Páginas que se devoran

Cultura. Uruguay vive una verdadera revelación de la literatura infantil con más de 70 mil libros vendidos desde 2006; en 2007 aparecieron 13 publicaciones.

MARÍA INÉS LORENZO

Mientras el mundo vive una verdadera voracidad por la literatura para niños y adolescentes, con la reciente publicación del último libro de la saga Harry Potter, en Uruguay también se puede hablar de un boom del género infantil nacional.

Hace más de una década que el reconocido escritor uruguayo Roy Berocay iniciaba un camino poco transitado hasta entonces, de la mano de su primer libro Las aventuras del sapo Ruperto. Desde entonces, la literatura dirigida a niños y adolescentes creció significativamente en Uruguay, tanto en publicaciones como en autores y lectores. Como ejemplo, basta recordar que en los últimos años han surgido más de 20 escritores del género, y desde enero de 2006 hasta julio de 2007 se vendió la friolera de 70.000 ejemplares.

En lo que va del año, se publicaron más de 13 libros nuevos, algunos de autores consagrados y otros de debutantes. A su vez, se estima que la literatura infantil crecerá más de 30% en los próximos cinco años.

El fenómeno no es para nada casual, y su auge tiene varias explicaciones. Por un lado, se atribuye al trabajo que vienen realizando desde hace tiempo las editoriales, que se han encargado de fomentar el interés por la lectura en los niños a través de actividades educativas. Éstas consisten en acercar al autor nacional hacia las aulas de las escuelas, y generar un contacto directo entre ellos, así como con los maestros.

Algo bastante importante ya que el hecho de que el escritor converse cara a cara con los chicos sobre un libro, anécdota o experiencia personal, estimula bastante a los más pequeños. "Ellos no ven al escritor como una persona inalcanzable, sino como alguien común y corriente, con la que incluso pueden llegar a encontrar algunas cosas en común", expresa el escritor y maestro Sebastián Pedrozo.

Otro de los motivos por los cuales se interesan más por la lectura se debe pura y exclusivamente al mérito de los propios autores nacionales, quienes escriben los cuentos de manera sencilla, sin palabras ni frases rebuscadas. "El lenguaje que se utiliza para narrar una historia, por lo general, no es tan literario como hace años atrás", expresa el escritor Federico Ivanier, al tiempo que aclara: "ello no significa que el estilo de redacción sea pobre y mucho menos que se subestime al pequeño".

También las nuevas tecnologías influyeron bastante ya que, como indica la escritora y maestra Magdalena Helguera, permitieron bajar los costos de las ediciones de calidad. Eso trajo consigo el mejoramiento de la impresión, la encuadernación y la incorporación de colores y plastificados, lo que a su vez derivó en que los libros uruguayos fueran más apreciados y valorados como regalos, y no sólo como material escolar.

menos fantasía. La trama de los cuentos también juega un papel importante a la hora de generar interés en los pequeños lectores, según Virginia Sandro, de Editorial Santillana.

Las historias no son tan fantaseosas como hace 30 años, que sólo hablaban de príncipes, hadas, brujas o fantasmas. Se han vuelto más reales o cercanas al niño, al igual que los personajes, los paisaje y las situaciones.

Un ejemplo es la literatura de Helen Velando, que desarrolla sus escenas en locaciones que los niños conocen, o al menos han escuchado mencionar alguna vez como, por ejemplo, el Parque Rodó o distintos balnearios y zonas del país.

Además, las relaciones que se tejen entre los personajes casi siempre se asemejan a las que los pequeños pueden llegar a tener en su vida diaria, tanto con sus amigos, hermanos y padres, así como en las relaciones amorosas o en el ámbito del colegio.

Igualmente, el hecho de que los libros para niños que se editan hoy tengan menos fantasía que antes, no significa que la misma haya desaparecido ni mucho menos. Lo que sucede es que se fusiona más con el misterio y la aventura.

