NOMBRES

Negocios en clave de rock

Si sobre el escenario Paul “Starchild” Stanley parece ser el líder, tras bambalinas Gene Simmons es el jefe en Kiss. Él combina dos mundos: estrellato y negocios.

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Arriba del escenario, Gene es bajista y cantante; debajo, es quien maneja los números. (Foto: Google)

LEONEL GARCÍA

El individuo nacido hace casi 67 años en Haifa, Israel, bajo el nombre de Chaim Witz, que se lo cambió a Eugene Klein ni bien llegó a Estados Unidos con su madre, y que luego de flashear con The Beatles y recibirse de maestro decidió llamarse Gene Simmons, es la mezcla perfecta entre hombre de negocios y estrella de rock, una combinación imposible para algunos puristas.

"Yo vivo para ganar más dinero", le dijo a la BBC en abril de 2015, durante la última gira de Kiss, la banda de la que es fundador, compositor, productor, bajista, cantante y —bajo los escenarios— líder, por Sudamérica. Y plata le sobra: su fortuna está calculada en 300 millones de dólares. Kiss, una banda de hard rock creada en 1973 aún en actividad, lleva vendidos 100 millones de discos en todo el mundo. Mucho de su éxito se debe a una puesta en escena, de la cual las caras pintadas son su faceta más conocida, que sus fans celebran por su espectacularidad y sus detractores tildan de circo. Eso y 5.000 productos de mercadotecnia (muñequitos, ataúdes, pins, preservativos, flippers) han cimentado semejante fortuna.

Su amor al dinero es tal que Kiss probablemente sea la primera banda-marca de la historia del rock. Así, tanto Paul Stanley, cantante, compositor, guitarrista y —sobre los escenarios— líder de la banda, como él, los únicos dos miembros originales que permanecen en el cuarteto, han expresado públicamente que sería bueno que Kiss durara por siempre. Para eso, otros músicos más jóvenes eventualmente deberán ocupar (comprar) su lugar. Ambos son sesentones largos y la energía no es la misma con la que sorprendieron en los 70, pero no deja de llamar la atención la posibilidad de convertirse en el primer grupo de rock que no solo siga adelante sin ningún integrante original, sino que "venda" sus roles.

Claro, Gene también tiene su corazoncito. La voz de grandes éxitos de la banda como Deuce, Shout it out love, Rock and roll all nite y Domino, el personaje "El Demonio" y la lengua más larga del planeta rock, estará feliz con que alguien tome la posta, se ponga el maquillaje, los trajes y las botas de plataforma, sobre todo porque no se imagina subir sin su compinche Stanley. "No me lo puedo imaginar pero todo es posible", dijo en una entrevista a la emisora WNCX en Cleveland.

"La idea que subyace en todo esto es que queríamos crear un grupo que no habíamos visto nunca sobre un escenario. Tenía que combinar los fuegos artificiales del cuatro de julio con la tecnología y con todo lo que moviera al público. Ahora mismo estoy aquí sentado hablando de un grupo que jamás jugó al juego de los singles y que es la banda de Estados Unidos que tiene más discos de oro. No tenemos nada que ver con los singles, no somos como Coldplay. Siempre hemos estado contra las modas. Si lo piensas, ninguna banda lleva maquillaje y tacones como tu madre y piensa que el escenario es como una iglesia eléctrica en la que pocos pueden entrar. Que lleves una camiseta y unos vaqueros destrozados no significa que pertenezcas al escenario. Y esto ocurre porque si vas vestido como tu público ¿Para qué te subes a un escenario? ¡Fuera del escenario! Ofrece un espectáculo. Dale a la gente alguien a quien mirar, alguien que suda, que no usa pistas grabadas o bailarines de Las Vegas. No hay play back. Somos la banda que más trabaja en este negocio", dijo como declaración de principios —nuevamente, una mezcla de orgullo rockero y genio del show business— en esa entrevista realizada en julio.

Al estrellato.

