COMPORTAMIENTO

La era de la pareja-app

Con filtros cada vez más específicos muchas personas buscan al candidato perfecto con mucha analítica y creciente insatisfacción.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Por Tinder se concretan un millón de citas presenciales al día .

Lógica uno: Si yo estoy en Tinder, ¿por qué no voy a encontrar ahí a otra persona como yo? Lógica dos: Conocer a alguien a través de una aplicación puede ser arriesgado, pero ¿no lo es también salir con un hombre al que apenas conoces en un bar?

Carolina Hidalgo, 27 años, odontóloga, pensaba que Tinder era, básicamente, una aplicación para conseguir sexo casual; un lugar virtual al que llega —dice— "gente medio extraña". Pero un día, animada por la lógica número uno, decidió entrar. "Hace poco había terminado una relación, y entonces uno piensa: quiero conocer a alguien, salir, no ir de la casa al trabajo todos los días. Una amiga, que había vivido tres años con alguien a quien conoció por Badoo, me recomendó estas aplicaciones. Su historia me hizo cambiar mi prejuicio, y, así, me metí a Tinder. La gente lo relaciona mucho con encontrar una persona para la noche, y eso me parece súper válido, pero no era lo que yo estaba buscando. Al final, uno le da el uso que quiera".

Luego de tres semanas apareció él. Un ingeniero civil industrial, algo mayor que ella. Desde el comienzo sintió la necesidad de hablar más. Vivían cerca, tenían gustos parecidos. Tras el usual trayecto Tinder-Facebook-WhatsApp se juntaron en un café, después del trabajo. Era la primera vez que ella conocía en persona a un match de Tinder. Al poco tiempo, Carolina y el ingeniero decidieron abandonar la aplicación. ¿Para qué seguir? Ya estaban juntos. Habían encontrado lo que buscaban. De eso han pasado seis meses.

"Lo contamos abiertamente. Y cada vez que lo hacemos, la gente nos dice que saben de otras parejas que se han conocido así. Es algo normal y aceptado, muy de ahora. No es nada malo", agrega.

Si esto ya es un hábito instalado en su círculo de amistades, con mayor razón lo es en el primer mundo: según un estudio de la Escuela de Psicología de la Universidad de Chicago, entre 2005 y 2012 cerca del 34 por ciento de las parejas casadas se habían conocido en línea. Entrevistada por The Seattle Times, una joven de 27 años confirma: "Seis años atrás decir que habías conocido a alguien a través de OK Cupid daba un poco de vergüenza. Pero hoy todo el mundo te pregunta: ¿se conocieron en Tinder o en OK Cupid? Y si decías que todo había comenzado offline, el comentario es: ¿Qué? ¿En la vida real?".

La ansiedad de la búsqueda.

Conocer personas de modo virtual no es nuevo. A fines de los años noventa, salas de chats —como ICQ, Match.com y hasta Messenger— congregaron a miles de parejas en todo el mundo. Entonces ya se hablaba de los peligros de esto. Lo primero: que la imagen mostrada no coincidiera con la persona real (el fiasco clásico) o que el otro finalmente resultara ser un psicópata (posibilidad siempre recordada por psicólogos, investigadores de nuevas tecnologías y personas mayores).

Pero también comenzó a discutirse sobre otro tipo de riesgos, más sutiles, que afectan a la mayoría de las personas. Por ejemplo, que la gente mienta sobre su edad, profesión o estado civil. O que la natural ilusión romántica, alimentada por la comunicación mediatizada, dé paso a profundas decepciones.

La irrupción de los teléfonos inteligentes no solo masificó el fenómeno, riesgos incluidos, sino que además cambió el modus operandi de las citas en línea. El antiguo sistema de búsqueda a través de páginas web se hizo muy lento para una cultura que pide cada vez más inmediatez, porque exige demasiado strolling (moverse con el cursor dentro de la página). Paralelamente, tecnologías basadas en algoritmos, que permiten cruzar datos para buscar coincidencias, estimularon el surgimiento de una gran cantidad de aplicaciones capaces de filtrar a los posibles candidatos. ¿Los solteros disponibles en los chats clásicos están demasiado lejos? Tinder los busca en un radio específico de kilómetros, gracias a la posibilidad de geolocalización que ofrecen los teléfonos. ¿Los contactos no pertenecen al mismo estrato socioeconómico? Luxy se centra sólo en personas que tienen un alto nivel de vida. ¿Quiero buscar gente que tenga intereses similares? Para eso está Modo Play. Y así. Las opciones son muchísimas. Y los filtros, cada vez más específicos: ¿Quiero conectar con alguien en el mismo avión en el que estoy viajando? Entonces bajo Wingman.

Solo en Tinder, una de las aplicaciones más masivas, se producen cada día alrededor de 26 millones de matches —sugerencias de contacto— en todo el mundo; de ellas, cerca de un millón se convierten en una cita presencial. No es poco.