Un ejemplo de ello es Juanita Julepe y la máquina de olvidar, uno de los últimos libros de Roy Berocay, que narra las travesuras de una chica inteligente, divertida y generosa, que se traslada sin el consentimiento de sus padres a un centro de reeducación para niños rebeldes, donde luego conoce nuevas amistades.

Lo mismo sucede con Un Mago, uno de los libros de la escritora Susana Olaondo, que cuenta la historia del mejor mago del mundo, llamado Nicanor, que es un poco distraído y suele olvidarse las palabras de sus trucos cuando trabaja en el circo.

La suma de todos esos recursos narrativos, en definitiva, logran atrapar bastante a los niños. Como señala el escritor y músico Julio Brum, a ellos les gusta que los autores hagan referencias a su país o al imaginario colectivo más cercano, porque de alguna manera y aunque sea por unos instantes, se sienten identificados con esa historia.

lectura crece. Si bien hay quienes consideran que actualmente los niños leen menos que antes porque la cultura audiovisual casi ha desplazado a la escrita, todas las editoriales y escritores consultados consideran que la lectura infantil continúa más vigente que nunca, y jamás será sustituida por la televisión, el cine o Internet. "Lo audiovisual maravilla bastante por un lado, pero al mismo tiempo coarta la imaginación, algo que está muy latente en la lectura", expresa Brum, al tiempo que agrega que cada medio tiene su propio lenguaje, por lo cual se complementan entre sí.

El boom es tal que autores como Roy Berocay, Helen Velando, Malí Guzmán y Magdalena Helguera, Susana Oleando y Julio Brum, entre otros -más recientemente Santiago Pedrozo, Federico Ivanier y Ruth Kaufman-se convirtieron en una suerte de referencia para los niños.

Novedades

Algunos de los títulos que fueron publicados en lo que va de 2007: Abejas y flores marchitas (Sebastián Pedrozo, Alfaguara), La increíble aventura de Gonzalo y la vaca, y El colegio de los chicos perfectos (Federico Ivanier, Sudamericana), reedición de Una pulga interplanetaria (Helen Velando, Sudamericana), Un mago (Susana Olaondo, Sudamericana), Flores de viento (Magdalena Helguera, Sudamericana), Juanita, Julepe y la máquina de olvidar (Roy Berocay, Sudamericana). Nadie les discute el trono (Ruth Kaufman, Alfaguara).

Democracia también trajo boom infantil

Hasta la década del Sesenta el `canon` de lectura nacional para niños estaba formado mayoritariamente por cuentos más clásicos, algunos de los cuales fueron prohibidos durante la dictadura. Fue luego de la recuperación democrática cuando se crearon las condiciones tanto para el surgimiento como la aceptación de nuevos autores y propuestas literarias, explica la escritora uruguaya y maestra Magdalena Helguera.

Pero también influyeron factores económicos y comerciales. En las últimas décadas, los niños, especialmente los adolescentes, se han convertido en potenciales consumidores, lo cual ha llevado a ampliar y hacer más atractivos los productos que se les ofrecen, incluyendo los libros, expresa Helguera.

Por otra parte, el contexto sociocultural, educativo y familiar jugó un papel fundamental en el auge de la literatura infantil. "Es que los niños se hacen lectores si tienen qué leer, tiempo y lugar para hacerlo, y si ven u oyen leer con entusiasmo y placer a uno o más adultos de referencia", asegura la escritora.

A su vez, esos cambios sociales, que se produjeron en los últimos años, llevaron a que los niños se fueran integrando de a poco a una cultura literaria más amplia, donde las historias que los adultos les narran ya no son aquellas de "mamá amasa" o "el oso al sol", analiza Helguera.

Algo bastante importante porque la infancia es el momento ideal para incorporar el hábito de la lectura. "Los niños están descubriendo el mundo, y entre otras cosas, hay que ofrecerles diversidad de temas e ideas para que se den cuenta de la felicidad y el conocimiento que aportan los libros", finaliza Helguera.

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