CABEZA DE TURCO

Opinión | Entender el paradigma o morir

"Estamos despabilados para saber que esto es así". Por Washington Abdala

Washington Abdala
Washington Abdala. Foto: El País.

El asunto es que en medio de una tormenta uno no sabe si es la más grande de la historia. Uno la enfrenta. Pero con un algo de sentido común —en base a percepción y diálogo— uno termina por entender (percibir) lo que está pasando.

Otra perspectiva: no pocos creen que viven un momento revolucionario y no pocos creen que este tiempo es único. En realidad, para todos los humanos, todos los tiempos son únicos, al fin y al cabo es lo único que tenemos a mano en esta vida. (La vida espiritual está conectada, lo sé, pero ese es otro debate y lo respeto.) Una clave para entender el presente es advertir si estamos frente a un cambio de paradigma, de modelo, de forma de relacionarnos y de lo que aspiramos a ser. Y, entre la pandemia, la crisis económica y el home office aterrizó como una plomada algo que estaba por allí: sinceramos la realidad, si se me permite semejante licencia retórica. La realidad ya no será como la queremos sino como es. El trabajo es un asunto frágil y no es de naturaleza súper masivo. La inteligencia artificial se instaló. La no formación educativa decreta marginación social. A su vez, no toda la calificación educativa asegura movilidad social ascendente. Las energías alternativas llegaron pero no tienen aún la potencia que se creía. Va más lento el asunto. Y el futuro es de los que se dan cuenta que todo está cambiando o que ellos mismos hacen que la realidad cambie.

Los suizos creyeron eternamente que serían los reyes de los relojes. Daban por sentado su modelo mecánico. Un día llegó la familia Seiko (se pasaron décadas) hasta que inventaron el reloj de cuarzo (junto con otras empresas). El reinado suizo se puso en jaque. Los japoneses empezaron a poblar el mundo con sus relojes. Suiza tuvo que reinventar sus relojitos. ¿Qué había pasado? El paradigma suizo-mecánico había cambiado hacia el cuarzo.

Harvey Firestone fue un individuo que con sus inventos en los neumáticos cambió el paradigma de los mismos. Les puse aire, los masificó con Henry Ford y así logro más calidad, más seguridad y más comodidad. Hoy lo damos por sentado a ese tipo de ruedas pero en algún momento tuvo que existir un emprendedor para inventar todo eso. Otro paradigma revolucionario en serio, sin barba y sin matar a nadie en ningún lado.

Soy de los que miran a Elon Musk con curiosidad. Creo que está más cerca de la genialidad que de otras calificaciones que se hacen sobre su persona. No le teme ir a Marte o inventar un vehículo que funcione sin conductor. Ver a BMW, Audi y Mercedes Benz jaqueadas por Tesla, digamos la verdad, causa un cierto deleite.

O sea, deberíamos comprender el paradigma en el que estamos o seguiremos en una burbuja repitiendo sandeces. Como sociedad los que nos ayudan a vivir mejor son los que detectan los paradigmas y los cambian (no los que los copian, acá hay mucho chanta así).

Hace algunos años unos individuos estaban con la idea de inventar una galleta con valores nutricionales para salvar al mundo. Locos lindos. Lucharon con todo, pero las inercias burocráticas se los tragaron. Recuerdo semejante asunto porque creí que ellos habían descubierto un paradigma para erradicar parte del hambre del planeta. Era algo así como las barritas nutricionales del presente pero con todo adentro para meter lo que hay que meter para salvar vidas del hambre.

Uruguay inventó hace décadas unas máquinas (si, acá, gente nuestra) que sirven para potabilizar aguas que no son potables. Los que inventaron eso, empleados de OSE lo donaron, y el invento anda por allí haciendo el bien.

Son ejemplos, dispersos, algunos grandes, otros menores, algunos exitosos, otros que no lograron parir, pero todos con la misma pretensión de captar que quien no entiende su realidad solo se habla a si mismo. Me gusta pensar que -como país- estamos despabilados para saber que esto es así.

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