El fenómeno ha agarrado tal vuelo a nivel internacional, que, según The Cassandra Report (informe bianual de tendencias con sedes en Estados Unidos y Europa), el 59 por ciento de jóvenes a nivel global desea que las marcas tengan aplicaciones orientadas hacia la búsqueda de pareja. Por ejemplo, Absolut creó Hoppr, sistema que avisa dónde hay fiestas abiertas a todo público donde se está tomando ese vodka, con una salvedad: el anuncio llega solo si, a través de una interfaz similar a Tinder, dos individuos mostraron interés el uno por el otro.

En Uruguay el fenómeno también penetró, en especial en la capital (ver recuadro). Y, según expertos, va a seguir creciendo. "Será cada vez más común que vayan creciendo estas plataformas y que una gran cantidad de personas le pierda el miedo a estas experiencias", opina Martina Piña, investigadora de Tren Digital think-tank de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Católica de Chile.

Según Javier Vásquez, del mismo think tank, la tecnología siempre avanza y tiene algo nuevo para ofrecer a sus usuarios, por lo que las herramientas solo pueden complejizarse. "Si hoy las aplicaciones de búsqueda de pareja te dicen hay 100 personas a 10 kilómetros que podrían salir contigo, te van a decir algo como hay diez personas con las que podrías estar en menos de 30 minutos", ejemplifica.

Aceptación.

Aunque las viejas preocupaciones —como la seguridad de los encuentros— siguen en pie, ha aparecido un nuevo foco de atención entre los estudiosos de las TICS (tecnologías de la información y comunicación): los efectos del abuso del sistema. Los teléfonos inteligentes y su permanente oferta de conexión están cambiando las relaciones humanas, desde el vínculo padres-hijos hasta la manera en la que se entiende la amistad y, por supuesto, la pareja. Y esto está teniendo costos.

La sobreoferta, que pone a la infidelidad a un swap de distancia, es lo primero. El swap, para los no iniciados, es el acto de mover la foto de perfil arrojada por el sistema, hacia la izquierda si no te gusta; a la derecha si la apruebas. Se trata de un verdadera vidriera o algo así como hacer zapping de hombres y mujeres, expuestos como ganado en una feria agrícola.

Las personas siempre han tendido a creer, como se dice coloquialmente, que "el pasto del vecino es más verde". ¿Qué pasa si esta manera de funcionar se lleva a las redes sociales? La verdadera diversión parece estar en otro lado, en esa fiesta cuyas fotos están siendo posteadas minuto a minuto en Instagram, y no donde se está. Del mismo modo, la pareja "ideal" surge como una tentación constante, posible de encontrar en otro lado. El amor de su vida puede estar frente a sus narices, pero no lo ven. "Típico que estás con tus amigos y los ves todo el rato en sus teléfonos haciendo next, next, next, como diciendo a ver si me sale algo. A veces se van a otro lado a juntarse con alguien. Esto lo veo más en hombres, en todo caso", describe Carolina Hidalgo.

El fenómeno es estimulado, paralelamente, por el factor adictivo de las redes sociales: está comprobado que los likes de Facebook generan una respuesta placentera a nivel cerebral, asegura la psicóloga Daniela Toro, y esto puede extrapolarse a lo que sucede cuando las aplicaciones de búsqueda de pareja te muestran que has sido "escogido". Por eso, a veces no es romance o sexo lo que se busca, sino simplemente gratificación, del mismo modo en el que, por ejemplo, se gana puntaje en un videojuego. La profesional explica: "Mucha gente entra en estas aplicaciones para ponerse a prueba, para ver qué tanto la aceptan. Es una manera de buscar refuerzo que se potencia por la conectividad permanente. Pero esa aprobación se sustenta en una ilusión, no es confiable. Se basa en lo que yo quiero mostrar y en la proyección de lo que la otra persona ve en mí". 

Tinder triplicó los usuarios en Uruguay.

En 2014 había usado Internet para buscar amigos o pareja (la pregunta del estudio era así pero apuntaba más a lo segundo) 22% de los usuarios de la Red de Uruguay, según el Perfil del Internauta que elabora Grupo Radar. Esa proporción representa unas 220.000 personas. El año pasado había en Montevideo unas 25.000 personas que decían ser usuarias de Tinder (todas residían allí y no había diferencia entre nivel socioeconómico), según el Perfil del Internauta 2015. Ellos representaban 2% de los usuarios activos de Internet en el país.

En un año esto se triplicó, dice Alain Mizrahi, director de la consultora. Un nuevo estudio realizado en julio de este año indicó que más de 70.000 personas entre 15 y 70 años tiene cuenta en Tinder (esa cifra representa 8% de los usuarios).

"El aumento se produjo, es claro", señala Mizrahi. "La cuestión es si es porque realmente se incrementó el número de usuarios, porque cada vez se considera menos políticamente incorrecto admitir que se tiene una cuenta en esa red social o por ambos factores", afirma el director de Grupo Radar.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)