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Navidad en otras tierras

¿Cómo viven los uruguayos las fiestas en otros países? Domingo habló con compatriotas sobre festejar lejos del país y los parientes.

Guillermo Helbling junto a una estatua del "Abuelo Escarcha" y la "Doncella de la Nieve" en Moscú
Guillermo Helbling junto a una estatua del "Abuelo Escarcha" y la "Doncella de la Nieve" en Moscú

Las mesas grandes —a veces en el patio— el parrillero prendido, la sidra circulando, las risas, las peleas familiares que terminan con el “Feliz Navidad” de la medianoche y los ojos expectantes que miran los fuegos artificiales. Los abrazos alegres, los abrazos más tristes que traen en el saludo a aquellos que ya no están. Los niños que siempre se distraen justo en el momento que pasa Papá Noel o aquellos que gracias a algún tío, hermano mayor o abuelo lo ven llegar con su bolsa. El brindis y el calor. La Nochebuena y Navidad en Uruguay es casi como la Nochevieja y el Año Nuevo, pero con el arbolito como centro y sin las uvas ni los brincos ni las metas. Más allá de su significado religioso, para muchos uruguayos la fecha se transformó en una ocasión para celebrar a la familia y la tradición, con sus variantes, se repite de Norte a Sur del país. ¿Pero qué pasa en el resto del mundo? ¿Cómo se celebran las fiestas donde es invierno? Las películas navideñas, tan comunes por esta época, pintan unas postales de nieve, pinos, estrellas y coros de vecinos por las calles, ¿pero qué sucede en realidad? Domingo conversó con uruguayos que pasan las fiestas en Estados Unidos, Rusia, España, Portugal, Puerto Rico y Australia y contaron su versión de estos días especiales del calendario.

En Siberia y Moscú

“Desde los días soviéticos, la fiesta es el Fin de Año”, dice Marcel, un montevideano que hace 26 años alterna su vida entre Moscú, de donde es su esposa Victoria, y Uruguay. Es que en Rusia, 24 y 25 de diciembre son días comunes, pasan desapercibidos y se trabajan. A Papá Noel se lo conoce como Ded Moroz (Abuelo Escarcha) —a veces viste de azul—, y llega en la vigilia de la Nochevieja acompañado por su nieta Snieguroshka (Doncella de la Nieve), también vestida en tonos fríos. Este personaje, como Papá Noel, está inspirado en San Nicolás, “el santo considerado como el más milagroso por el pueblo ruso”, explica Marcel.

Postal navideña rusa
Postal navideña rusa

Para Guillermo (foto principal), que se fue de Uruguay en 1999 para vivir primero en Estados Unidos y luego en Rusia, pasar de unas temporadas de fiestas en Nueva York a Siberia (vivió 13 años) y Moscú (vive hace tres) ha sido toda una sorpresa cultural. Del extremo consumista, donde el espíritu de los chirimbolos y las luces se respira desde fines de noviembre, a la ciudad donde el 25 de diciembre es un día más.

“Yo lo que hice al llegar a Rusia fue encontrarme con muchos extranjeros (ingleses, alemanes, latinos) y hacer la nuestra. El tema es que el 25 no es feriado, entonces coordinamos, porque si cae un fin de semana, impecable, pero si no te tenés que pedir el día en el trabajo. En lugares de mentalidad abierta, te lo dan. Este año me quisieron dar un montón de cosas para hacer el 25 y dije: ‘Perdón, pero es Navidad’”, relata Guillermo, que se casó con Elena, una mujer rusa, y suelen alternar unas fiestas en el Norte con la familia de ella y otras en Colonia del Sacramento, de donde es oriundo. “Los dos estamos acostumbrados a las dos tradiciones, pero para ella la novedad fue que en la tardecita de Navidad fuimos a la playa y que el 31 de diciembre lo pasamos afuera comiendo asado en familia. A mí lo que me gusta de allá es la intimidad que genera el clima, la nieve. Tiene su cosa linda y hay que disfrutar lo uno y lo otro”, sostiene.

Por su parte Marcel dice que no extraña las navidades uruguayas: “Por lo menos no la comercial ni tampoco la de las comilonas. La otra, la que celebra el espíritu y el misterio de ser, se puede recrear allí donde uno esté, en el calor o en la nieve y con quien se esté bien”.

