CABEZA DE TURCO

Opinión | Wilson, Seregni y Batlle

"La 'confianza' es central en la vida política". Por Washington Abdala

Washington Abdala
Washington Abdala. Foto: El País.

La confianza lo es todo. Siempre. En todo lo que hacemos. En la vida. En la amistad. En los vínculos laborales. En política, por cierto.

En relación a la actividad política solo hay dos tipos de personas: los confiables y los no confiables.

Los confiables construyen una red de sinceridad en torno a sus relatos que les permiten que los otros, sus correligionarios y sus adversarios, sepan que lo que harán se infiere “sincero”. No importa si se coincide o no con ellos, solo importa que hay una instancia en donde la sinceridad es lo único que vale.

Los “no confiables” son aquellos que traicionan, que se venden por la mitad del camino, no los que se contradicen, porque en la vida la contradicción es necesaria (el que evoluciona se contradice y se equivoca, solo el dogmático repite como un mantra el mismo sonsonete toda la vida). O sea: los no confiables son gente que no valen en lo moral y que la pegan por la espalda.

La ciudadanía tiende a creer que en política hay más de los segundos que de los primeros. Es un error, la política es una actividad donde la mayoría de los que allí están lo hacen por convicción y jugados. Pero, claro, se cuelan algunos de los segundos y con ellos hay que sobrevivir.

Este país tuvo -por solo citar tres referentes de todos- personajes que fueron gigantes en esto de producir “confianza”. Wilson Ferreira Aldunate, siempre genial, talentoso, verborrágico, punzante y sincero a más no poder. Liber Seregni, magnánimo, firme, sobrio, sin estridencias innecesarias, principista y frontal. Jorge Batlle, locuaz, agitador, magnético, emocional, inteligentísimo y también sincero en su decir hasta el extremo.

No es raro que en el imaginario colectivo los tres están instalados en un lugar de privilegio. Uno fue presidente pero eso no disminuye a los otros dos en nada. Fueron seres que en momentos diversos jugaron todo por la patria, antepusieron intereses personales a los de causas superiores y derribaron prejuicios, hasta prejuicios que ellos mismos tuvieron con la propia realidad con la que lidiaron.

No es caprichoso el recuerdo.

Creo, firmemente, que la “confianza” es central en la vida política. Creo, que no todo se puede afirmar de manera pública por gobernantes porque hay momentos privados que serán públicos cuando los que los producen los puedan visibilizar. (Por el bien jurídico tutelado que somos “todos nosotros” como ciudadanos del país). Si miramos el momento mundial que se vive, este asunto de la confianza deja sabor a preocupación. Basta mirar los liderazgos mundiales para advertir el chisporroteo que hay entre varios de ellos.

En casa, habría que entender que la cultura de la desconfianza, la idea de romper los puentes luego de votado el presupuesto nacional y empezar el bombardeo dialéctico es un despropósito que nos conduce por el camino de una hemiplejía moral (José Ortega y Gasset). Uruguay debe aprovechar el momento histórico en que está el mundo, entender que de la dolorosa experiencia que transitamos se sale con inteligencia. El gobierno lidera con precisión la batalla del Covid. Lo hace porque el sentido de entrega de muchos -por fuera de la circunstancias partidarias- ganó la partida. Ya sé que estamos en medio de una elección municipal en todo el país. Bienvenida. Pero que sea eso, una elección municipal y departamental: no una guerra santa que nos sumerja en una alienación que no nos merecemos como sociedad y que nos condena al conflicto como eje de nuestras relaciones.

¿Suiza de América? No, Uruguay de América del Sur. Punto. No tenemos que mirar referencias externas, miremos lo mejor de nosotros mismos. ¿O acaso la llegada al país de ciudadanos de afuera no nos está demostrando que acá se viene a vivir a una tierra con esperanza? Nadie va a la caldera del diablo, la gente solo busca oportunidades donde hay confianza.

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