TECNOLOGÍA

¿Papel o pantalla? Los jóvenes sáben cuándo usar uno u otro

Dos docentes uruguayas investigaron la forma en que los adolescentes utilizan las antiguas y nuevas tecnologías en el aula. Y encontraron que ellos conocen bien cómo, en qué momento y por qué utilizar cada soporte.

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Un aula con papel y computadoras: las herramientas pueden combinarse

LUIS PRATS

Cuidado con los prejuicios, sobre todo en la educación: ni el libro de papel y el cuaderno han sido barridos por las nuevas tecnologías, ni las computadoras eliminan el análisis y la discusión para elaborar los trabajos. Y todo por decisión de los propios jóvenes, aunque siempre viene bien la orientación y el consejo del docente.

Esta es la conclusión principal de la investigación realizada por las profesoras Dánisa Garderes y Sonia Scaffo con varios grupos de alumnos adolescentes de Montevideo. Los objetivos de esa tarea, el enfoque del relevamiento y sus resultados quedaron plasmados en el libro Leer y escribir. Adolescentes ante el papel y la pantalla, publicado recientemente por la editorial Planeta.

El Plan Ceibal ha proporcionado una laptop a cada alumno. Esto pone al alcance de los jóvenes nuevos entornos para leer y escribir, completamente diferentes a los tradicionales ("analógicos", según la definición utilizada). Y al mismo tiempo cambió las prácticas de lengua escrita, aunque sobre el alcance de esta última consecuencia a menudo hay visiones estereotipadas o apresuradas.

En todo caso, ha cambiado el concepto de alfabetización: no alcanza con saber leer y escribir, sino poder utilizar todos los soportes, todas las tecnologías. "La velocidad de cambio es tan grande que hay que prepararse para seguir aprendiendo", sostienen las autoras.

Complementar.

"Una mirada superficial tiende a irse a los extremos: ver todas las soluciones solo porque es la tecnología, o ver todas las soluciones a través de mantener formas culturales como el libro impreso", asegura Scaffo, magister en Educación, consultora de la Unesco y de extensa trayectoria en dirección de postgrados.

Esta investigación, a su juicio, puede aportar evidencia de que los estudiantes tienen clara la posibilidad de complementar las dos herramientas, "si son orientados, inducidos o puestos a pensar en esto". "Y, de hecho, ambas son complementarias", puntualiza.

Garderes (profesora de Lengua y Literatura, magister en Tecnologías de la Educación y máster en Educación), añade que los jóvenes consultados para la investigación eligen qué tipo de soporte usarán para leer y escribir de acuerdo con lo que buscan. "Hay que prestar atención para qué ellos están leyendo o escribiendo. En función del objetivo, ellos eligen la herramienta", señala.

"Cuando el objetivo principal de la práctica de lectura es recabar información, lo habitual es que prefieran un medio digital porque permite mayor acceso y más rápido a la información que el papel. En cambio, si lo que pretenden con su lectura es comprender un concepto, estudiar o incluso disfrutar de la lectura recreativa, eligen en general los medios en papel", precisa.

Metodología.

La investigación de campo fue realizada por Garderes con un criterio de base: se trata de estudiantes de lengua o literatura de Montevideo, cuyos docentes utilizan tanto el papel como la pantalla según sus objetivos didácticos.

"El tipo de metodología que utilicé no aspira a ser algo representativo, sino que busqué profundizar para realmente comprender lo que ocurría en las prácticas", explica. Además, comprobó que la mayor parte de las investigaciones que están en la misma línea metodológica que la suya registraron resultados similares.

De las entrevistas con los estudiantes, Garderes encontró que valoran mucho la tecnología para mejorar su ortografía, un tema crítico entre los jóvenes de hoy. "Ellos son conscientes de ese problema y han aprendido a utilizar diccionarios en línea, diccionarios de sinónimos, los correctores ortográficos de los procesadores de textos", asegura.

