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La Palma, una isla mucho más que bonita

Apagada la erupción del volcán de Cumbre Vieja, este territorio canario trabaja por recuperar la normalidad. Y el sector turístico es una de las claves. Naturaleza y senderismo son sus atractivos. 

La Palma
La Palma

La Palma atesora algunos de los entornos naturales y rutas senderistas más espectaculares e interesantes del archipiélago canario. Declarada en 2002 reserva mundial de la biosfera, y conocida popularmente como Isla Bonita, se ha hecho justa merecedora de estos reconocimientos públicos, tanto por la excepcional y variada belleza de sus espacios naturales como, especialmente, por la singular biodiversidad de su flora y la gran variedad y riqueza de sus ecosistemas, que tientan a ser explorados de nuevo ahora que el volcán de Cumbre Vieja ha dejado de rugir.

A continuación, proponemos una selección de rutas pedestres, populares y emblemáticas que culminan después en alguno de los muchos lugares en los que reponer fuerzas será todo un placer para el paladar. Nos ponemos en marcha.

Árboles de hace millones de años

En La Palma se conservan algunos de los bosques de laurisilva más antiguos del planeta y se pueden conocer y recorrer. Hay dos grandes propuestas para hacerlo: la de los Tilos y los nacientes de Marcos y Cordero -dentro del parque natural de Las Nieves-, y la del Cubo de la Galga. La ruta larga de los Tilos -entre cinco y seis horas de marcha, y para senderistas expertos- se inicia habitualmente en la zona recreativa conocida como la Casa del Monte, hasta donde es posible llegar en 4×4. En su primera parte, atraviesa 13 húmedos túneles, siguiendo el canal que baja desde los nacientes de Marcos y Cordero; dos magníficos parajes donde el agua brota en espectaculares cascadas y torrenteras de las paredes de la ladera. Aunque hasta llegar a los manantiales buena parte del recorrido lo envuelve el bosque de laurisilva, es a partir de la segunda parte del mismo cuando la frondosidad y la magia de la selva húmeda se manifiestan en todo su esplendor.

Desde el centro de visitantes de los Tilos, al que también se llega en coche, es posible emprender diferentes caminatas más cortas; las cuales también adentran al visitante en el bosque de los Tilos y le conducen a la base de alguna cascada o a magníficos miradores, como el de las Barandas o el Espigón Atravesado. Pero la otra ruta que sumerge en el cautivador bosque fósil de laurisilva es la conocida como Cubo de la Galga. Existe un itinerario circular de 11 kilómetros -entre cuatro y cinco horas de duración-, y otra ruta de dos horas, más familiar y de ida y vuelta por el mismo sitio.

De volcán en volcán 

El tradicional itinerario que recorre el espinazo volcánico de La Palma, y que lleva desde algunas de las elevaciones mayores de Canarias hasta el océano, es otra de las grandes experiencias senderistas en la isla. Puede resultar de mayor o menor dureza dependiendo de si se completan o no los 25 kilómetros (seis u ocho horas, en total) que separan el refugio del Pilar, punto de inicio de la marcha, del faro de Fuencaliente, donde concluye (hay servicio de autobuses o taxis para regresar al punto de partida). O puede tomar dos horas si, por ejemplo, se empieza en Los Canarios, núcleo urbano de Fuencaliente, y se desciende hasta Las Salinas, pasando por los volcanes de San Antonio y Teneguía. Quien se incline por la opción larga vivirá una experiencia muy especial, pero también exigente. Disfrutará de unas privilegiadas vistas de impresionantes panorámicas de la isla; atravesará frondosos pinares, se asomará a cráteres de impactantes y calcinados colores, descenderá laderas de ceniza volcánica más fina que la nieve… Pero también deberá superar pronunciadas subidas -sobre todo al principio-, recorrer duros terrenos pedregosos y, en general, enfrentarse a un continuo rompepiernas.

Aunque después de la erupción del volcán de Cumbre Vieja el recorrido largo de la dorsal volcánica que acabamos de describir se vio primero suspendido y luego alterado; actualmente ya es posible disfrutar del tramo inferior de la ruta, el que va del volcán de San Antonio al faro de Fuencaliente. No tardando mucho será posible volver a realizar el camino completo, pudiendo ver entonces, desde las privilegiadas atalayas de las más altas y viejas cumbres del trayecto, el reciente cráter -ya inactivo, pero todavía caliente- y los inmensos campos de lava producto de las grandes coladas que, a finales del pasado año, desembocaron en el Atlántico y dieron origen a las enormes fajanas que todos hemos visto por televisión.

