Salud

Cuando la noche en vela es una pesadilla

Los trastornos del sueño pueden originarse por varias causas, pero es necesario tratarlos debidamente para conseguir una vida saludable, en algunos casos las consecuencias son graves.

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Foto: Shutterstock

Para los antiguos griegos el sueño era "el hermano de la muerte". Estaban convencidos de que, al dormir, el cerebro se detenía y anticipaba, de algún modo, el final de la vida. Muchos siglos después la ciencia demostraría que, lejos de detenerse, el cerebro permanece en una intensa y sostenida actividad. Y buena parte de esa actividad tiene cometidos curativos o reparadores, en el más literal de los sentidos.

Sin embargo, cada vez son más frecuentes los trastornos del sueño. Según los especialistas estos aparecen asociados a dos problemas bien marcados: la depresión y los trastornos de ansiedad. La clasificación clínica los agrupa en dos tipos: las dismonias (trastornos intrínsecos del sueño, los extrínsecos y los del ritmos circadiano), y las parasomnias (trastornos del despertar, de la transición sueño-vigilia, y las asociadas al sueño REM).

Las consecuencias que pueden acarrear estos trastornos pueden ser graves. "El sueño se encuentra dentro de las conductas basales, es tan importante como alimentarse. O sea que si una persona no duerme, enfermará y morirá", resume sin ambages el psiquiatra Pedro Bustelo, especializado en el tratamiento de la depresión, donde el trastorno del sueño suele ser una consecuencia usual.

Un tercio de nuestras vida discurre en el sueño. "Hoy se sabe que el sueño es un proceso activo, complejo, endógeno, ya que es relativamente independiente de las condiciones externas", escribió la doctora Mónica Huerta, en un abordaje clínico del problema desde el ángulo de la medicina interna.

Muchos de los trastornos se originan en malos hábitos que pueden ser corregidos, antes que en patologías precedentes.

"Los trastornos inciden directamente en la salud, hay que pensar que durante el sueño se regulan todas las llamadas hormonas del estrés: la adrenalina, la noradrenalina y la cortizona. Las tres hacen subir la presión, por lo que la falta de sueño puede favorecer a la hipertensión. También suben el azúcar, por lo que pueden predisponer a la diabetes", ejemplifica Bustelo.

Activo

"Durante el sueño la conciencia se apaga, pero el cerebro sigue muy activo", señala el psiquiatra.

Y como muestra de esa febril actividad que continúa en el reposo, Bustelo señala el ejemplo de la producción de testosterona en los varones. "Se trata de un anabólico natural que se produce, precisamente, durante el sueño. Y es la razón de que, comúnmente, los varones despierten con una erección", explica Bustelo.

En este estado también se produce la llamada hormona del crecimiento, "que durante la vida adulta tiene la función de reparar tejidos", explica.

"El cuerpo tiene lo que se denomina un ritmo circadiano, vulgarmente conocido como el reloj biológico, que se regula con la luz, en particular con la luz diurna. Por eso es tan importante la ausencia de luz cuando se va a dormir, hasta la luz más pequeña, como por ejemplo la de la función stand by del televisor, interfiere con el proceso y es tomada por el organismo como luz diurna y por lo tanto interrumpe el sueño", explica Bustelo.

Esta es la razón por la que resulta totalmente desaconsejado el uso de pantallas de cualquier tipo de dispositivo, incluyendo por supuesto a la televisión, en las horas de reposo.

"Dado que mi especialidad es el tratamiento de la depresión, he puesto especial cuidado en los trastornos del sueño en la llamada fase REM, que son las siglas en inglés de movimientos oculares rápidos (Rapid Eye Movement), que es una fase profunda del sueño", señala el psiquiatra. La abundante investigación médica en torno a la fisiología del sueño ha permitido demostrar que durante esta fase REM "el cerebro se activa eléctrica y metabólicamente, con frecuencias similares a la vigilia con aumento del flujo sanguíneo cerebral".

"Por eso cuando enfrentamos un caso de trastorno los primeros pasos deben estar dirigidos a recuperar la arquitectura del sueño, es decir, que el paciente tenga todas las fases con normalidad, principalmente la fase REM", señala Bustelo.