Marcel Blanchard en el entreacto del Cascanueces en Moscú
Marcel Blanchard en el entreacto del "Cascanueces" en el Palacio de los Congresos del Kremlin
Tradición

Un cascanueces más que especial

“En los últimos años se ha puesto muy de moda en Moscú asistir el mismo 31 de diciembre a la función del ballet Cascanueces. Las funciones exclusivas se dan en el Teatro Bolshoi y en el Palacio de los Congresos del Kremlin. Las entradas se disparan y desaparecen al instante”, cuenta Marcel, que junto a su esposa Victoria convirtieron esa costumbre rusa en parte de sus navidades.

Una tradición que ambos remarcaron fue que todos los 31, diez minutos antes del Año Nuevo, los televisores de los hogares rusos se encienden para escuchar el discurso del presidente. “Es así desde los años de la URSS”, aclara Marcel. Después, en lugar de los clásicos turrones, las mesas se decoran con mandarinas y también tienen su película navideña: “Es tradición ver Ironía del destino, quizá el clásico más popular del cine ruso, que trata de los días de fin de año”.

En Bilbao y Lisboa

Las navidades de Sofía en Europa son impredecibles: “Nunca sé qué voy a hacer ni qué voy a comer o dónde voy a estar hasta que llega el día, pero bueno, eso es un poco por mi estilo de vida”. Sofía es una trotamundos. A los 21 años se había ido de Uruguay para conocer otros lugares y hacer vida nueva. Con el pasaporte italiano en mano, aterrizó en España y de su primera Navidad lo único que recuerda es que trabajó. Las primeras fiestas que realmente celebró lejos de su familia fue la de 2015, con 22 años y en Bilbao.

Sofía en la Navidad de Tenerife
Sofía en la Navidad de Tenerife

“Recuerdo que la decoración de la ciudad era abundante. En cada farola había alguna estrella de luces LED o algo referido a la Navidad, pero lo que más me impresionó fue la Gran Vía que a sus lados tiene árboles bastante voluminosos y les pusieron luces azules y por la noche aquello parecía una fiesta de electrónica, estaba muy psicodélico”, describe y se ríe. Esa fue, además, la primera Navidad que compartió con una familia española y, comenta, había una cantidad de comida tal que fueron terminando las sobras recién en Año Nuevo: “Una locura, porque ‘las sobras’ eran platos sin tocar”. Los mariscos y los tradicionales polvorones coronaban las recetas típicas.

Para diciembre de 2017, Sofía estaba viviendo en Lisboa, fue “arropada por una familia del lugar” y se encontró con que el plato protagonista era el bacalao. Por lo demás, las costumbres en la capital de Portugal eran parecidas a las que Sofía conocía: esperan a “Pai Natal”, y para los religiosos, el niño Jesús lo ayuda con los regalos. Como en Uruguay, la Nochebuena es la protagonista. De ahí también recuerda el árbol de Navidad, que está en la Plaza del Comercio que —se dice-—es el más grande de Europa. Aunque su altura varía cada año, en 2007 llegó a los 76 metros y, para Sofía lo más impresionante fue poder pasar por debajo y verlo desde el interior.

El interior del árbol de Navidad de Lisboa, considerado el más grande de Europa
El interior del árbol de Navidad de Lisboa, considerado el más grande de Europa. Foto: Sofía Barla

La última vez que pasó en Uruguay fue en 2016, cuando se tomó unas vacaciones. Si piensa en qué es lo que más extraña, no está segura, es bastante escéptica con respecto a las fechas y cree que “las navidades son una excusa para el consumo masivo y si uno lo que quiere es comer en familia lo puede hacer cualquier día”. Para este año, al momento de la entrevista Sofía pensaba pasar en Tenerife, ahí es donde vive desde hace un tiempo. Dice que si bien la decoración es mucho más apagada que la de otros lugares en los que ha estado, el espíritu está y hasta se ve a grupos de mujeres cantando villancicos por las calles.

Panorámica del árbol de Navidad de Lisboa. Foto: Sofía Barla
Panorámica del árbol de Navidad de Lisboa. Foto: Sofía Barla

En Barcelona

Mirando fotos de su año en Barcelona Mariana pasó por una postal de una cuadra llena de luces y no dudó: “Es de la calle Balmes”. Es que en la capital catalana cada barrio tiene su impronta en la decoración y cada calle un juego de luces que no se repite en el resto de la ciudad. Cree que hay más espíritu navideño, pero que tiene que ver con que el frío invita a otro tipo de festejo. “Se toma chocolate, se comen bombones, hay mercados de Navidad y la celebración empieza a mediados de noviembre. La Navidad es más que una fecha puntual. No festejan el 24, cenan y después se acuestan a dormir”. Para los catalanes, el 25 no es Papá Noel el que trae regalos, sino el Tió de Nadal, un tronco al que cada día le dejan comida y que llegada la Navidad los niños le cantan y golpean para que “defeque dulces y algunos regalos, aunque los más importantes los traen los Reyes Magos”.

