Juan Álvarez

"Desde muy niño supe que quería ser golfista"

Nació y vive en el barrio Casabó, es el mejor jugador amateur sudamericano y el 36 del mundo. Y su sueño es llegar a competir en el exclusivo Masters de Augusta.

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Juan Álvarez, el mejor golfista uruguayo (Foto: Marcelo Bonjour)

LUIS PRATS

Juan Álvarez se para en el tee del hoyo uno. Pone la pelotita sobre el pequeño soporte plástico —que también se llama tee— hundido en el césped, prepara el drive, gira en un perfecto movimiento (swing) y saca un golpe seco. La pelota vuela hasta casi escapar de la vista del espectador no avezado. Y de paso, ese golpe liquida dos prejuicios del golf: que es un deporte de ricos y que para pegarle fuerte es necesario tener un físico poderoso.

Desde Casabó, su barrio, a Augusta (Estados Unidos) hay una línea recta. Son miles de kilómetros de distancia y no se sabe cuántos hoyos, pero Juan está dispuesto a recorrerlos y llegar. Sería el primer uruguayo en disputar el Torneo de Maestros, el legendario, el exclusivo, el de la cancha perfecta y decorada como un jardín.

Para eso, no tiene problemas en levantarse todos los días a las siete de la mañana, salir de su casa en esa zona del Cerro, atravesar la ciudad en su moto y entrenar en Punta Carretas hasta que se pone el sol. Ese camino lo llevó a ser a los 22 años el mejor golfista aficionado de América del Sur y el número 36 del mundo, otra proeza inédita para el deporte local.

"Desde niño supe que quería ser golfista. Antes que apareciera otra preferencia, no sé, médico o abogado, ya me incliné por el golf. Claro que también quería jugar en Peñarol", cuenta Juan, apenas completada una vuelta de 18 hoyos en el reciente Abierto de Montevideo. Un mes antes, había perdido el Abierto de la República Argentina —uno de los torneos más antiguos del mundo— recién en el último hoyo y ante un profesional estadounidense, Kent Bulle. Había 175 mil dólares en premios, pero como Álvarez es amateur, no le hubiera tocado un centavo (ver aparte).

Su padre, que también se llama Juan, trabajaba como caddie en el Club de Golf del Cerro. Juan hijo ya ni recuerda la primera vez que lo acompañó, porque es prácticamente su vida entera.

"Me gustaba desde chico, caminaba siempre por la cancha. Un día arranqué en serio, con 12, 13 años. Entré en la escuelita a los 12 y a los 13 empecé a venir al Club de Golf del Uruguay", recuerda. Muchos clubes de golf tienen sus escuelas, donde los niños toman por primera vez un palo y aprenden el juego. Un poco tímido, otro poco risueño, él admite que cuando empezó a tomar clases ya jugaba muy bien. Y eso que practicaba con unos palos de adulto que le había dado su padre. "Nunca me gustó tener palos a medida, recién hace poco en Estados Unidos hice las mediciones para eso", explica. De entrada, ya tuvo handicap 10, casi de primera categoría.

Recomendación.

El profesor Alcides Flores vio cómo le pegaba a la pelota el chico y fue a hablar con don Álvarez para contarle el gran futuro que lo esperaba. "Mi padre no le hizo mucho caso. Pero ahora está muy contento con mis actuaciones", asegura. "Me veían jugar también los socios, pero el paso por el Cerro fue corto, porque enseguida me vine para Punta Carretas. Me trajo el profesor argentino Santiago Laverne y ya me quedé acá".

De aquellos tiempos surgió el apodo, Bola 8, entre su físico retacón y su costumbre de practicar siempre con el hierro ocho. Y también de entonces es su ídolo golfístico, Diego Tero Pérez, a quien seguía siempre cuando competía como aficionado. Hoy Pérez es profesional en el Club de Golf del Uruguay, donde se ven todos los días, si bien el coach de Juan es el argentino Ruben Llanes.

"En 2007 empecé a dedicarme con todo. Fui a mi primer sudamericano. Ahora vivo para el golf. Vengo todos los días de mañana con mi moto y sigo hasta la tarde. Estoy todo el día en la cancha y veces también en gimnasio. Los lunes descanso, pero el resto de los días entreno. No me preocupa, porque me gusta entrenar. Y juego todo lo que se me presenta. Vengo de un mes y pico de torneos todas las semanas, la mayoría en el exterior", cuenta.

¿Hobbies, distracciones, salidas? "Si te lo tomás en serio, el golf no te da tiempo. Salvo algún lunes, no tengo tiempo. Ya no salgo de noche, porque te acostás temprano y te levantás temprano. Ahora tengo dos semanas libres y voy a aprovecharlas un poco", anuncia.

"La verdad es que paso muy poco en casa, estoy todo el tiempo viajando", asegura. Y menciona sus últimos destinos: Rio de Janeiro, San Pablo, Rio de nuevo, Rosario, tres veces Buenos Aires. Unos días antes fue a Ecuador por la Copa Los Andes, el sudamericano por equipos. Ya jugó en toda América del Sur. También en Estados Unidos y Europa. Lamenta no haber podido recorrer las atracciones turísticas en cada país, porque llega "directo a entrenar", aunque cuando estuvo en Turquía se quedó tres días más y pudo conocer.

"Jugué en canchas impresionantes, perfectas. La que más me gustó fue Carnoustie, en Escocia. Caminé también por Saint Andrews, el día de práctica del Open. Una cancha complicada, aunque me gustaría también jugarla. Pero mi meta es jugar en Augusta. Pararte en el tee del 1 de Augusta no tiene nombre, no tengo palabras para explicarlo", enfatiza.

