínculo con la gastronomía viene de familia. Su abuelo materno poseía en España una "venta" (parador) "como las del Quijote", un negocio que la familia tenía desde 1750. Cuando llegó a Montevideo a principios del siglo XX instaló un restaurante en la Plaza Independencia. "Mi abuelo fue el que me inició en los placeres de la buena mesa, me llevaba a comer a Morini, a El Águila", cuenta. La cocina tuvo un papel preponderante en su matrimonio. Ruocco recuerda el primer plato que le ofreció su esposa, un puchero, y el fracaso que resultó. "Esto se tiene que solucionar, me dije, entonces la traje a mi abuela (materna) y le enseñó a cocinar, aprendió enseguida y se convirtió en gran cocinera también", cuenta ahora con humor. Durante años el suyo fue un matrimonio nómada, vivieron en seis capitales europeas donde ejerció como corresponsal de servicios de noticias. "Había separaciones de a veces hasta dos meses y después el reencuentro retomaba los lazos juveniles con la misma pasión, como si no hubiera pasado el tiempo. Yo creo que eso terminó por ayudar mucho a la pareja", dice Ruocco. Después de todos esos años "nos entendemos con una mirada", dice.

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