Mariana Malek en una feria navidaña de Barcelona, Foto: Federico Bazzi
Mariana Malek en una feria navidaña de Barcelona, Foto: Federico Bazzi

“Hay más espíritu navideño, o un espíritu diferente, pero se extraña”, confiesa Mariana, que para hacer la Navidad del 2016 más amena, se reunió con algunos uruguayos y una francesa. Hicieron un asado con morrones incluidos y ella preparó un cheescake para el postre. Como buenos uruguayos, esperaron hasta la medianoche para ver los fuegos artificiales, lo que terminó por ser una desilusión, porque no hubo nada. “A la 1.00 ya estaba todo el pescado vendido. Lo que nosotros hacemos en Navidad, ellos lo hacen en San Juan, que es su verano. El 24 de junio de ellos es nuestro equivalente al 24 de diciembre”, explica.

Para Año Nuevo la cosa cambia. Hay fuegos artificiales en Plaza España, se comen uvas y se sale a bailar. Mariana y sus amigos optaron por un bar de uruguayos y argentinos en el Born. “Era el lugar donde nos sentíamos un poco más cerquita y los latinos tenemos la tendencia a juntarnos mucho cuando estamos lejos”, comenta.

“Yo creo que cuando vivís afuera formás tu familia con la gente que vas encontrando. A los uruguayos que encontré daba la casualidad que medio los conocía, pero allá y después de Barcelona, se convirtieron en eso: mi familia. También hice una muy amiga peruana y en Año Nuevo, pasaron con nosotros otras francesas y una china”, cuenta Mariana, quien cree que en esas fiestas lejos de Uruguay se reflejó la Barcelona cosmopolita: “Vos llevás tus tradiciones, los otros llevan las suyas y las juntás para recrear afuera lo que hacés en tu país”.

En Washington DC

Extrañar a la familia parece ser un factor común para aquellos que pasan estas fechas lejos del lugar donde crecieron. Eso y el calorcito de verano. Pero Ingrid y Agustín, que hace siete años se fueron a Estados Unidos y ya tienen su propia familia con Maia y Tomás, lo sobrellevan intercalando algunos años en su país y, cuando están en Washington, mezclan las tradiciones para que no se sienta tanto la falta.

Se juntan con otras familias amigas uruguayas, pasan unas veladas numerosas y como hay muchos niños, hay bastante ruido. Para ellos es más lindo. “Acá se festeja el 25, pero nosotros nos juntamos el 24. Lo que hacemos generalmente es ponernos de acuerdo dónde celebrarlo y organizamos lo que acá se llama un Secret Santa, que es el amigo invisible. Para la comida, como hace mucho frío para el asado, hacemos un ‘potluck’, todos contribuimos y cada participante lleva el plato que le guste más preparar, pero casi siempre platos típicos del Sur. Este año yo voy a llevar canelones y de postre flan. Queda una mesa superrica y variada”, describe.

Para Ingrid la Navidad viene de la mano de su creencia religiosa, por eso le importa el armado del arbolito y pesebre el 8 de diciembre. Además, durante los cuatro domingos previos a la Navidad prenden una vela de la Corona de Adviento. “Celebramos el nacimiento de Jesucristo, después los regalos y lo otro es todo cosa accesoria que contribuye a esa alegría”, comenta.

Ingrid junto a su esposo Agustín y sus hijos Maia y Tomás en Wanshington DC
Ingrid junto a su esposo Agustín y sus hijos Maia y Tomás en Wanshington DC

En la ciudad todo cambia a partir de los primeros días de diciembre. Los coros de las iglesias -que trabajan todo el año e Ingrid recalca que son de muy buen nivel- preparan repertorios de villancicos. En la Casa Blanca, la familia presidencial enciende el árbol nacional, una actividad que congrega a miles de personas y altera a la ciudad. Las pistas de patinaje son un hito y los espacios públicos, aunque los árboles estén sin hojas por el frío y la nieve, se iluminan con lucecitas. “En el zoologico hacen la Noche de las Luces, entonces todos los días, a partir de las cinco de la tarde que ya está oscuro, el paseo con los niños es en el zoológico que está decorado con animales y otras figuras hechas con luces navideñas”, describe y reafirma: “Acá, en diciembre, realmente todo se transforma”.

