Espíritu navideño

Una nueva manera de regalar y regalarse que es tendencia en esta Navidad

Conforme avanza el conocimiento sobre los efectos del consumismo, la costumbre de regalar en Navidad también cambia. De lo nuevo a lo usado, y de lo fabricado a lo artesanal.

Regalos hechos en casa.
Regalos hechos en casa.

Antes, hace tiempo, recibir un buzo de segunda mano o una lata de galletas caseras como regalo de Navidad te habría hecho enojar. Pero hay señales de que cada vez más gente está posicionándose en contra del consumismo, aunque sea de manera silenciosa. Algunos simplemente aceptan la sencillez y rechazan la ostentación. Otros evitan endeudarse y gastar de más. Sin embargo, también están aquellos quienes se preocupan por la cantidad de basura que genera la Navidad y sus repercusiones en el medio ambiente y el cambio climático.

Sin importar la razón, cada vez más personas están regalando —y recibiendo como regalos— artículos usados, obsequios hechos artesanalmente o “experiencias”, como clases de cocina y viajes, o incluso donaciones a instituciones de beneficencia en su nombre.

Pero aún falta: este año, 190 millones de personas en Estados Unidos compraron online o en tiendas para el feriado Día de Acción de Gracias. La mayoría compró mercancía nueva, y solo 7% hizo una parte de sus compras en tiendas de segunda mano. No obstante, la nueva tendencia viene creciendo desde 2016, cuando los analistas comenzaron a notarla.

Los valores de las fiestas

Son varios los expertos y analistas que aseguran que estas formas alternativas de regalar comenzaron como una manera de ahorrar dinero, pero han evolucionado rápidamente a una manera de reflejar valores.

Uno de ellos es proteger el medioambiente. Las inquietudes y efectos del cambio climático hacen que cada vez más personas piensen en los océanos llenos de plástico y los cielos repletos de humo de las fábricas textiles en China. Estas imágenes chocan con las de los obsequios encantadoramente envueltos en un papel costoso. Eva Raposa, estratega de negocios de 37 años, les dijo a sus familiares que, si quieren regalarle algo a su hija de 8 años, tienen que comprarlo en las tiendas de consignación. “Empecé a sentirme incómoda con la forma en que mis familiares le regalaban tantos artículos importados a mi hija. Se lo daban con amor, pero para mí era basura”, comentó.

Esta incipiente manera de pensar, por supuesto, hace las delicias de las tiendas de consignación y de segunda mano.

Milo Bernstein, propietario de varias tiendas de consignación, dice que las ventas en sus locales solían bajar en noviembre y diciembre, cuando la gente dejaba de comprar para sí misma y comenzaban a comprar artículos nuevos para los demás. Pero en los últimos cuatro años, las ventas en esos mismos meses se han mantenido estables e incluso se han incrementado, una señal de que las personas están usando las tiendas de consignación para sus compras navideñas. “Antes, los hombres entraban y preguntaban: ‘Quiero comprar un bolso marca Fendi para mi novia. ¿Tiene la caja original? Porque no quiero que piense que compré un bolso usado’”, dice Bernstein.

Tiendas de segunda mano
Tiendas de segunda mano

Pero eso ya no sucede. Es más: ocurre a la inversa. Ahora es cada vez más probable que los clientes presuman con sus seres queridos que compraron regalos de segunda mano. “De alguna manera, incluso es mejor que no contribuyas a generar más desperdicios en el planeta”, reflexiona el comerciante.

Arte en vez de objetos

El mercado del arte también ha aumentado. Bernadette Horgan, portavoz de la Orquesta Sinfónica de Boston, comentó que la organización vendió 308 certificados de regalo en noviembre y diciembre de este año, con respecto a los 253 que vendió el año pasado durante el mismo periodo, y los 196 que vendió en 2017. “Podemos afirmar que la mayoría de ellos son regalos navideños”, escribió en un correo electrónico.

¿Todo es esto es resultado de una moda impulsada por millennials? Sí y no. La encuesta de Mintel (ver recuadro) demostró que la mayoría de los consultados que se identificaron como millennials o miembros de la generación Z (o sea, aún más jóvenes, nacidos entre 1995 y 2015) prefería las experiencias a los objetos.

No obstante, el 44% de los compradores que se identificaron como parte de la Generación X (nacidos entre 1965 y 1979) y el 40% de quienes se describieron como baby boomers (nacidos entre 1944 y 1964) también afirmó que preferiría recibir una experiencia como regalo antes que algo material.

