MARÍA INÉS LORENZO
"La cirugía es un acto médico, no debe ser banalizada como un regalo", dicen los médicos uruguayos. Debe analizarse efecto psicológico antes de realizarla.
Fue noticia en todo el mundo: boliches argentinos sorteaban prótesis de mama entre las chicas que iban a bailar. Tanto revuelo se armó que, inmediatamente, una ley prohibió esos sorteos. Sin embargo, no hay legislación que pueda frenar tal fenómeno en crecimiento: las porteñas se agrandan los senos desde edades cada vez más tempranas: las piden como regalo de quince e incluso para Navidad, según consignan los diarios de ese país. ¿Qué sucede en Uruguay?
La moda cruzó el charco, pero con otros patrones culturales, más propios de esta sociedad que ("por suerte", según los expertos) es más conservadora y prudente. El fenómeno aún es tímido dado también los obstáculos impuestos por los propios médicos, quienes priorizan la salud física y psíquica de las adolescentes. La gran mayoría de los cirujanos prefiere no operarlas.
De todas maneras, en el país cada vez más jóvenes entre 18 y 20 años se realizan cirugías de mama, cuando antes lo más común era entre los 30 y 50. A eso se le suma que ahora se importan prótesis de mayor tamaño porque la demanda es de "lolas" más voluptuosas, aseguran los especialistas, quienes coinciden en que si bien sí han sido consultados por chicas de 15 y 16 años, los casos son excepcionales.
Las contraindicaciones son suficientes como para pensarlo dos veces. "En muy jóvenes, sus cuerpos aún no terminaron de desarrollarse y, aunque la glándula mamaria no esté muy crecida en esa etapa, puede que en unos años más sí, y la operación sea innecesaria. Si ésta se realiza, puede generar luego disconformidad con la nueva imagen y, consecuentemente, problemas emocionales como baja autoestima", señala el cirujano plástico Gonzalo Fossati, presidente de la Sociedad de Cirugía Plástica del Uruguay (SCPU).
"A esa edad, sólo se podría justificar el implante de prótesis cuando se padece Síndrome de Polans, que es una malformación de la glándula mamaria", indica por su parte el cirujano plástico Marcelo Marín y agrega que, de todos modos, se plantearía hacer o no la operación.
"Muchas veces las jóvenes, y también las más adultas, vienen con ganas de realizarse una cirugía cuando en realidad no la necesitan. De ahí que sea importante evaluar antes los aspectos psicológicos de la persona porque hay casos en los que se tiene una distorsión visual sobre sí mismo", agrega el cirujano.
Desde la psicología, María Sol Doria afirma que el trabajo debe ser interdisciplinario, es decir, de reflexión con un equipo médico y la paciente sobre el porqué y para qué ella desea operarse. "No hay que olvidar, por ejemplo, que los adolescentes son proclives al impulso, a hacer las cosas sin mediar la reflexión. Se debe estudiar la valoración de su imagen y saber cuáles son las expectativas que tiene con la intervención quirúrgica para ver si son o no reales", explica Doria, quien trabaja conjuntamente con Marín en la Clínica Cataluña.
Por esos y otros motivos, la psicóloga considera que no se debería enmarcar la operación de mamas como "regalo" a un adolescente. "La cirugía es un acto médico que se realiza luego de analizar el impacto que puede tener en la personalidad de la joven", dice.
"No hay que banalizarla", acota Fossati.
Querer ser mujer. La mínima edad aconsejada por los médicos para realizarse una cirugía de mamas es luego de los 20 años.
De todos modos, Fossati asegura que ya a los 18, las jóvenes están preparadas para pasar por el quirófano, tanto física como mentalmente. "Estas intervenciones son una de las más gratificantes para la mujer, siempre que se realice en una etapa de la vida adecuada. Una chica de 15 no puede pensar como una de 18. Aunque los años que las separan no son tantos, se nota una gran diferencia de madurez entre ellas, cosa que no se observa tanto entre las veinteañeras y las más adultas", dice Fossati, al tiempo que agrega que colocarle prótesis a las adolescentes es adelantarlas a experiencias que aún no han vivido. Lo que en un lenguaje más coloquial significa "quemar etapas".
