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La nueva vida de Monmatre

El viejo barrio bohemio vive un momento especial, con alquileres carísimos, pero se las arregla para esconder rincones mágicos.

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La bohemia se pone de moda.

Llevábamos casi dos horas caminando por Montmartre, el antiguo barrio parisino de los artistas, la bohemia y la Belle Époque. Ya era de noche y los faroles de la avenida Junot estaban encendidos. Casi al llegar a Villa Léandre, una pequeña callecita sin salida sobre la colina, dos guardias con sombrero y abrigo conversaban frotándose las manos y exhalando vapor por la boca. Había sido un día frío y lluvioso en París.

Julien Michau, el parisino que me acompañaba, un enfermero que por su trabajo conoce muy bien este barrio, le pidió permiso a los guardias para pasar y subir la escalera que conecta la avenida Junot con la emblemática rue Lepic. Sí, la misma calle donde vivió Vincent Van Gogh con su hermano Theo a fines del siglo XIX. La misma por la que se llega al famoso Molino de la Galette, que retrataron varios pintores impresionistas como Auguste Renoir o Henri de Toulouse-Lautrec (y que todavía se mantiene casi tal como en las pinturas). Y la misma donde, seguramente, Pablo Picasso y otros eximios artistas, como Henri Matisse o Guillaume Apollinaire —quienes también vivieron y trabajaron cerca de aquí—, caminaron más de una vez, buscando inspiración para sus obras.

Conocedor como pocos, Julien había dicho que la vista desde este lugar era especial. Es más: hasta hace no mucho tiempo —explicó— esta escalera no tenía rejas ni guardias vigilando. Muchos parisinos venían hasta aquí porque, efectivamente, era un lugar único y, sobre todo, romántico para admirar la ciudad.

—Mira hacia allá.

Una vez arriba, a través de un pequeño callejón entre dos casas de estilo neoclásico, la imagen fue, cuanto menos, cinematográfica. A lo lejos, allí estaba, toda iluminada, brillando en medio de la noche, la mítica torre Eiffel.

—Este es un lugar súper escondido, donde casi no llegan turistas. Pero ahora aquí hay un hotel, dijo Julien, indicando un portón verde y una gran casona detrás.

Cierto. Pasando las rejas y el portón verde se escondía el Hotel Particulier, uno de los últimos secretos de Montmartre. En una casona tradicional blanca que alguna vez perteneció a la familia Hermès, rodeada por un jardín proyectado por el paisajista Louis Benech —el mismo que en 1990 renovó una parte de los jardines de las Tullerías—, este elegante hotel boutique abrió hace unos años, pero hace solo tres semanas inauguró un pequeño y escondido bar de cócteles que hoy es, sin duda, uno de los lugares más chic de Montmartre. Y quizás de París.

Al interior, varias parejas tomaban un trago junto a la barra, mientras de fondo sonaba música electrónica. El Hotel Particulier era un buen ejemplo de lo que hoy está pasando en Montmartre. Un barrio que, por un lado, se mantiene como uno de los mayores hitos turísticos de la ciudad, atrayendo a millones de visitantes en busca de la nostalgia bohemia y artística de un París que en muchos aspectos se fue. Pero que, al mismo tiempo, y a solo un par de calles de distancia, todavía esconde varios rincones que muestran una ciudad más auténtica, donde muchos parisinos sueñan con vivir, aunque eso les cueste varios miles de euros al año. O incluso un poco más.

La culpa la tiene Amélie. Eso dice Olivier Chatelain, dueño de Le Rideau de Fer, una pequeña y nostálgica tienda de vinilos a un costado de la Basílica de Sacré-Coeur, el mayor emblema de Montmartre. "Montmartre es un barrio muy mezclado, un buen ejemplo de lo que es el distrito 18", dice Olivier, quien vive hace 19 años aquí. "Es un lugar donde vive todo tipo de gente y donde todavía se encuentran pisos más económicos. Pero antes era mucho más accesible. ¿Conoces la película Amélie?"

Estrenada en 2001, Olivier dice que fue esta película (que cuenta la historia de Amélie Poulain, joven soñadora que trabaja en el Cafe des Deux Moulins y compra frutas en Au Marche de la Butte, ambos sitios reales del barrio) la que marcó un nuevo antes y después para Montmartre.

—Después de la película empezó a llegar mucha más gente al barrio, sigue Olivier. Pero no solo turistas interesados en fotografiar las locaciones, sino los propios parisinos que querían vivir aquí, lo que hizo subir los arriendos.

Por si no lo sabe, algunos apuntes sobre este barrio. Ubicado sobre una colina a 130 metros de altura —el punto más alto de París—, Montmartre vivió su momento de gloria a fines del siglo XIX y comienzos del XX. El tiempo pasó. Los grandes pintores bohemios se fueron (se dice que el último fue Gen Paul, quien murió en 1975) y, desde entonces, Montmartre comenzó a sumirse en una lenta decadencia, aumentada por la proliferación de prostitutas, sex shops y drogas en la zona de Pigalle, que está justo a los pies de la colina.

Pigalle es todavía el barrio rojo de París, aunque hoy luce algo "saneado" (las prostitutas ya no son tan evidentes) y está cubierto por esta masa constante de turistas que llega al barrio atraída, sobre todo, por la foto junto a la Basílica de Sacré-Coeur, que está solo unos metros más arriba. Según cifras oficiales, la Basílica es la segunda atracción más visitada de París después de la Catedral de Notre Dame: recibe alrededor de 10,5 millones de turistas al año.

Montmartre puede dividirse perfectamente en dos: a uno y otro lado de la basílica. La parte turística, dicho está, se encuentra en la subida hacia Sacré-Coeur, digamos desde el metro Anvers, Pigalle o Blanche. La zona "de verdad", o al menos donde se ven sobre todo parisinos, está por detrás, desde el metro Jules Joffrin o Lamarck-Caulaincourt. Justamente es esta zona donde el alza inmobiliaria que hoy vive Montmartre está en evidencia.

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