COLUMNA CABEZA DE TURCO

Opinión | Es un “buen tipo”

“Siempre sobrevive la causa justa por algún lado. Siempre la verdad se hace un huequito para colarse y aparecer”. Por: Washington Abdala

Washington Abdala
Washington Abdala. Foto: El País.

Hace muchos años que utilizo esa expresión para algunas personas porque el mundo no siempre es pródigo en gente buena. Al principio, hace décadas, cuando usaba esa caracterización sentía que la misma connotaba un pequeño disvalor, en realidad era mi mente absurda que creía que los “buenos tipos” no eran conquistadores de cumbres. Una torpeza mía por falta de boliche. La vida me tuvo que enseñar que solo los buenos tipos son los verdaderos triunfadores del juego y que las orugas humanas siempre muestran su miseria en algún momento.

Los buenos tipos van de frente, ayudan sin pretensión de nada, están un paso adelante de lo que la existencia demanda y no necesitan que los aplaudan por sus tareas.

Ser un buen tipo, buena gente, de buena madera, sin mala leche y sin visiones conspirativas no es para cualquiera.

La enfermedad de la sociedad actual enloquece a la gente entre imágenes que creen que vemos y redes sociales narcotizantes que le hacen creer a cualquiera que sus narrativas importan, lo que incrementa el narcisismo y la alienación, socios predilectos -si no se está atento- de los malos tipos, de los jodidos, de los taimados y de los cínicos.

Le tengo pavor a los cínicos quizás porque en esta etapa de mi vida no se me hace sencillo soportar imposturas y naderías de gente que no me interesa oír. A veces la trampa de estar “actualizado” me juega la mala pasada y me tengo que morfar algún que otro sapo (como le sentí decir a Raumar Jude hace más de treinta y cinco años). “Pibe, morfate algun sapo que este negocio no es gratis”. Hablaba de la vida, no de la política. Por supuesto no entendí en ese momento lo que me estaban regalando de sabiduría.

Claro, la vida laboral nos obliga a soportar con estoicismo a los malos y malas tipas. Un consejito, simplemente oírlos, no gastar tiempo en ellos, hacer lo que se deba hacer y que el destino resuelva. Siempre sobrevive la causa justa por algún lado. Siempre la verdad se hace un huequito para colarse y aparecer.

Nunca nacerán vínculos sanos entre gente buena con jodidos. Así que no hacerse mala sangre. El jodido, el mal bicho, el ponzoñoso o ponsoñoza al final siempre quedan en evidencia. Es solo cuestión de tiempo, variable hermosa que todo lo ubica en su justo lugar.

Ahora está de moda recomendar estar entre amigos y familia para no envejecer, para ser más feliz, para tener una vida mejor. Y te venden este mensaje “coucheado” como si fuera la gran cosa. Millones de nosotros lo sabemos por experiencia propia, la verdera familia (la que te toca o la que elejiste) y los verdaderos amigos (no los compañeros circunstanciales de ruta) son los que siempre estarán allí para vos, a veces no se requiere una militancia diaria con ellos, tampoco hablar cada mil años, pero “los” posta siempre están. Y lo confieso, no hay opciones intermedias en este asunto, no existe un desleal o un traidor por un ratito y solo con alguien, esos “patrones de negatividad” son regulares, constantes y permanentes. El jodido es jodido siempre, lo que sucede que como son grandes manipuladores se puede caer en la trampa de no advertir semejante perfil. ¡Ojo al piojo!

¿Le ha pasado que en alguna charla aparece el nombre de alguien y hay versiones discrepantes? Por supuesto, nadie es consensual para nadie, pero si alguien es claramente señalado como “mal tipo” por unos cuantos, lo mejor es tomar recaudos y tomarse los vientos.

El mundo al final se encarga de ellos, la justicia los emboca, algunos terminan presos, otros denostados, otros ingnorados y la mayoría saldrá a la calle con el “estigma” a la vista.

El mal tipo queda marcado, formalizado, dudado, sospechado y encerrado en medio del rumor ciudadano que todo lo sabe.

El buen tipo florecerá en cualquie esquina, nos regalará su vida y su energía.

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