Eso les permite, cuando observan un error, recurrir al botón derecho del mouse para observar las palabras que ofrece a cambio el procesador y entonces corregir lo que están escribiendo. "Cuando esto ocurre en escritura colaborativa, en trabajos de a dos o de a tres, se crea una instancia muy rica de discusión y negociación para saber cuál es la palabra correcta. Es una oportunidad de aprendizaje lingüístico maravilloso", enfatiza.

No solamente los profesores consultados se mostraron de acuerdo con ese método, sino que los alumnos que mejor lo manejan responden a una guía anterior del docente, que les explicó cómo usarlo en toda su potencialidad.

Las autoras también descubrieron en muchos jóvenes un interesante enfoque del tema de la autoría de los trabajos, en referencia al extendido (y criticado) sistema de "copiar y pegar". En ese sentido, buena parte los estudiantes consultados expresaron su preocupación por elaborar textos propios, consultando otros trabajos, por supuesto, pero también trabajando las citas y las referencias, tanto para expandir la posibilidad que representa consultar otros textos como para respetar el derecho de autor.

Herencia cultural.

Detrás de la investigación y sus conclusiones, hay un tema profundo de herencia cultural: el ser humano, a través de la civilización, descubrió nuevas tecnologías pero no por ello descartó definitivamente las herramientas anteriores.

"La antropología ha sido muy rica en mostrar que la herencia cultural es acumulativa. La combinación entre lo digital y lo analógico, para usar el término presente en la investigación, no debe ser entendido como que la humanidad va descartando lo anterior por lo nuevo y que la evolución cultural es pura sustitución", comenta Scaffo.

"Uno aprende a usar los artefactos de la época que le toca vivir, a darles sentido. Eso se va viviendo, practicando y transmitiendo a través de las generaciones. Se va ajustando, va cambiando. Se recibe toda esa herencia cultural y mientras los sentidos existan sería muy suicida para la humanidad decir: de aquí en más estos elementos de la cultura no tienen valor", apunta.

Para la investigadora, en un tiempo de cambios tan acelerado como el presente, "lo más interesante es saber reconocer lo que debe mantenerse de los artefactos culturales y lo que lleva un cambio. Eso es lo desafiante para la educación".

En ese proceso, es tan importante lo que los estudiantes hacen en el aula como en su hogar. "Los seres humanos aprendemos dentro y fuera de las aulas, sin que eso quite en un ápice el valor de la educación formal", dice Scaffo.

"Toda la vida es una oportunidad de aprendizaje. Se puede ejemplificar con el libro. Se aprende a leer en la casa, con el contacto con los libros y con la lectura que los mayores le hicieron a los niños. Si no ocurre eso, es muy difícil que el niño vaya adquiriendo el hábito de la lectura. Lo mismo pasa con las tecnologías. Ese uso social, cultural, que se le pude dar, combinado con lo educativo, le va abriendo oportunidades al joven. El sistema educativo le tiene que dar una impronta más específica".

La respuesta a este trabajo ha sido "muy buena", sostiene Garderes. "Muchos docentes se acercan y comentan la relevancia del tema. Y queda claro que están preocupados con el tema de la escritura y la lectura, con y sin tecnología. Nosotros lo hemos llevado a salas de coordinación de docentes. Y es muy rica la discusión que puede surgir a partir de este tema".

Una visión más amplia.

Las autoras Dánisa Garderes y Sonia Scaffo aseguran que su libro no se dirige solo a investigadores, ni siquiera al ámbito más amplio de los educadores. "Pretende ser un trabajo para un círculo de personas interesadas en los temas educativos. Provoca como padre, como madre, como ciudadano, como periodista, como educador, saber que la cultura tiene facetas complejas y se debe tratar de captar cada una en el momento para comprender más", señalan. "Es importante que uno se ponga a pensar en los grandes conceptos que hacen las políticas de educación y de socialización".

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