EN BARRIOS DE CONTEXTO CRÍTICO

Los "otros" centros educativos: enseñan y consiguen empleo a jóvenes

Las experiencias de Los Tréboles y Los Pinos en Flor de Maroñas y Casavalle.

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Los Tréboles se desarrolla en un predio de cinco hectáreas. Foto: Estefanía Leal.

En Flor de Maroñas y Casavalle hay dos centros educativos modelos en los que se forman cientos de niños y jóvenes de contexto social crítico. El primero de ellos, Los Tréboles, tiene un campo deportivo como probablemente no exista en ningún colegio privado del Uruguay. El segundo, Los Pinos, acaba de ampliar sus instalaciones y el año próximo estará en condiciones de recibir hasta 700 estudiantes. Ambos se gestionan con aportes del Estado y donaciones de empresas y particulares. No cobran nada a sus alumnos. Les sirven el almuerzo y la merienda y -lo que es más importante y marca una diferencia con respecto a otras instituciones- procuran insertar a los jóvenes en el mercado laboral. 

La historia de Los Tréboles tiene la particularidad de que se vincula a los sobrevivientes de la tragedia de Los Andes. A partir de 1998, exalumnos, familias y docentes del colegio Stella Maris, junto a las Hermanas Franciscanas del Verbo Encarnado, comenzaron a trabajar en Cruz de Carrasco, donde se encontraba el asentamiento conocido como Villa del Chancho (porque sus pobladores criaban estos animales, alimentándolos con basura). Las condiciones del asentamiento eran de pobreza extrema, con viviendas de chapa sobre una pila de residuos acumulados de 12 metros de altura, en lo que fuera un antiguo vertedero de la Intendencia de Montevideo. Estaban sin ningún tipo de servicios públicos y viviendo en una situación de salubridad infrahumana.

“La idea de Los Tréboles nació hace cerca de 18 años. Los chicos del rugby iban a la Cruz de Carrasco a hacer casitas. En ese entonces había un hermano, Robert, de los Christian Brothers, al cual apoyábamos. Y empezamos a conocer todo lo que era la zona. Seguimos avanzando por la calle Oncativo y llegamos a la Villa del Chancho. Ahí soñábamos con poder reubicar a esas 27 familias que estaban viviendo arriba de la basura y criando cerdos. El lugar era una locura, lleno de ratas y desechos”, recuerda a Revista Domingo el presidente de la institución, Federico “Pico” Méndez, quien desde entonces ha venido trabajando en la zona junto a su esposa, Raquel Rubio.

“Empezamos a buscar terreno y un día nos llama una señora, Algorta, diciéndonos que estaba el equipo del exclub de rugby Cupra que quería hacer algo altruista con unas tierras que tenía cerca de ahí, en Flor de Maroñas. Cuando vamos a hablar con ellos, a quienes conocíamos por haber jugado al rugby y haber hecho muchas reuniones y asados, nos dicen que podían donar algo. Las primeras tres hectáreas las hizo Michael Lyford-Pike, que era del Opus Dei. Y quiero dejar esto bien claro: el Opus Dei tuvo una generosidad increíble, porque nos donó esas primeras tres hectáreas del Cupra para reubicar a esas familias. Empezamos junto a la Fundación Viven y Un Techo para mi País a construir. Y después se hicieron las casas finales, con bloques y todo lo demás”, agrega.

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En Los Tréboles sirven dos comidas al día: almuerzo y merienda.

