COLUMNA CABEZA DE TURCO

Opinión | Que queden bailando solos

"Algo se nos despierta y aparece lo mejor de nosotros mismos". Por: washington abdala

Washington Abdala
Washington Abdala. Foto: El País.

En estos días que son hípercomplicados y dolorosos en nuestra comunidad se hace bravo expresar ideas que no sean lugares comunes. Y ni que hablar del riesgo de la declamación retórica banal. Le tengo miedo a esos derrapes, básicamente porque la realidad siempre se ocupa de romperme la boca con un zapatillazo.

Cuando vivimos, lo que estamos viviendo, solo hay dos opciones: o aparece lo mejor de la gente o aquello que es horrible. (Me inspira Winston Churchill).

Lo mejor es la solidaridad, el sentido de responsabilidad individual y colectiva. Lo peor el egoísmo y la miseria.

La grandeza de las naciones está en sus gentes, en su capacidad de entrega al prójimo y en el deseo de superación colectivo. Por allí viene el sentido de “nación” que es superador al territorio, a la soberanía y hasta al propio “pueblo”. Eso somos.

Una nación es más que todo eso y, además implica un pertenecer colectivo a una identidad que se expresa en un reconocimiento mutuo, que no requiere análisis o cédula de identidad para saber que significa ser “uruguayo”.

Y en estos días tan fuertes, recordar lo que somos, es el mejor camino para saber hacia donde tenemos que ir, defendiendo esa “identidad” y, de paso, mostrándole al mundo que ser pequeños no nos inhibe de ser gigantes en lo cultural, en la inteligencia como población y en la pelea por nosotros mismos.

¿Se entiende que la batalla en la que estamos es por la “vida”? Cuando se toman medidas, se recorren caminos difíciles, cuando hay que superar obstáculos. ¿Se entiende que todo es para salvar “existencias” que sin esos sacrificios no lo lograrían?

La uruguayez es un asunto complejo, cuando alguna vez he escrito sobre ella de manera hilarante, confieso que posee montones de elementos delicados. Pero cabe anotar cuando de aspectos positivos se trata que los uruguayos construimos momentos gigantes en nuestra historia. Momentos donde todos somos uno, desde Artigas en la Redota hasta cuando Forlán nos condujo en una contienda deportiva. Algún gen hay en nuestra sangre, o algún elemento de convicción propio que nos permite recorrer el mundo sabiendo que al final podemos con la adversidad, que la vamos a dominar y que algún día tomando un mate y mirando el atardecer recordaremos la hazaña de manera mansa, sin estridencias y sabiendo que mañana será otro día.

De veras, no los estoy coucheando, en serio creo todas y cada una de las líneas de este artículo. Y les digo más, a los que piensan distinto los desafío a que sepan que seremos de los países que más rápido dominaremos a este demonio viral que se nos coló (como a todo el planeta). Y lo haremos rápido porque como somos parsimoniosos para mucha cosa, para las cosas en serio, algo se nos despierta y aparece lo mejor de nosotros mismos y somos como deberíamos ser siempre: responsables, activos e inteligentes.

Cuando una sociedad tiene un lío como el que tenemos nosotros ahora, o como tiene el mundo, solo se sale con una matriz cultural intensa, el pueblo junto, el gobierno y el Estado pegados, con los actores sociales sumando (y no robando migajas) y así se logra la maravilla que tenemos que lograr. Ya sé que me estoy anticipando, lo sé, pero estoy seguro de lo que escribo. Cuando todos empujamos para el mismo lado nada puede salir mal. Y los retrógrados, los miserables, los pequeños que se posan en lo accesorio y no ayudan, medran, o creen que son Demóstenes en su discurso sobre la corona, los dejamos de lado, ni siquiera los validamos con un retruque. Que queden bailando solos frente al espejo.

No hay tiempo que perder. Solo sumar, recorrer respetuosamente lo que nos dicen las autoridades, oír a los médicos que saben del tema y punto. Todo lo demás es lo de menos y con franqueza no nos interesa oír tonterías. No tenemos tiempo.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)