En Venecia y San Juan

Pasar la Navidad en distintos lugares es, para Favio, la consigna para tratar de aplacar la nostalgia de esta época del año. En 2013 dejó Uruguay y se mudó a Puerto Rico, allí se casó con Rafiné y al año siguiente decidieron mudarse a Nueva York, donde viven actualmente. “Mi esposa es médico, por lo que a veces se da que tiene que trabajar durante las fiestas y cenamos en Nueva York, pero cuando podemos tener libre ya sea unos días o unas semanas, pasamos la Navidad en otros lugares. Mi esposa tiene a su familia en Puerto Rico, yo en Uruguay, entonces vayamos a donde vayamos siempre falta una mitad”, comenta.

Un diciembre que recuerda con claridad es el de 2015 que pasaron en Venecia y estaban los dos solos. Estaban haciendo una gira de un par de semanas por Alemania, Suiza e Italia y la Navidad los atrapó en Venecia. Lo que más los marcó fue que en Italia se come “mucho, mucho. Demasiado. Se empieza muy temprano y son horas picoteando, más la pasta y después el plato principal, y los postres y el café que lo tenés que acompañar con algo”, cuenta. Además, como en todo el Norte, está el frío, un aliado para reclutar a las familias en el interior de las casas con la comida.

Favio Ramirez Caminatti junto a su hija Naria y su esposa Rafiné en Puerto Rico.
Viajes. Para menguar la nostalgia, Favio y Rafiné pasan diciembre en distintas ciudades, pero este año será la primera vez de su hija Naria en Uruguay.

Todo lo contrario han sido las navidades que han pasado en Puerto Rico. Primero, porque allí la temporada navideña va desde el día después de Acción de Gracia (cuarto jueves de noviembre) hasta fines de enero. “Es una de las navidades más largas que he vivido”, afirma. Para él es muy divertido, sobre todo las “parrandas”, nombre que se le da a una visita sorpresa de unos amigos a otro, que normalmente ocurre cuando ya están todos durmiendo. El día anterior a la entrevista, estando en Puerto Rico, a Favio y su esposa les dieron una parranda un montón de personas que llegaron a la casa por la noche. Lo que lo impactó al principio fue que el 24 eran las diez de la noche y todos se querían acostar: “Casi me entra una depresión porque son esos cambios culturales a los que hay que adaptarse”.

Este año, Rafiné tendrá su debut en las fiestas orientales y tiene mucha curiosidad por conocer las tradiciones de su marido. Lo más especial es que ahora tienen a Naria, su hija de un año, y será su primera visita a “la tierra de papá”.

Puerto Rico y la navidad más larga

La Navida d más larga del mundo se disputa entre varios países. Uno de los que están en el podio es Puerto Rico, donde los festejos mundanos y religiosos se cruzan desde el día siguiente a Acción de Gracia y va hasta fines de enero. Entre las tantas fechas que festejan, está la de la Misa de Gallo que los católicos comienzan a celebrar a las 23.30 del 24 de diciembre y reciben la Navidad con una representación del nacimiento de Jesús.

En cuanto a los festejos populares están, entre otras cosas, las “parrandas”, que en principio se ceñían al Día de los Inocentes, pero que actualmente hay quienes las realizan en cualquier fecha de la temporada de fiestas. La tradición indica que un grupo entre de sorpresa y por la noche a la casa de un amigo, donde luego celebran una fiesta.

Para terminar las celebraciones está la Fiesta de la Calle de San Sebastián, que aunque tiene un significado religioso, se ha convertido en un fin de semana de diversión, disfraces y música en la ciudad de San Juan.

Australia replica la cultura estadounidense, pero al sur y en verano

Entre 2017 y 2018, Bruno y Valentina se fueron para Australia, un destino cada vez más común para las working holiday de los uruguayos. Para Valentina, lo más difícil de diciembre fue pasar lejos de su familia. “Yo lloré un montón, me vino la nostalgia”, cuenta. Para Bruno, que está acostumbrado a hacer temporada en esas fechas en Uruguay, fue un poco más llevadero.

Viviendo en la ciudad de Gold Cost, en Queesland, pudieron notar que a los australianos del lugar les gusta mucho la cultura de Estados Unidos. Los vecinos decoran sus casas con muchas luces y los municipios se encargan del resto de la ciudad. “Hasta había varios Papá Noel con nieve”, comenta Valentina.

“Salvo que es verano”, dice Bruno. Entre los planes más usuales de los australianos está pasar las fiestas al aire libre, en parques o en playas. En Año Nuevo, las tiradas de fuegos artificiales son organizadas por los municipios y se hacen en las playas.

En el caso de ellos, en ambas fiestas pasaron con amigos, en Año Nuevo un poco más íntimo, y Valentina preparó un turrón para sentirse un poco más cerca a Uruguay.

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