Su difícil infancia puede explicar parte de su ansias de riqueza. Su familia fue "extremadamente pobre", como le dijo al diario israelí Haaretz en 2011, en su primera visita a su país natal desde que se fuera a Estados Unidos en 1958. Hijo de un carpintero y de una húngara que sobrevivió al Holocausto, sus primeros años se sucedieron en un país muy joven y aún subdesarrollado, alimentándose gracias a las raciones de leche y pan. El espíritu comercial que desde muy pequeño anido en él provocó que ya a los siete años aportara algunas libras en casa (los shekels no aparecieron en Israel hasta 1980), vendiendo frutos de los cactus. Se fue a Nueva York solo con su madre —no volvería a ver a su padre— y ahí ambos tuvieron que empezar de cero. El pequeño Gene, por ejemplo, no sabía inglés. Mucho tiempo después repetiría lo gratamente abrumadora que le resultó su patria adoptiva. Le remacharon lo más popular y vendible del American way of life: si trabajás duro, conseguirás tus sueños. Inteligente y vivaz, lo tomó al pie de la letra. Y le fue más que bien.

Gene se desempeñó en varias tareas en pos del sueño americano. Fue empleado temporal en la agencia de servicios Kelly, corrector tipográfico en la revista Vogue e incluso maestro de Primaria en el sector hispano del Harlem. Sin embargo, su fascinación por los cómics —su expresión cultural favorita—, sumado al impacto que le produjo ver a The Beatles en televisión por primera vez en 1964, marcaron su destino. Con el tiempo uniría sus dos pasiones formando una banda con una estética ideal para la historieta (de hecho, editaron revistas con tinta presuntamente elaborada con su sangre; todo valía por la publicidad).

Su etapa de maestro, además, no podía calificarse de vocacional. "Duré seis meses, porque no soportaba a los niños. Quería sacudirlos. Esa es la edad en que comienza la rebeldía. Empecé a enseñar por la misma razón por la que hago esto: necesito tener un escenario. Todo el mundo necesita ser mirado, pero algunos lo necesitamos más. Soy una versión extrema de lo que es todo el mundo... No quiero tener hijos. Soy el último varón de la familia y quiero que la línea termine conmigo. Soy muy reservado en mis relaciones. No quiero casarme nunca", le dijo a la revista Rolling Stone en 1977, cuando Kiss comenzaba a conquistar el mundo.

Esa frase, síntesis de un ego infinito y el deseo (cumplido) de ser admirado, no se sostuvo con el tiempo. Gene fue un raro caso de una estrella de rock totalmente ajeno al alcohol y a las drogas. Las mujeres siempre fueron su vicio: ha dicho públicamente haber tenido 4.800 parejas sexuales en su vida. Eso incluye groupies y parejas más famosas como Diana Ross y Cher. En 1983 conoció a la modelo de Playboy Shannon Tweed, con quien cedió el "no quiero casarme nunca" en 2011. Para entonces ya tenían dos hijos, Nick (27) y Sophie (24), y un tira animada basada en ellos —Mi padre es una estrella de rock—, emitida por Nickelodeon. Es que para un patrimonio de US$ 300 millones hay que sacarle jugo a todo.

LENGUA LARGA, DEMASIADO

Tildó de "patética"a la muerte de Prince y luego se disculpó

"Mi familia me tiró toda la mierda encima por mi gran boca otra vez. Pido disculpas. Pero tengo un largo historial de rabia por lo que las drogas le han hecho a familiares o amigos", escribió Gene Simmons en Twitter el 10 de mayo.

Pese a su liberal vida sexual, Gene es muy conservador en otros aspectos. Uno es el político —más de una vez defendió la postura exterior del expresidente George W. Bush— y otro es el referido a las drogas. Abstemio militante, el tuit anterior refiere a su exabrupto luego de la muerte de Prince, el 21 de abril.

"La de David Bowie fue la más trágica —de las muertes recientes en la música— porque estaba realmente enfermo. Todos los otros fueron una elección. Las drogas mataron a Prince. ¿Qué pensás, que fue un resfriado?", le dijo a Newsweek. "Qué patético que se matara a sí mismo. No engañarse, eso hizo. Lentamente, te lo garantizo. Eso es lo que las drogas y el alcohol son: una lenta muerte".

Por supuesto, tamaña falta de tacto con la muerte de un colega (cuya causa aún no había sido establecida) no podía caer bien, aunque fuera muy conocida la filosa (y larga) lengua de su portador. La andanada de críticas no se hicieron esperar —incluyendo la de su compañero de ruta, Paul Stanley— y El Demonio debió rectificarse. "Crecí en una cultura donde los adictos eran señalados como perdedores y ha sido difícil para mi cambiar eso con el paso del tiempo. Pero no hace falta decir que no me expresé adecuadamente", terminó.

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