La psicóloga Doria analiza las razones de la necesidad de aumentarse el busto en edades más tempranas de la siguiente manera: "Algunas chicas pugnan por refugiarse en la niñez, ocultan su cuerpo encubriéndolo con ropa grande o indiferenciada que no permita reconocerlo, esperando la lenta transición de su desarrollo. Otras, a diferencia, parecería que quieren realizar ese cambio rápidamente, transformándose en mujeres con formas. La cirugía plástica muchas veces puede representar un intento para acortar ese período entre la niñez y la adultez, y buscar adquirir atributos femeninos en una etapa que se caracteriza por la indiferenciación sexual".
También se puede hablar de una identificación con un imaginario colectivo, un modelo, por ejemplo, el de la televisión argentina, que empuja hacia la perfección de la imagen, agrega la experta. "No obstante, se puede representar como un deseo de identificación con una madre que se defiende del paso del tiempo buscando una mejoría en la estética y el bienestar".
Poner límites. La demanda de senos cada vez más grandes es hoy tendencia entre mujeres de 20 a 50 años. "Hoy, todo el mundo toma como patrón de belleza los cánones de bustos voluptuosos impuestos por la vida moderna, y las mujeres, por ende, no quieren quedar fuera del mismo. Esta situación es más compleja de lo que se piensa porque el responsable de establecer el límite entre qué tamaño de busto es fino o grotesco es el propio cirujano. En mi caso, por ejemplo, le explico siempre a la paciente cuál es mi concepto de belleza y si el de ella es muy distinto no la opero", confiesa la cirujana plástica Graciela Ventós, quien se inclina más por colocar siliconas que luzcan naturales, así como Fossati y Marín.
También el cirujano Álvaro Barreiro, secretario de la SCPU, está de acuerdo con sus colegas y comenta que no existe la mujer que luego de una intervención considere que se le fue la mano con el volumen de prótesis. "Sí es común que digan que les hubiese gustado un poco más", revela Barreiro.
Si bien pueden existir defectos reales (mamas demasiado pequeñas o muy grandes que provocan un claro efecto perturbador), importa valorar la dimensión del problema. "Muchas veces se encubren cuestiones emocionales más profundas que las mujeres creen resolver en un quirófano de manera mágica cuando no es así", analiza la psicóloga.
Aunque no siempre es necesario que la mujer se someta a una operación, hay quienes luego de los 20 tienen muy poco desarrollo mamario o han amamantado y la piel de los senos quedó muy floja. "En esos casos, el implante de prótesis resulta bueno porque además de otorgar una forma más femenina, permite tensar y mejorar la apariencia de la piel" detalla Ventós, y aclara que no existe diferencia entre operar a una persona de 18 o una de 40 ya que todo depende de los tejidos y del físico de la per-sona.
Vendrán "las chatas". Frente a esa nueva tendencia de belleza copiada de la vecina orilla e instalada (no tan críticamente) en Uruguay, ¿qué vislumbran los expertos?, ¿irá en ascenso?, ¿es un buen modelo a seguir?
"Esa moda irá desapareciendo porque no es algo bueno y las cosas que no son buenas no llegan para quedarse", opina el presidente de la SCPU, Gonzalo Fossati.
Marín comparte esa visión: "Es una filosofía de vida impuesta en este momento y con el tiempo cambiará. Luego estarán de moda las rubias chatas y todas van a querer ajustarse a ese modelo".
Graciela Ventós no sabe qué sucederá y, justamente por eso, considera que hay que atenerse a la naturalidad y la belleza. "Adecuándose a un parámetro de esas características nunca se pasará de moda", razona la cirujana.
"Es muy difícil que en el país las mujeres se coloquen prótesis desde jovencitas porque aquí no se fomenta eso. Ni siquiera se piensa en esa posibilidad. No es como en Argentina, donde la cirugía de mamas y la venta de prótesis son un producto comercial", arguye por su parte el cirujano Barreiro.
