COLUMNA CABEZA DE TURCO 

Opinión |A los que no se vacunan

"A esta altura se impone ser militante de la vacunación". Washington Abdala

Washington Abdala. Foto: Archivo El País
Washington Abdala. Foto: Archivo El País

No están bien. Sepan que deberían pensar que no son seres excepcionales en una comunidad. Que somos un colectivo y que por ende vuestra libertad vale tanto como la del grupo.

Convengamos que la libertad permite no vacunarse, igual derecho tenemos los vacunados a pretender preservar la vida y buscar vínculos entre nosotros, sin discriminar a nadie, pero sintiendo que eso preserva la salud de la sociedad. Eso no sería antojadizo sino sentido común. (Y es más un tema moral como bien lo apuntó en este diario Heber Gatto).

¿Que este principio no les gusta a los disidentes? Pues a los que nos vacunamos nos complace considerar lo que hacemos: “vacunarnos” no como un acto individual sino colectivo, lo hacemos más por los demás (ética colectiva), no tanto por nosotros mismos. ¿Y no tenemos derecho a ello? Allí falla el dogmatismo de los disidentes que consideran a los demás (gigantes mayorías) como gente sometida a una engañifa universal y a la que hay que desmerecerle su ética.

Miren, no tiene misterio, las sociedades se salvan con las vacunas y con baja infectividad. Ciencia pura. (Israel es el modelo). O lo primero lo hacemos y logramos convencer a la mayoría de la gente de vacunarse (se está logrando), y si lo segundo no se asume -es duro pero es la realidad- seguirá partiendo gente. Hay que mejorar bajando la movilidad, insistir, aunque la fatiga gane el momento.

A esta altura se impone ser militantes de la vacunación, ya se advierte que en muchas partes del mundo la ignorancia lleva a grupos sociales a no vacunarse. Pues es un error ese talante. Los países con amplia vacunación y moderados en sus actividades sociales salen del brete. Repito: con poca movilidad. Recién allí aflojan. No antes. (En Estados Unidos se está saliendo de la COVID. ¿Son tan distintos a nosotros? ¿Es magia eso? ¿O no leen la positividad y la caída en la letalidad allí?)

¿Qué no se entiende? ¿Qué hay que hacer y decir?

¿Cuántos tienen que morir para tomar conciencia de que esto no es un bulo de Internet?

El mundo está patas para arriba y todos los días aprendemos atributos nuevos de las vacunas, de sus propiedades, de la infectividad, de las cepas; en fin, nos hemos transformado en infectólogos dada la preocupación mundial. Y está bien eso. Ahora el planeta estudia los combos de vacunas. Veremos.

Pocos países logran salir de esto rápido. Miremos los que pudieron: vacunaron, vacunaron y vacunaron. Y en algunos momentos frenaron lo que podían -cada uno en su formato- el plano social y vincular. Hay sociedades más respetuosas y otras más rebeldes. (Nosotros no siempre estamos en el primer grupo.)

Hay que insistir, sin ofender a nadie pero tomando conciencia que la muerte anda merodeando por todos lados y que aunque no nos parezca cualquiera puede morir. Por eso hay que asumir estas horas con responsabilidad, acelerando a fondo y sabiendo que aún nos falta un rato de pelea contra el bicho. Ya sé que hay cansancio, pero peor es bajar la guardia y salir de la cancha de la vida.

¡No perdamos el foco por favor! Cualquiera puede infectar a cualquiera y las vacunas encriptan pero no hacen magia. Si alguno tiene una carga viral fuerte y alguno de nosotros no banca esa arremetida, salimos del juego. No vale la pena, sigamos vacunando, subamos el umbral de inmunidad, sigamos librando la batalla con estoicismo.

No es cuestión de vivos, menos de intelectuales que creen que pueden sostener el libre albedrío delirante como si nada sucediera; menos aún de autoritarios que querrían un estado policíaco que cancelara todo. Nada de eso es la solución. El recorrido es sentido común puro, cuidarse, saber que cualquier reunión algo nutrida puede ser una bomba. ¿Para qué correr esos riesgos?

¿Miedo? No le llamaría miedo, le diría sensatez, prudencia, mesura y acompañarnos a la mayoría que aspiramos a sentir que le ganamos a esta peste. Y para eso hay que sumar gente a la causa de la racionalidad, de la vacunación. El desafío es ético y solo construye solidaridad la verdadera solidaridad. Los disidentes son egoístas.

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