CIENCIA

Por qué ellas necesitan dormir más

Arianna Huffington puso sobre el tapete la necesidad de recuperar sueño perdido por pantallas y exceso de trabajo. Ellas son más sensibles a la falta de descanso.

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Dormir

Cada vez que Arianna Huffington viaja —y vaya que lo hace— hay algo que nunca puede faltar en su valija y que, para ella, es casi tan importante como el cepillo de dientes: masking tape. La cinta adhesiva cumple un rol tan vital como insospechado. Apenas llega a la habitación de su hotel, tapa con ella todas esas luces centelleantes, por lo general azuladas, que emiten el teléfono, la pantalla del televisor, despertadores digitales y todos los adminículos electrónicos que suelen estar en esos recintos. Así, y solo así, logra conciliar el sueño.

Era un día cualquiera de 2007 cuando Arianna, 65 años, cofundadora del periódico digital que lleva su nombre, al que abandonó en agosto para trabajar en una ONG dedicada a temas de salud y bienestar social, y una de las mujeres más poderosas del mundo según The New York Times, se cayó. No chocó con nada. No tropezó. No se mareó. No tenía el estómago vacío. Simplemente, se cayó de bruces al suelo, de tan agotada que estaba. ¿El resultado? Una fractura en el hueso de uno de sus pómulos.

La experiencia la obligó a cambiar su rutina. Una de las primeras decisiones que tomó fue seguir un consejo que los expertos repiten insistentemente pero que muy poca gente hace: cargar su smartphone, tablet y computador fuera de su habitación. Además, Arianna convirtió la hora de dormir en un verdadero ritual que describe como "transición al sueño", al que le dedica, al menos, media hora diaria. Se acostumbró a usar el dimmer para atenuar las luces de su cuarto y se da el tiempo para darse un baño con sales terapéuticas. El paso final es ponerse un pijama o camisa de dormir de seda. Esto, que parece banal, es clave: antes de su caída, solía quedarse dormida con ropa. Así, era difícil una noche reparadora.

Tras constatar en carne propia los beneficios de una buena "higiene de sueño", Arianna decidió contar cómo tener buenos hábitos le había cambiado la vida. Así surgió su libro The Sleep Revolution: Transforming your life, one night at a time ("La revolución del sueño. Transformando su vida, una noche a la vez"), que rápidamente se convirtió en best-seller. "Estamos en medio de una crisis de privación de sueño", apunta la autora.

Hormonas y algo más.

El mundo médico está feliz de que Arianna haya escrito este libro porque ha vuelto a llamar la atención sobre la necesidad de que la gente duerma, ahora que las noches han sido invadidas por todo tipo de pantallas. Pero, especialmente, les parece positivo que haya sido iniciativa de una mujer, porque la evidencia actualmente disponible apunta a que ellas necesitan dormir más y mejor que los hombres.

Esto, en primer lugar, tiene una raíz biológica. Según explica la médica chilena Larisa Fabres durante el período menstrual la dismenorrea (dolores asociados al ciclo) dificulta el sueño. En el embarazo, agrega, el aumento de la progesterona es responsable de muchos cambios, entre ellos, la necesidad de dormir más. Más tarde, en la menopausia, los cambios hormonales determinan que el sueño se haga más superficial y menos reparador. Según el doctor Eduard Suárez, especialista en sueño, y director de la Unidad de Estudios Clínicos del departamento de Psiquiatría de la Universidad de Duke, en Carolina del Norte, cerca del 40 por ciento de las mujeres reporta dificultades para dormir en esta etapa. Por otro lado, estudios muestran que el uso de terapia de reemplazo hormonal para tratar los síntomas de la menopausia también puede alterar los patrones de sueño.

Todo esto hace que, a lo largo del ciclo vital de la vida de una mujer, se vaya sumando la deuda de sueño. Si bien los hombres también enfrentan trastornos asociados con el dormir, estos no se enraízan en un tema hormonal. No parten "seteados" para sufrirlos. En ellos, el problema más frecuente es la apnea, condición usualmente relacionada con el sobrepeso, donde la respiración se detiene, provocando "microdespertares" que impiden el sueño profundo.

Pero hay también diferencias culturales que hacen que ellas necesiten noches más reparadoras. Diversos estudios concluyen que las mujeres que hacen trabajos que se realizan de noche, como es el caso de las enfermeras o que trabajan en empresas de aseo, ven más afectada su calidad de sueño que los hombres que cumplen las mismas funciones.

Por su parte el neurocientífico Jim Horne señaló que "los cerebros de las mujeres están cableados de manera diferente a los hombres, son más complejos, y por eso su necesidad de sueño es sutilmente mayor". Además, puntualizó que el estilo de vida que las mujeres tienen hoy, debido a su multiplicidad de roles, ayuda poco a mejorar el panorama: "Para las mujeres, el sueño pobre está fuertemente asociado con altos niveles de estrés psicológico y mayores sentimientos de hostilidad, depresión y rabia". 

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