COLUMNA CABEZA DE TURCO

Opinión | Hay Angela Merkel para rato

"Ella lloró y no por eso perdió fuerza". Por: Washington Abdala

Washington Abdala
Washington Abdala. (Archivo El País)

No se puede escribir sobre Angela Merkel sin admirarla. Ha sido la canciller federal de Alemania desde el 22 de noviembre de 2005. No creo que haya alguien tan espectacular como ella desde hace décadas en la elite política mundial. Monumental mujer política.

Empezó al lado de Helmut Kohl. Allí, arrancó la carrera de los honores con firmeza al ser nombrada ministra para la mujer y la juventud. En esa época no era como ahora que había comprensión por las causas feministas; por aquel entonces no se miraba así a ese menester, esa es la verdad. Helmut Kohl ingresó en un escándalo de corrupción en su partido político. Eso lo aniquiló. Angela Merkel advirtió que, por razones éticas o políticas, vaya uno a saber, el tiempo de Kohl había terminado y se alejó sabiamente del líder errático. Fue dura, no le faltaron argumentos para mostrar lo lamentable del camino que se había tomado y así creció rápidamente. Angela Merkel tiene formación académica: es física, habla latín e inglés. (Muy poca gente en el mundo aprendió latín). Se divorció y su apellido actual es el de su primer esposo.

Su imagen mediática nunca abruma, casi que parece una tía buena que trae galletitas con almendras para tomar el té y nunca levanta la voz demasiado para afirmar sus ideas. Es la persona con más comprensión de la problemática europea que exista actualmente y conoce los riesgos que corre Europa en cada circunstancia de tensión como nadie. Siempre está dos pasos adelante de la movida. Debe tener un IQ por fuera de la tabla.

Ha sido sabia con la historia al recordar y disculparse por atrocidades que esa nación acometió en el pasado. Y no imposta su narrativa, conoce lo que se hizo de manera horripilante y le ha puesto rostro al perdón que debió decir su país por lo que hizo. Es de recordar que fue espiada por sus aliados occidentales, lo que no dejó de ser un hecho bochornoso. Su comparación de los espías con la Stasi fue gráfica y elocuente.

Alemania es uno de los países que más seriamente asume el tema de los refugiados en el mundo. Y eso porque Angela Merkel logra instalar estos asuntos saliendo de lo declamatorio y pasando a la realidad, no como otros socios europeos que solo hablan del tema pero no logran arbitrar nada. Cuando irrumpió la COVID pensé que se desmoronaba emocionalmente. Ella, que es una dama de hierro real. En realidad, era humanismo puro al ver que sus ancianos y ancianas empezaban a morir porque el coronavirus pegaba latigazos y todavía no sabíamos cómo transitar con esa maldición. Ella lloró y no por eso perdió fuerza, solo los imbéciles creen en eso. De Angela Merkel nunca se sienten expresiones agraviantes, su palabra busca el tino, la mesura y la racionalidad. Su vestimenta jamás es pomposa. Su rostro procura no estar desencajado. Pareciera tener una dimensión cognitiva propia, un sentido del deber casi dogmático y una militancia existencial que termina por convencer al más incrédulo. No hay mucha gente así. Rompió el molde por destrozo. Quizás la religión de su padre influyó en ella, no lo sé.

No he leído grandes reportajes sobre su persona porque ella no ha permitido que muchos pensamientos internos salieran a luz. Sabe perfectamente de las limitaciones de su cargo. Será bueno, ahora que deja las luminarias, saber qué pensó cuando los ingleses se fueron de Europa, qué sentía cuando se reunía con Donald Trump, cómo manejó las relaciones con Turquía y qué siente verdaderamente de socios que trabajan poco, reclaman demasiado y siempre le están tirando la pelota a Alemania para que saque las castañas del fuego.

Asimismo, será interesante oírla hablar de los nuevos autoritarismos europeos. Y, por supuesto, qué piensa del problema del terrorismo internacional que por estos días empieza a ser nuevamente un tema de agenda. Va a ser un lujo oírla, aprender de ella y disfrutar su abrumdor talento. Ya sirvió con holgura a su nación, bien puede ahora ofrecernos a los ciudadanos del mundo su narrativa a fondo, en alguna biografía o conferencias. Hay Angela para rato.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados