COMPORTAMIENTO

¿Qué ocurre cuando se sale del closet?

Un libro de reciente edición que narra la historia de la militancia LGBT también recoge los testimonios sobre la experiencia de asumir, en público, la orientación sexual.

pareja gay
Foto: AFP. 


La reciente publicación del libro "La máscara de la diversidad", de Fernando Amado —con el subtítulo De la clandestinidad a la sobreexposición— no solo propone una discusión pública sobre la agenda de derechos y las particularidades de cómo la colectividad LGBT llevó adelante sus reivindicaciones. Aunque de manera lateral o secundaria, también llama la atención sobre los procesos íntimos que se viven cuando alguien decide hacer pública su orientación sexual y asumirla así ante parientes, amigos y conocidos.

Principalmente, el libro presenta un prolijo y bien expuesto recorrido histórico del camino hacia la agenda de derechos del presente. En las páginas se narran con datos, reflexiones y un anecdotario a veces bastante divertido (como la idea de cubrir el Obelisco con un preservativo) las marchas y contramarchas, los primeros y todavía tímidos pasos hacia el reconocimiento social, los paulatinamente más audaces reclamos por más espacios y lo que, por lo menos hasta el momento, se viven como victorias: el reconocimiento legal de la identidad de género, poder adoptar y el matrimonio igualitario, entre otras.

Intercalados entre raccontos de debates parlamentarios, negociaciones en la interna de la colectividad y otros hitos están los testimonios. Varias personalidades cuentan sobre cómo fue que "salieron del armario", ese mueble que ha fungido para ilustrar la doble vida que llevaron muchos homosexuales para eludir el estigma o incluso la violencia.

El origen de la famosa expresión

El académico Paribanú Freitas cuenta que la expresión “salir del armario” o closet proviene de las décadas de 1920 y 1930, en Europa. Según su relato, el término “refiere a prácticas de sociabilidad de grupos homofílicos de los años 20 y 30 en países como Alemania, Francia o Inglaterra”. Freitas relata que esas reuniones se llevaban a cabo con la regularidad del calendario: los “bailes de estación”, que se hacían en cada una de las cuatro estaciones. Ahí, “se admitía a los recientes socios de dichas sociedades ingresándolos en uno o varios armarios, los cuales se movían (ruedas mediante) al centro de la pista”. De esos armarios, los aspirantes a la cofradía “salían una vez que se había comprobado que las intenciones de pertenencia eran genuinas. Una especie de ritual de iniciación”.

Salir de ese armario tiene, para las figuras más o menos públicas o famosas, dos facetas: la pública —ante los ojos de la sociedad que ya conoce algo de la personalidad o trayectoria de la persona en cuestión— y la privada, en la cual se blanquean y reconocen cosas ante un entorno familiar que hasta entonces puede que no estuviera al tanto. Consultado por Revista Domingo, Amado dice que “una cosa es hacerlo en el ámbito público y otra en el ámbito privado. Si bien una de las cosas que se han logrado es cambiar el paradigma de lo políticamente correcto (antes era discriminar, ahora es no discriminar) es algo que recién se viene afianzando en nuestro país”. La convención de hacer lo que a uno se le antoja con su cuerpo como consecuencia de un ideal de libertad solo funciona para la vida privada. Está todo bien, agrega el autor, “mientras nadie se enterara, en la penumbra, a escondidas, acompañada incluso de la típica frase 'yo no vi nada'”.

Uno de los testimonios del libro es el de Ramiro Sendic, diseñador de moda, hijo del histórico líder tupamaro Raúl y hermano del exvicepresidente. La vía que eligió para explicitar su orientación fue la del hecho consumado: se fue a vivir con su pareja de entonces, sin dar ninguna introducción o explicación previa. “Eso es lo que nos pasa, somos muy así. Mi madre hace dos años se casó con alguien que tenía de canuto de antes. Nosotros hemos vivido cosas que nos han hecho casi como de teflón, entonces no tenés que explicar nada (...) las cosas se van asumiendo”.

Salir varias veces

Pero no todos son tan notorios como quienes llevan el apellido Sendic, ni hacen las cosas sin dar explicaciones. Muy a menudo, para quienes no se encuentran bajo el escrutinio de la mirada pública, se trata de un proceso que va encadenando eventos cotidianos en un camino que va haciéndose durante muchos años. Paribanú Freitas, experto en estas temáticas —es docente e investigador tanto de la Facultad de Psicología como la de Ciencias Sociales de la Universidad de la República—, dice que las situaciones que llevan a la salida “se reeditan en diferentes circunstancias durante toda la vida”. Hay una “primera salida”, agrega, pero lo que suele ocurrir es que esa puerta del armario tiene que ser abierta muchas veces a lo largo de los años. “Sea porque cambiamos de trabajo, porque ingresa una nueva generación de estudiantes, porque en un velorio te encontrás familiares que la última vez que te vieron tenías tres años o un viaje con tu pareja, en donde te tenés que quedar en un hotel”.