Sobrevivientes de Los Andes

“Cuando arrancamos con las primeras casitas las hicimos gracias a los sobrevivientes de Los Andes y la Fundación Viven. Todos éramos exalumnos del Christians. Pero ellos siempre están al pie del cañón, nunca pararon de colaborar”, dice Pico Méndez. Y luego se pronuncia uno de estos famosos uruguayos que se accidentaron en la cordillera en 1972, Gustavo Zerbino: “Hoy son muchos los colegios y una cantidad de familias que dan su tiempo para que siga adelante la ilusión de un grupo de ‘locos’ que un día se dio cuenta que en un invierno helado había personas que se estaban muriendo de frío. Eran latas arriba de la basura. Pico me habló y fuimos durante un mes a todas las clases del colegio para construir seis casas, pero en ese período se hicieron 60, porque las mujeres que estaban al frente de las familias -algunos de sus maridos estaban presos- trabajaron junto a sus hijas y nietas para levantarlas. Luego, por generación espontánea, otra gente quiso ser parte. Ni el más optimista podría imaginar que Los Tréboles sería lo que es hoy, solo porque hubo gente que dio su tiempo, el bien más preciado. Los chicos del colegio, los exalumnos y sus familiares iban los sábados de mañana a conocer a esas familias. Por eso es importante tener ilusión y esperanza, que es la hermana menor de la fe. Acá no hay que pelearse por el derecho de autor, lo importante es arrimarse, involucrar a la gente”.

Pico Méndez agrega: “Hoy tenemos 2.000 metros construidos y cinco hectáreas con canchas de rugby y de fútbol. Al centro van 210 personas a estudiar. Entre ellas hay unos 140 niños de hasta 12 años y 70 jóvenes. Este año, el 3 de octubre, el centro educativo cumplió 14 años. Teníamos a más de 100 personas en lista de espera para ingresar, pero la cortamos porque no se puede seguirla ampliando”.

Directivos de Los Tréboles
Directivos de Los Tréboles: Rubio, Méndez, Whitelaw y González.

De bebés a adultos

Méndez dejará próximamente la presidencia a manos de otro directivo más joven, James Whitelaw, quien anticipa que a partir del año próximo Los Tréboles administrará también un CAIF que se construirá enfrente (está aprobado pero la obra no ha comenzado), en el que se dará atención a 106 bebés de 0 a 6 años, 120 niños de 4 a 12 años y a otros 65 adolescentes.

Actualmente, Los Tréboles cuenta con 34 empleados (14 de los cuales son exalumnos, padres o vecinos del barrio), entre los que hay un psicomotricista, psicólogo, maestros, profesores, cocineros, recreadores, fonoaudióloga, auxiliares de limpieza y de mantenimiento.

En tantos años de existencia, el lugar ha sido robado muy pocas veces, porque los vecinos (los primeros realojados y los que llegaron después) valoran la importancia que tiene para el barrio y sus jóvenes. Así lo explica a Revista Domingo el director del centro, Gabriel González: “Hay gente que estuvo en todo el proceso de realojo con la que existe un vínculo y mucha confianza. Un tercio de la población de Los Tréboles son personas que tienen algún tipo de vínculo con el barrio, lo cual generó un ambiente propicio. Pero el vínculo no es mágico, hay que generar actividades, encuentros, darles participación. Hay que estar dispuesto a recibir devoluciones y a meterse en la casa de la gente, no solo en lo material. Por eso a Los Tréboles ‘no lo toca nadie’: porque los vecinos se apropiaron del proyecto. Se les habla de corazón a corazón y se genera toda una relación no solo con los niños, sino también con sus familias”.

González forma parte de la iniciativa desde que se inauguró el centro educativo. “Yo estaba vinculado con la congregación salesiana, al Colegio Pío, aunque soy laico, tengo esposa e hijos. No estuve en el proceso de realojo, pero cuando se manejaba la idea del centro educativo entré en un llamado abierto y quedé seleccionado. Esto ocurrió en octubre de 2009”, anota.

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Los salones de clase de Los Tréboles son cálidos y espaciosos.

Ingreso al mercado laboral

El director de Los Tréboles explica que la institución tiene actividades que acompañan desde la primera infancia. Aunque desde hace tres o cuatro años se ha puesto énfasis en un programa de salida hacia el mercado laboral. “A los 16 años la realidad social y de sus familias los empuja al mundo del trabajo. Y a veces no hay lugar para que sigan estudiando. Hay pobreza material y pobreza de estímulo en la familia. Más allá que cualquier joven que está en Los Tréboles vive una suerte diferente a la de sus padres: tienen un mayor nivel educativo y en general no han pasado por una situación de pobreza extrema, mortandad o embarazos no deseados”, destaca.