Su juego.

Juan le pega muy fuerte a la pelota. Y admite que es algo inusual para quienes no tienen gran corpulencia. "Es algo natural, ya de chico le pegaba fuerte a la pelota. Con el driver le vengo pegando fuerte y recto. Es uno de mis golpes favoritos, aunque hay veces que pegás mejor y otras peor. El juego corto lo vengo jugando bien. Estoy trabajando mucho en eso. Hay semanas que meto mucho y otros no", advierte sobre la proverbial dificultad de este deporte.

Otra de las características de su juego es que no teme a arriesgar mucho. En el golf hay golpes lógicos: para llevar la pelota de aquí para allá se recomienda pegar de tal forma, de manera de salvar los obstáculos que presenta la cancha. Y si no se sigue ese consejo, el temerario puede sufrir nefastas consecuencias en su tarjeta de golpes. Pero Álvarez es de los arriesgados.

"Hago lo que siento en el momento. Siempre juego con mis anotaciones sobre cada hoyo, las posiciones de bandera y lo sigo. Pero cuando puedo, hago ese tiro complicado. Hay gente que me dice qué loco lo que hacés. Pero yo lo siento, tengo que arriesgar. La mayor parte de las veces me salió bien. Nunca terminé perdiendo porque me haya salido mal. El día que pase vamos a ver...", admite.

¿Qué le gusta del golf? "Viajar, representar a Uruguay, conocer gente, hacer amistades. Hice muchos amigos en el exterior. Y cuando estoy en Punta Carretas me siento alejado de todo. Lo veo como un paraíso. Si hay que entrenar, es en serio, aunque me gusta. Pero si no, me divierto jugando con mis compañeros", afirma. Curiosamente, no mira golf por televisión, lo aburre. "Antes era más divertido, cuando Tiger Woods ganaba siempre", opina. "Si juego mal me enojo por un rato, por las cosas que no me salieron. Pero esto es golf, hay semanas en que te sale todo y otras que no te sale nada. Hay que ser muy consciente de eso para no marearse", asegura.

Expectativas.

La meta más próxima de Álvarez es el Latin America Amateur Championship, que se jugará en enero en República Dominicana. El premio es la clasificación para el Torneo de Maestros de Augusta, uno de los cuatro Majors profesionales del golf mundial. "Quiero ser el primer uruguayo en jugar el Masters. También quiero jugar los Juegos Olímpicos en Rio. Van los mejores 50 aficionados del mundo. Ya estoy en ese ranking, así que estoy esperando la confirmación", señala.

Durante un breve lapso compitió como profesional, pero no salió bien, debido a su juventud, inexperiencia y falta de fondos.

"Me gustaría volver a ser profesional, pero no tengo apuro —sostiene—. Ya hice una prueba, jugué cinco torneos pero vi que el juego no me daba y tomé la decisión de volver a ser aficionado. Cuando Ruben Llanes y (el gerente del Club de Golf) Raúl Pérez, que son los que conducen mi carrera, digan que estoy pronto, ahí será. No es fácil. Tendría que lograr un contrato por tres años. Podría probar un año y medio y luego largarme en serio".

Por apenas un golpe...

Juan Álvarez venía de ganar en Rosario de Santa Fe y Rio de Janeiro, pero en el último Abierto de la República Argentina era simplemente un aficionado anónimo contra los mejores profesionales locales y varios del exterior. Cuando faltaban tres hoyos, logró un águila (dos golpes menos que el par) que lo puso en la punta. "Pensé en hacer tres pares en los hoyos que quedaban, pero el estadounidense (Kent Bulle) logró birdie en el 18", recuerda. Terminó perdiendo por un golpe. El último ganador amateur había sido en 1963...

De aquella jornada en la famosa cancha "Colorada" del Jockey Club recuerda dos cosas en especial. La primera, el apoyo que recibió del público porteño en los hoyos finales. "Parecía que estaba jugando en Montevideo", asegura. La segunda es que no se puso nervioso, pese a la exigencia de la situación. "Lo raro es que no controlaba la fuerza de mis golpes, me salía muy fuerte la pelota. Era la adrenalina... Pero no sentí la presión", explica, sonriente. No se llevó el primer premio, pero sí la copa Pereyra Iraola, destinada al mejor aficionado del Abierto. Una distinción que en 110 años del certamen solamente una vez logró un uruguayo, Álvaro Canessa, en 1980.

SUS COSAS

Su entrenador.

El argentino Ruben Llanes es actualmente su profesor en Punta Carretas. "Tengo una relación muy buena con él. Me encanta la forma en que te hace entrenar, porque es una persona muy seria. Te dice hay que entrenar y hay que cumplir. Me hablaron mucho de él, les hice caso y no me arrepiento", dice Álvarez.

Su equipo.

Juan es hincha fanático de Peñarol y le hubiera gustado vestir sus colores. "Lo voy a ver siempre que puedo, si estoy en Montevideo. Fui contra Juventud, el día que salimos campeones", recuerda. Le gustaba mucho Jonathan Urretavizcaya, "cuando corría por la punta". También recuerda con emoción los goles de Tony Pacheco.

Sus palos.

Actualmente juega con palos Titleist, marca que también le proporciona el calzado. Ya se acostumbró a cargar la bolsa por aeropuertos y hoteles del mundo. En Estados Unidos hizo fitting,un estudio que permite personalizar los palos según sus características físicas y de juego. Cuando niño usaba palos de adulto, pero él se las ingeniaba para pegar bien.

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