En este estado, señala el especialista, se produce en el cerebro "la recaptación de los neurotransmisores". Para explicarlo en forma sucinta, el cerebro tiene una población de cien mil millones de neuronas, cada una es capaz de comunicarse con quinientas a cien mil a la vez mientras se producen determinados procesos. Las neuronas se comunican entre sí mediante la sinapsis, las extremidades de las neuronas denominadas axones y dendritas se conectan entre sí a través de neurotransmisores, por ejemplo la dopamina. El uso y "recaptación" de estos neurotransmisores se produce, precisamente, durante las etapas más profundas del sueño.

"Por eso, por ejemplo, durante el sueño se consolida todo lo que se aprendió en el día. Por esta razón se recomienda a los estudiantes que tengan las horas adecuadas de sueño, por ejemplo, antes de rendir un examen", señala Bustelo.

Los ejemplos que muestran este comportamiento del cerebro abundan en la vida cotidiana. "El cerebro se queda buscando soluciones a problemas pendientes, imagine la cantidad de información que debe revisar para encontrar una respuesta, por más banal que sea. Piense en esa señora que se quiere acordar del nombre de una actriz o en qué película trabajó, cuantos más años tengas más tiempo le llevará revisar todo su disco duro hasta que diga ¡por fin me acordé! Bueno, parte de este proceso continúa durante el sueño", explica el psiquiatra.

Todas estas y otras operaciones quedan alteradas cuando tienen lugar los trastornos. Los especialistas los clasifican en varias categorías.

Por ejemplo, existe el trastorno de conciliación y es el de aquellas personas a las que les cuesta conciliar el sueño. Demoran a veces horas en dormirse, esta modalidad suele estar asociada a los trastornos de ansiedad. También existen los de mantenimiento del sueño, que son aquellos que no pueden mantener un lapso regular de descanso y tienen uno o varios despertares. Y luego se encuentra el insomnio, donde directamente la persona no logra dormir en ningún momento de la noche.

"En la adolescencia suelen aparecer casos en el otro extremo, que son los de hipersomnia, donde el chico duerme muchas horas más de lo normal. En psiquiatría solemos llamar a esto el "sueño refugio", puesto que es una forma de sustraerse de un medio que por alguna razón lo hace sufrir", explica Bustelo.

Estos casos ocurren dentro de profundos cuadros depresivos y, en algunos casos, son la antesala del suicidio.

Estudios clínicos, que se pueden hallar en los Archivos de Medicina Interna, han determinado que las consecuencias del insomnio pueden derivar en las siguientes molestias diurnas: malestar, distracción, pérdida de concentración, disminución del rendimiento sociolaboral, alteraciones del carácter, somnolencia, astenia, propensión a cometer errores en el trabajo o en conducción de vehículos, así como algunos síntomas somáticos.

"La forma de prevenir estos problemas es llevar a la práctica todas las condiciones de higiene del sueño", asegura el psiquiatra. Alimentación adecuada, ejercicio regular y eliminación de hábitos nocivos como el tabaquismo, el consumo de alcohol u otras sustancias contribuyen.

El sueño ha alimentado la mejor literatura, con páginas inquietantes como aquellos versos de Edgar Allan Poe: ¿Todo lo que vemos o parecemos no es más que un sueño dentro de un sueño?, escribió el poeta de Baltimore.

Qué hacer para la higiene del sueño

La higiene del sueño requiere de algunos cuidados básicos, nada complicados aunque muchas veces se olvidan. Las condiciones ambientales, por ejemplo: un colchón cómodo, una almohada adecuada, una habitación en silencio y nada de luz. Los especialistas recomiendan adoptar algún tipo de ritual antes de dormir, como tomar un baño caliente antes de acostarse, o escuchar música relajante. También se pueden emplear técnicas de relajación, si se conocen. Mantener una dieta balanceada y, sobre todo, evitar una cena muy copiosa antes de acostarse, aunque tampoco es conveniente irse a dormir con hambre, porque lo más seguro es que despertemos en medio de la noche en busca de alimentos. Tampoco es conveniente tomar estimulantes más allá de la media tarde, tales como bebidas con cafeína como café o bebidas cola. También es recomendable mantener una práctica regular de ejercicios físicos. Evite consumir alcohol antes de dormir. Si no puede conciliar el sueño se recomienda levantarse y realizar alguna actividad inductora del sueño, como relajación o lectura. Y, sobre todo, evite el uso de pantallas de dispositivos electrónicos en el dormitorio o antes de dormir.

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