La llamada “formación dual” en cierta manera trata de responder a la necesidad del primer empleo, de tener una inserción laboral acorde, de calidad, segura, que pueda responder también a las necesidades del mercado. “Y ahí hay varios actores. Uno de ellos es el mundo empresarial, que está pidiendo a gritos jóvenes preparados no solo técnicamente, sino también con competencias y habilidades sociales, que no falten, que respondan, que tengan compromiso. Porque hay hábitos que se han ido perdiendo”, dice González. Y agrega: “Los chicos hacen el 75% de su curso de gastronomía en una empresa como La Pasiva. Ahora van a ingresar 12 jóvenes a la cocina de Tienda Inglesa. Hay 10 que entraron del primer curso, de los cuales nueve ya están en el mundo laboral”.

Dentro de la formación dual, aporta Whitelaw, ademas de lo que tiene que ver con gastronomía se está terminando de definir también el Bachillerato de Mecatrónica junto a la UTU, que combina sinérgicamente la ingeniería mecánica, electrónica e informática. La idea es que arranque en marzo 2022.

Entre robots y cohetes

Los Pinos también cuenta con programas que apuntan a la inserción laboral. Y varias veces ha sido noticia en los medios de comunicación por sus proyectos que fueron distinguidos hasta por la NASA. En el primer año de liceo, los jóvenes arman autos que se mueven con energía solar, en segundo construyen brazos hidráulicos y en tercero, cohetes. En cuarto se enfocan en temas de tecnología satelital.

Uruguay fue por primera vez sede oficial del NASA Space Apps Challenge en 2019, cuando más de 400 personas participaron del encuentro que se hizo en cuatro localidades del país: en la Fundación Los Pinos de Montevideo y en las sedes del Instituto Tecnológico de UTEC en Durazno, Fray Bentos y Rivera. En 48 horas, los participantes utilizaron datos abiertos proporcionados por la agencia espacial para crear soluciones innovadoras a los desafíos que se enfrentan en la Tierra y en el espacio en temas actuales como el cambio climático, el regreso de la humanidad a la Luna o la exploración de Marte.

Los Pinos se financia en un 50% por aportes del Estado y el restante 50% por donaciones que llegan a través de la Ley de Beneficio Fiscal. Son números similares a los de Los Tréboles. Y también nació por el apoyo del Opus Dei, una institución de la Iglesia Católica que desarrolla actividades en todos los continentes.

“A través de Inefop (que ahora bajó mucho el aporte) se financian los cursos de capacitación laboral. Y a través del Inau, el Club de Niños y el Centro Juvenil, que son nuestros programas de educación no formal”, explica a Revista Domingo Gregorio Medina, director de Los Pinos. Los valores de la institución que destaca su página web, son los siguientes: alegría, espíritu de servicio, sentido de pertenencia, trabajo en equipo y transparencia.

“El nuevo edificio nos permite atender al doble de alumnos. En este momento tenemos unos 350 y deberíamos tener 550, pero Inefop tiene todo bastante parado. Aunque ya nos confirmaron que el año que viene volvemos con los cursos, que se cortaron por la pandemia, y que en esa primera etapa van a ser para más de 100 alumnos”, agrega Medina.

El nuevo edificio fue diseñado nada menos que por el arquitecto Carlos Ott. “No solo es de una gran calidad: nos permite ampliar todos los programas, sobre los cuales hoy tenemos mucha demanda, tanto en educación formal como no formal”, anota el director de Los Pinos.

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Los Pinos: Un liceo en el que se enseña robótica y cohetería.

Llenos de proyectos

Los alumnos de esta institución de Casavalle tenían previsto participar en junio del año pasado del Open de Robótica que se iba a realizar en Río de Janeiro, pero se suspendió por la COVID-19. Se habían ganado el pasaje: el equipo obtuvo el primer premio de la competencia científica First Leo League, que organiza el Plan Ceibal y que tendrá una nueva etapa el mes próximo.

