COLUMNA CABEZA DE TURCO

Opinión | Estamos a la intemperie

“Es un país caro, te quitan la vida en cualquier esquina y la cultura ya no es orgullo. No nos podemos mentir más. No va más el autobombo ficcional”. Por: Washington Abdala

Washington Abdala
Washington Abdala. Foto: El País.

Resulta imposible saber “el futuro” de casi nada de lo que vivimos. Hoy estamos a la intemperie absoluta. Sin embargo, se impone planificar lo que viene porque no hay manera de existir sin metas a la vista.

En lo individual, ya lo sabemos, los sueños se mezclan con lo real y lo real no siempre es lo idílico que mentalmente construimos. El juego está en hacer balance y salir airoso. Siempre habrá derrotas pero si las “victorias” suman más, el juego está ganado. Las victorias pueden ser: estar en armonía, equilibrio y ser feliz. No se trata de creer que todo es ser Odín o Zeus. Por eso los que creen que sumando poder o dinero serán más felices -es simple- no entienden el verdadero sentido de la existencia. Se lo pierden, allá ellos.

En lo social hay que impulsar modelos (y metas concretas con ellos) pero allí conviene ser aún más flexibles y creativos. Los dogmáticos siempre terminan estrellados, los dúctiles sortean el camino de alguna forma. El tema es llegar a destino y no vivir declamando buenas intenciones. Obras, concreciones y menos palabras exige el ciudadano 2020.

Si algo nos muestra el mundo contemporáneo es que los intereses de los pueblos están en cualquier lado; los que eran nuestros enemigos pueden dejar de serlo y nuestros amigos no siempre son lo “intenso” (positivamente) que deseamos (a nivel país). No hablo de “relativismo” porque lo aborrezco como método pilatuno por no resolver nada. Digo sí que no hay que cerrarse a nada y a nadie.

Además, las sociedades mutan a una velocidad vertiginosa y el enojo social está a la vuelta de la esquina (mientras que el aplauso es nimio).

Uruguay ha sido una excepción en la región, por el hecho de no ambientar revueltas o crisis extremas, pero para seguir manteniendo la cordura se requiere sutil inteligencia por parte de todos los que tienen alguna cuota de incidencia en nuestra sociedad. No nos sobra nada y saberlo es necesario para no levantarse un día y ver cómo se incendia la pradera, dado que siempre hay gente que piensa y actúa de manera miserable.

Lo acaecido en Chile es aleccionador: lo que parece correcto no siempre lo es. Uruguay ha tenido años estupendos de economía floreciente, ya no es así, los números cantan y el nuevo gobierno hereda problemas que tendrá que asumir con hidalguía. Los gastos del ayer serán las contenciones del presente.

Habrá que ir a tocar puertas por el mundo para que vengan inversores que ni saben que existe este país. Contarles que somos, que hacemos y que soñamos con ser. Si lo hacemos con honestidad republicana -estilo inconfundible de esta nación- es probable que lo que aún no advertimos pueda ser realidad mañana.

¿Cuál es la razón por la que este país fabuloso no puede ser un ancla de inversores piloto para América del Sur? ¿Hay algún otro país que pueda ir hacia un modelo de certeza jurídica, población alfabetizada y paz social como el nuestro? Pero no alcanza solo con eso, tenemos que educarnos en calidad, abaratar el costo de vida y producir una seguridad pública con resultados. Con lo que ofrecemos hoy el VAR nos delata y sabe que estamos fuera de juego. Es un país caro, te quitan la vida en cualquier esquina y la cultura ya no es un orgullo. No nos podemos mentir más. No va más el autobombo ficcional.

Está lleno de países -con perfil bajo- que saben manejar sus discrepancias con lucidez, con participación de la sociedad civil y sin incendiar la pradera (casualmente son esos países -querido lector- de los que no se conoce el nombre de sus primeros ministros o sus presidentes).

Entender el presente es vital y para ello hay que entender al mundo entero. Todos influyen sobre todos. Saber eso permite avanzar en la dirección acertada. Y avanzar es generar más oportunidades para nuestra gente. Estaría bueno que todos entendiéramos el juego.

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