En última instancia, acota, se trata de poder ocupar un lugar social de una forma válida, y sentirse uno con su identidad sexual y de género. Toda salida del armario, sea la primera o la última, son un “un esfuerzo de intentar modificar las coordenadas sociales para habitar legítimamente el mundo. También es un ejercicio por unificar una biografía que la sociedad tiende a escindir; se tengan 12 años o 104”.

El camino de revalidaciones que se inicia cuando se sale del armario es, a su vez, resultado de uno previo, en el cual se van cumpliendo varias etapas. Freitas identifica seis pasos antes de la asunción, en público, de la orientación sexual. Esa persona “ha pasado por etapas de gestión interna y elucidación de su propia identidad por varios años y en solitario; ha conocido las dinámicas sociales implícitas a la identidad propia en un sistema hetero-cis; ha desarrollado diferentes comportamientos para ocultar su orientación; ha entendido que todas estas estrategias no resultan operativas a la hora de vivir una biografía unificada; ha entendido los costos posibles de hacer pública su identidad sexual” y finalmente, "ha resuelto hacerla pública".

Durante todo esa etapa, se acumulan muchas sensaciones negativas. Freitas señala que el ocultamiento “propicia diferentes padecimientos tanto a nivel salud mental como física, llegando hasta conductas suicidas”. El investigador aporta el concepto de “estrés de minorías” para iluminar ese estado de ánimo y añade que el mismo no es nada popular en la psicología rioplatense, centrada -como dice- en el psicoanálisis tradicional. Por eso, destaca el trabajo de un investigador bachiller, Matías Motta, sobre el concepto y dice que espera verlo publicado como artículo científico este año.

Una vez que se concreta la salida, ese estrés de minorías disminuye sustancialmente y el resultado es “un beneficio enorme a la salud mental de las personas LGBTI; fenómeno que en virtud de alguna investigación en la que he participado se expresa como alivio, sensación de integración psicológica y libertad”.

¿Se viene una reacción?

Como el propio Amado señala en su libro, las conquistas de la colectividad LGBT no solo fueron obtenidas con mucho esfuerzo. También vienen con una reacción. Hace unos cuantos años, la ensayista estadounidense Susan Faludi popularizó el término “backlash” para sintetizar cómo los sectores más conservadores de su país se habían movilizado en contra de las conquistas del feminismo durante la década de 1960 y 1970.

Mucho antes de Faludi, Carlos Real de Azúa había desarrollado en Uruguay otra noción para dar cuenta de los flujos a favor y en contra de ciertas políticas y movimientos sociales. “¡El impulso y su freno viven y luchan en el Uruguay de 2020!”, afirma Amado y agrega que “desde Artigas (quizás el primer progresista) pasando por el forjador del Estado de bienestar más perfecto de la época a principios de siglo XX, José Batlle y Ordoñez, Uruguay siempre ha tenido que convivir con un freno conservador. Después, ese freno ha pasado por el estancamiento y por el gradualismo como paradigma político. Es una convivencia del progresismo más avanzado
—que nos hizo la Suiza de América— con el 'enano fascista' que también tenemos dentro. Tan cierto como que tuvimos la primera y más sólida socialdemocracia moderna con Batlle, es que a cuatro años de su muerte tuvimos una dictadura terro-herrerista, y que salimos de ella con lo que se considera el ‘golpe bueno’ —¿hay golpes ‘buenos’?— de Baldomir. Y que 40 años después volvimos a tener una dictadura cívico-militar, con muchos apellidos que se repiten del golpe del 33”.

En el libro, uno de los entrevistados —el músico, escritor y artista visual Dani Umpi—, dice que en los últimos años se obtuvieron victorias y se consiguieron muchos derechos para la colectividad LGBT, pero que todo eso puede perderse fácilmente.

Amado no está de acuerdo con esa apreciación: “¿Se va a eliminar la ley de matrimonio igualitario? No. ¿Se va a eliminar la ley trans? Pienso y espero que no. ¿Se va a eliminar la ley de concubinato o la de adopción homoparental? No. ¿Y la despenalización del aborto? Tampoco. ¿Eso quiere decir que piense que se va a seguir avanzando en estos temas? De ninguna manera. Sin duda que va a haber un freno fuerte”.

Para él se vienen años de “machaque” en cuanto a valores de la familia tradicional, o, para tomar prestado un término que está de moda luego de las polémicas entre por ejemplo los comunicadores Rafael Cotelo y Alberto Sonsol, lo “normal”. No en el sentido de lo común y corriente, tal vez, sino en lo “normativo”, lo que debe ser de tal o cual manera. En ese contexto, ¿qué pensarán o sentirán quienes quieran dar el paso de abandonar el armario? Solo el tiempo y las circunstancias sociales imperantes podrán responder esa pregunta.

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