“La First Leo League se va a hacer en noviembre. Nuestros alumnos acaban de participar de la First Global, una competencia internacional de robótica que se hizo a fines de septiembre y que entregará sus resultados el 31 de octubre. Este año se realizó de forma virtual, pero tuvieron que construir robots y hacer planos, se trabajó bastante en eso”, señaló Medina. Y agregó: “Todos los años lanzamos unos cohetes meteorológicos en un predio militar (que miden temperatura, polución y humedad) y eso supongo que también lo haremos en noviembre”. Hace poco tiempo, dos equipos uruguayos llegaron a ubicarse entre los 10 mejores del mundo y a competir por un viaje a la NASA con lanzamiento de cohete incluido.

Medina asegura que Los Pinos es la entidad educativa que realiza más inserciones laborales: “No buscamos pasantías sino trabajos formales, porque los chicos de Casavalle necesitan trabajar y no una pasantía. Coordinamos con las empresas, que saben que acá se forman bien. Nuestros cursos tienen cerca de un 80% de inserción laboral, es un número altísimo”.

Pensados para jóvenes de entre 17 y 24 años, los cursos tienen como propósito formarlos en habilidades prácticas para una rápida y exitosa incorporación al mundo del trabajo. Son gratuitos y abarcan las siguientes propuestas: Operario Industrial, Operario de Laboratorio, Operario Logístico, Gestión Comercial y Automatismo Industrial.

Por estas oportunidades, Los Pinos es, al igual que Los Tréboles en Flor de Maroñas, una joya que brilla en medio de Casavalle. Y que los vecinos orgullosos se encargan de cuidar.

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En Los Pinos se ofrecen herramientas para que los niños y jóvenes puedan valerse en la vida.

La formación dual y el éxito del formato alemán

Según un informe de la Cámara de Comercio e Industria Uruguayo-Alemana, la “formación dual” goza de una excelente reputación a nivel internacional, ya que permite una capacitación con un enfoque a un futuro empleo y contribuye, de forma significativa, a la competitividad. Esto es lo que aplican Los Tréboles en Flor de Maroñas y Los Pinos en Casavalle.

El Sistema de Formación Dual tiene una larga tradición en Alemania, formando parte de la cultura organizacional de muchas empresas. Tras muchos años de implementado, el modelo se considera parte importante del éxito del país europeo y de su prestigiosa marca Made In Germany. Del mismo modo, se presenta como una causa fundamental en la disminución del desempleo juvenil.

“Frente a los cambios ineludibles que se experimentan en el mundo (la digitalización de la industria, el cambio en la matriz energética, el desarrollo de nuevas tecnologías), Uruguay tiene la necesidad de pensar en una reforma de la educación, para aportarle valor y generar nuevas oportunidades para los jóvenes. Sobre todo, se busca adecuar la oferta educativa a las necesidades laborales de las empresas, hecho fundamental para que las mismas sean competitivas en un mercado globalizado”, señala el documento.

En el sector privado de la educación se destaca la propuesta de Ánima que ofrece tecnicaturas en Administración y Tecnologías de la Información (Tics). Asimismo, la Cámara Uruguayo-Alemana trabaja con la Universidad del Trabajo del Uruguay (UTU) en el desarrollo de tecnicaturas orientadas al cambio de la matriz energética y rubros innovadores como Electromedicina, Mecatrónica y Biotecnología.

Otra experiencia en Maldonado

La Intendencia de Maldonado informó que mediante el programa “Sembrando Puentes 2021”, capacitará a 30 jóvenes de entre 18 y 29 años que pertenecen a los barrios Kennedy, Benedetti, Los Tocones y Balneario Buenos Aires. El proyecto es el resultado de un trabajo conjunto entre la comuna, el Rotary Maldonado, el Mides, INAU, la Cámara Empresarial y las empresas Devoto y Punta Shopping.

Los jóvenes participarán de 20 clases de dos horas cada una. En los diferentes módulos se les enseñará sobre la búsqueda de empleo, cómo elaborar un Curriculum Vitae y prepararse para entrevistas de trabajo, además de capacitarlos en todo lo relacionado al supermercadismo y sus diferentes oficios.

En tanto, el mundo empresarial aportará sobre derechos y obligaciones.

Niños Maldonado
Sembrando Puentes 2021.
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