La Caldera de Taburiente, declarada parque nacional en 1954 y reserva mundial de la biosfera (junto al resto de la isla) en 2002, es, sin ninguna duda, el paraje natural emblemático y más conocido de La Palma. Tiene su origen en complejos procesos volcánicos, combinados con continuos fenómenos erosivos. Su parte más elevada, el Roque de los Muchachos, es la cota más alta de toda la isla (2.426 metros). Tanto su escarpado y vertiginoso perfil superior como su frondoso y accidentado interior -frecuentemente cubierto por un manto de nubes- ofrecen imágenes imborrables. Una de las mayores particularidades de la caldera la constituye su abundancia hídrica. De las paredes y rincones de la vieja caldera surgen infinidad de manantiales, torrenteras y cataratas que dan lugar a multitud de riachuelos y arroyos. La caldera se abre al mar por el barranco de las Angustias hasta culminar en la playa de Tazacorte.

Las propuestas senderistas que se pueden acometer aquí son muchas. Una de las más populares, pero larga, es la que va desde el mirador de los Brecitos hasta el barranco de las Angustias, un recorrido de seis horas de duración atravesando bosquecillos de brezos, fayales y pinos mientras se disfruta de miradores y cascadas. Otra opción igualmente espectacular es circular, mucho más fácil y corta (1,5-2 horas de duración): se inicia en La Cumbrecita, un alto al que, previa reserva, se puede llegar en coche desde el interesante centro de visitantes del parque.

El Roque de los Muchachos marca, probablemente, el enclave más notorio y llamativo de La Palma. Notorio porque, gracias a su elevada altitud, suele otear el paisaje por encima del manto de nubes que habitualmente cubre la Caldera de Taburiente y además, gracias a la absoluta limpieza de su cielo -casi libre de contaminación lumínica-, es uno de los principales centros de observación astronómica del mundo (La Palma fue la primera reserva reconocida por la fundación Starlight). Por cierto, el pasado diciembre se inauguró el magnífico y moderno centro de visitantes del Roque de los Muchachos, que no habría que perderse. El Roque de los Muchachos es también un lugar llamativo porque desde los diferentes miradores de esta privilegiada atalaya se tienen unas vistas auténticamente llamativas sobre la caldera, la isla y el archipiélago canario (en días despejados se alcanza a ver Tenerife, La Gomera e incluso El Hierro).

Animarse a hacer una ruta por la cornisa de la caldera es algo recomendable, y las posibilidades son tantas como se quiera, en tiempo y dificultad. Desde un tranquilo paseo panorámico para gozar de las impresionantes estampas paisajísticas y del futurista escenario que componen los más diversos tipos de telescopios y centros de observación astrofísica que salpican el Roque, hasta plantearse recorridos de cinco o seis horas que llevan a través de las cumbres más elevadas y espectaculares del parque nacional.

Quizás menos frecuentadas, pero no menos interesantes, son las distintas rutas que se pueden llevar a cabo en la escarpada y menos conocida costa norte de la isla: Santo Domingo de Garafía, Puntagorda, Tijarafe… Barrancos impresionantes y acantilados de vértigo poblados por una sorprendente vegetación, en buena parte endémica (la siempreviva y la lechuga del mar, el tabaibal-cardonal, el verode, cardoncillo, drago…). Después de realizar un vertiginoso descenso por las empinadas trochas y senderos que recorren el abrupto perfil costero se alcanza, por fin, el nivel del océano; y allí es cuando se descubren, con asombro e incredulidad, las enormes cavernas y oquedades marinas utilizadas en su día como refugios escondidos y embarcaderos piratas (proís), y hoy transformadas en recónditos rincones, medio trogloditas, convertidas en viviendas de temporada que parecen pequeños y encantadores pueblecitos pesqueros incrustados en las naturales y gigantescas cuevas costeras. El más famoso de estos lugares es el conocido como porís de Candelaria.

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