“Eso comprueba que hay un consenso universal sobre la manera en que los consumidores dan prioridad a lo que más les importa”, dice Diana Smith, directora asociada de ventas minoristas y prendas de vestir en Mintel. La afirmación de Smith es un poco temeraria (o inflada), pero aún así es un indicio de la dirección en la que soplan los nuevos vientos.

Smith agrega que cuando se estudió el acto de comprar o recibir obsequios de segunda mano, no se constataron diferencias significativas en el comportamiento entre los distintos grupos de edad estudiados. Más de la mitad de quienes fueron encuestados sobre sus hábitos de consumo también expresó el deseo de saber si los productos que estaban pensando en adquirir estaban fabricados de manera sustentable o ética.

La ama de casa Adriana Compagnoni, de 53 años, se inspiró en ese tipo de aspiraciones cuando, en 2012, comenzó a hacer ella misma regalos caseros con la miel y cera de abeja que recolectaba de los panales que tiene en el fondo de su casa, en Nueva Jersey. “Puede que estuviese delirando”, dice ahora entre risas, “pero en realidad estaba bastante segura de que a la gente le gustaría”. Compagnoni también vende sus artículos de fabricación casera en mercados emergentes de ventas navideñas. “No es una chuchería que terminará en un basurero o acumulando polvo en sus hogares”, dice confiada al emprendedora.

Además, parece que esta nueva costumbre llegó para quedarse. De acuerdo a un integrante de la empresa de encuestas Accenture, solo hay que echar un vistazo a las cifras. El año pasado, el mercado de artículos de segunda mano en Estados Unidos generó la nada despreciable suma de 24.000 millones de dólares. Y para el año 2023 se espera que esa cifra trepe aún más y llegue a 51.000 millones de dólares.

“A medida que los consumidores empiezan a comportarse en concordancia con sus valores y con conciencia social, avanzamos”, dice Smith de Mintel. “Esto va allá de una simple tendencia. Se trata de una elección consciente, de un estilo de vida y de un reflejo de cómo estamos viviendo nuestras vidas. Ahora, las personas se definen más por lo que valoran que por lo que poseen, y sus hábitos de compra lo hacen evidente”.

¿Uruguay?

Aún así, dijo, los consumidores deben considerar si de verdad es socialmente responsable regalar paquetes de viaje de lujo y certificados de regalo de restaurantes, ya que los viajes aéreos y los alimentos descartados dejan huellas de carbono muy altas. “Si se piensa bien, regalar experiencias puede llevar a más desperdicio”, puntualizó Smith.

Lo que parece fuera de toda duda es que los ideales aspiracionales de gran parte de la clase media en muchos países probablemente cambien. Puede que el “nuevo uruguayo” -un estereotipo nacido en la era progresista- aún no se haya enterado de que sus patrones de consumo son anticuados, anacrónicos. Pero así como llegaron nuevas maneras de interacción social impulsadas por la cultura popular estadounidense (Halloween es el más reciente ejemplo de esto), es probable que también esta manera de consumir empiece a calar.

Tal vez entonces, dentro de unos años, la Navidad y las fiestas no se=an solo sinónimo de calor, comilonas y una gran montaña de basura de papel de regalo y cajas descartadas. Tal vez, el futuro “nuevo uruguayo” no tenga complejos en adquirir artículos de segunda mano, o directamente salirse del espiral consumista.

Los vínculos valen más que los objetos

Mediante encuestas realizadas por Internet a 1.700 consumidores el año pasado, la empresa de investigación de mercado Mintel reveló que aproximadamente una quinta parte de los encuestados estaba de acuerdo en que “regalar experiencias” era mejor que regalar bienes tangibles.

Este año, otra encuesta similar demostró que aproximadamente la mitad de los encuestados estaba de acuerdo.

Otro sondeo realizado hace poco, también por Internet reveló que aproximadamente la mitad de los compradores que respondieron consideraría regalar prendas de segunda mano y que también recibirían con gusto un regalo como ese. “En realidad, todo el estigma en torno a los artículos de segunda mano está menguando o desapareciendo”, de acuerdo a Jill Standish, directora de consultoría de ventas globales en Accenture, la empresa que realizó la investigación.

En todo esto, además, influye también el clásico mensaje navideño de que lo que importa es el vínculo y la relación, no lo envuelto en papel para regalo. Sin embargo, ese mensaje -reproducido en cientos y cientos de películas, relatos y series- poco ha logrado en cuanto a frenar o disminuir el exacerbado consumismo que afecta al medio ambiente. En ese sentido, los rezongos de Greta Thunberg parecen haber sido más eficaces en cuanto a cambiar las actitudes respecto a lo que se compra, vende y desecha.

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