Las uruguayas, por suerte, son más conservadoras y conscientes que las porteñas, agrega Fossati, y lo ejemplifica de un modo divertido: "¡Imaginate lo que le puede llegar a decir acá una madre a una hija que le pide como regalo una cirugía de mamas. La mata! Y esa cultura ya está instalada en la sociedad".
La psicóloga María Sol Doria explica que se vive en un mundo donde la importancia de la imagen es cada vez más fuerte y que, como padres, se debe conversar con las hijas acerca de cómo se van haciendo mujeres, de la riqueza que les da su género, la posibilidad de ser madres, trabajar, emprender grandes logros y poseer una sensibilidad especial. "Hay tiempo para tomar decisiones, y es vital que el cuerpo y el psiquismo comiencen con paciencia a elaborar las frustraciones y alegrías de la vida", finaliza.
No todo lo importado se compra, pero que influye, influye. Impensado años atrás, uruguayas de 18 o 20 años no temen ingresar al quirófano para volverse más voluptuosas. ¿Cuándo serán las quinceañeras? En Argentina, ya lo piden y se lo dan. En este lado del río, los profesionales se niegan. ¿Hasta cuándo?
Adelantos médicos disminuyen los riesgos
Existen varios tipos de prótesis mamarias y, al igual que las prendas de ropa, las hay en distintos tamaños, formas y materiales. Las más utilizadas son las de gel de silicona y las de superficie lisa o rugosa. "La elección de una u otra, tanto para las jóvenes como para las más adultas, dependerá de su estado de salud, su altura, su capacidad toráxica así como la cantidad de busto que tenga", señala el cirujano Gonzalo Fossati, presidente de la Sociedad de Cirugía Plástica del Uruguay.
"Lo que se busca es que la mujer quede armoniosa de pies a cabeza", agrega.
Pero los cuidados no corren sólo por cuenta de los médicos. "Antes, por ejemplo, se podía romper una prótesis dentro del cuerpo y la silicona migraba hasta al codo. Hoy, sin embargo eso ya casi no sucede porque la calidad de los materiales ha mejorado mucho", indica el cirujano plástico Marcelo Marín.
"En cuanto a los riesgos de la operación de aumento de senos en sí, tiene los peligros inherentes a cualquier otra cirugía (que son muchos), aunque lo más temido es la contractura capsular, que se observa en algunos pacientes", dice Fossati. "Cuando uno le pone al organismo algo que no reconoce lo puede aislar, y cuando lo aísla lo hace como una cápsula que se cierra detrás de la prótesis y la presiona. Al apretarla cambia el aspecto natural de la mama, y queda rígida, fea de ver y al tacto. Pero, a los meses, el cuerpo se va acostumbrando", explica Marín.
La buena noticia es que los avances médicos han permitido que se disponga de una medicación que se suministra concomitantemente con la operación y disminuye un 2% el dolor de contractura capsular, dice el cirujano.
Otro de los sinsabores que se pueden pasar luego de salir del quirófano es que un seno quede más bajo que otro, explica Marín. "Las mamas no son simétricas y cuando se aumentan su tamaño eso se visualiza más", revela.
De ahí que el doctor Fossati resalte la importancia de mantener siempre informado al paciente, para que si aparecen algunos de esos inconvenientes no se le caiga el mundo abajo. "Hay que asesorarse y elegir un cirujano de confianza, que mantenga a la mujer al tanto de los procesos de la operación. Una paciente bien interiorizada es una paciente feliz, conforme con el resultado", finaliza Fossati.
Las cifras
600 Es el valor promedio en dólares de lo que cuesta el par de prótesis de mamas en el país, según los expertos.
2.000 Número estimativo de lo que sale una operación de aumento de senos en Uruguay. En el precio están incluidas las prótesis.
15 Son la cantidad de días que los médicos sugieren como cuidado pos-operatorio, tanto para las jóvenes como las más adultas.