COLUMNA CABEZA DE TURCO

Opinión | Volviendo a Kant 

"Si viviera Kant patearía todo esto porque nos fuimos al garete". Por Washington Abdala. 

Washington Abdala. Foto: Archivo El País
Washington Abdala. Foto: Archivo El País

No tengo claro lo que pasa pero es evidente que la moral del presente (en cuanto sociedad) ha cambiado de manera radical. No estoy capacitado para compendiar los valores actuales -en parte porque los vivo- pero es notorio que estamos en otra sociedad planetaria en la que algunos “idealismos” vienen cayendo y están ganando terreno otros, que aún parecen estar en etapa de evolución. Es una percepción, no soy dogmático al respecto.

Un poco más claro: si Immannuel Kant estuviera hoy y nos preguntara ¿qué podemos hacer?, la respuesta —en base a su moral— no sería tan difícil.

Kant sostenía que había que obrar de una forma en que lo que hicieras, por chiquito que fuera, se pudiera convertir en una “máxima universal” (no matarás, por ejemplo). Así, obrando correctamente se abordaría a la humanidad (desde tu persona o la de otra) como un fin en sí mismo, de manera que todos pasamos a ser un fin y nunca un medio para nada.

Por allí veo la mirada de Kant. Pero si a eso lo actualizamos al presente, la pregunta es: ¿El narcisismo, la fogata alienada de las redes sociales vociferando diatribas sobre todos, y los populismos encaramados en derechas o izquierdas actuando como puentes hacia el poder omnímodo estarían adecuados o se escapan de la definición de Kant? Plantearse la pregunta es responderla: si viviera Kant patearía todo esto y diría que nos fuimos al garete. Y no me digan que es contra-fáctico lo que afirmo, es solo aplicar una visión filosófica a nuestro existir.

Es que si algo no se quiere —en el presente— es ser claro con imperativos categóricos. Por ejemplo, el respeto a la ley no lo deberíamos hacer por temor punitivo sino porque es lo correcto. La ética formal en el fondo era una garantía democrática que Kant supo expresar para defender a su modelo. Porque los imperativos categóricos son indiscutibles, inapelables, necesarios y universales. No surgen de un sentimiento sino que son hijos de la razón en su función práctica por lo que imponen responsabilidades. ¿Esto no vale en el presente? ¿De veras?

Por eso Kant, que era bastante meticuloso, sabía que la intención es vital en la acción que desarrollan los sujetos. Los autoritarismos, entonces, no tienen espacio legítimo en la visión kantiana. De allí que la política no siempre le reconoce a Kant el lugar que se merece. Muchos politólogos lo manejan de manera implícita, arrancan con el contencioso Marx-Weber y dejan de lado que Kant había anotado unos cuantos goles de tiro libre y sin ayuda de nadie.

La mirada kantiana es imprescindible, no para imponer nada, sino para tener claro que hay razones prácticas que nos movilizan de manera principista y siendo básicamente racionales. Todo los imperativos kantianos son un deber (deber sanitario, deber de cuidar a los otros, deberes morales con el prójimo) y de esa forma dejan en claro lo que es bueno hacer, y al mostrarlo de forma empírica esa noción se valida.

Podría ubicarme crítico con la moral kantiana en cuanto a que da por sentado la libertad y le agrega la existencia de Dios, junto a cierta visión de inmortalidad del hombre. No me parece que sirva hacer reduccionismo subterráneo con la materia central del pensamiento Kantiano. Lo que vale, vale para los que creen en Dios y para los otros también. Digo esto porque no faltará el petimetre que me objete ese punto para refutar las visiones de Kant. No me parece. Más bien creo que ir por allí es no captar que la gracia de Kant que nos muestra que el actuar correctamente es un buen negocio para todos, no solo porque sale bien, sino porque evita periplos egoístas. Y creo que acá está el punto: es una época muy egoísta en la gente, en las naciones, en todo, y si alguien trae una estupenda bandera contra eso es Kant.

Si algo falla en el presente es la ausencia de ciertas conductas morales que nos ayuden a respetarnos más y a comprender la diversidad en clave de tolerancia. Eso también sería Kantismo al cien por ciento. Refrescarlo entonces no está demás.

Al final, los clásicos siempre son Gardel, no se puede contra ellos.

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