MIGUEL BARDESIO
Dos de cada tres usuarios de iPod o Mp3 lo escuchan a un volumen nocivo para los oídos. Son jóvenes en su mayoría y los médicos advierten que se viene una generación con serias deficiencias auditivas: por ejemplo, una investigación del Instituto de Sordos británico reveló el año pasado que el 45% de los chicos entre 14 y 20 años padecen de trauma acústico, un mal incurable que puede conducir a la sordera en los casos más graves.
Es un problema del siglo XXI y el mismo siglo XXI ofrece una solución. Los equipos de última generación traen incorporado un sistema limitador de los agudos, la escala de sonido más dañina. El Automatic Volume Limiter System (AVLS) es un dispositivo propio del emisor (iPod o Mp3) y no del auricular que se emplee, por lo que hay que mirar bien los equipos a la hora de comprar. La mayoría de los que se venden en Uruguay, sin embargo, no lo tienen incorporado. Y los que sí tienen el AVLS superan los 250 dólares de costo.
"Con este sistema, se evita lo agresivo de los agudos, aunque eso mismo es lo que, según los chicos, le da la emoción a la música", asegura el otorrinolaringólogo uruguayo Mauricio Mimer. En efecto, escuchar con el AVLS activado reduce la intensidad del sonido y de ahí su principal contra. El sistema es opcional en los aparatos y la mayoría de los usuarios lo tiene desinstalado, salvo aquellos con trauma acústico diagnosticado y que deben emplearlo casi por obligación médica.
Inclusive, el AVLS no viene activado en la primera configuración de los iPods o Mp3. Se debe investigar luego en el set up del aparato, encontrarlo y encenderlo. Pero con los agudos limitados, la música se emite con predominancia de graves, lo que está bien para un tango o música clásica, pero se lleva pésimo con el género pop o la electrónica de estos días.
Para escuchar en la computadora, también el control de volumen ofrece la posibilidad de bajar los agudos. En Windows, se debe cliquear en el ícono del parlante en el extremo inferior derecho. Allí, se va a "controles avanzados", y en el botón "avanzado" se despliegan los niveles de agudos y bajos para ajustarlos a gusto.
BAJÁ LOS DECIBELES. El trauma acústico se produce por la exposición más o menos prolongada a sonidos mayores a 90 decibeles. Era un mal restringido a ambientes laborales ruidosos, como talleres o aeropuertos, pero los avances tecnológicos se tomaron un grupo de víctimas: los jóvenes. Primero fue el walkman, luego el discman y ahora un Mp3 que en su máxima potencia puede emitir a 115 decibeles. Y en las discotecas sube a veces a 130.
"El otro día, llegó un chico con un trauma acústico después de una sola noche en un boliche, le alcanzó sólo eso", relata Mimer. Lo común, en cambio, es que el mal se desarrolle con el tiempo y de hecho, hay varias escalas. El que lo padece se da cuenta porque si bien puede mantener una conversación mano a mano, se complica cuando hay un tercer sonido: murmullos, música de fondo, una máquina. "Entonces, él oye pero no entiende. No discrimina los sonidos, como si le hablaran en otro idioma".
El trauma acústico daña la capacidad de percibir los sonidos en una frecuencia específica (la 4.000). Con el tiempo y si continúa la exposición a los sonidos agudos a alto volumen, puede afectar otras frecuencias y acabar en una sordera similar a la que deviene con la edad avanzada. "El trauma avejenta la capacidad auditiva y es incurable, no hay tratamiento, lo que se debe hacer es prevenir", dice Mimer.
Y prevenir es: primero el AVLS, sistema que están recomendando todos los otorrinolaringólogos y cuyo uso, en definitiva, dependerá de la costumbre. Segundo: los auriculares deben ser de los grandes; los de botón (pequeños que van dentro del oído) son más nocivos. Y tercero: no escuchar nunca el Mp3 a un volumen mayor a la mitad del posible.
"Si la música la escucha alguien a un metro de distancia del que está con los auriculares, ese volumen es nocivo", ejemplifica Mimer. A la inversa, el que está "enchufado" debe también percibir los sonidos del entorno.
En cuanto al tiempo, todo depende de cada uno, pero los expertos recomiendan no superar la dosis de una hora diaria con los auriculares.
Los músicos y disc jokey son los principales expuestos al trauma acústico y entre ellos hay varios casos famosos. Por ejemplo, el cantante y compositor inglés Phil Collins, de 54 años, ha perdido el 60% de su capacidad auditiva. Y la diva del rap de Estados Unidos, Foxy Brown, quedó sorda a los 10 años de carrera.
El mal de máquina molesta
Cada oído tiene su sensibilidad. Algunos pueden superar una rutina de iPod todo el día y discoteca todas las noches, pero son los menos. En el otro extremo están los sumamente sensibles que a sonidos de mucho menor intensidad, desarrollan algún trauma acústico.
Por ejemplo, el otorrinolaringólogo Mauricio Mimer, del Hospital Maciel, ha recibido pacientes con problemas de audición por exposición al ruido de la computadora. "Es mínimo, pero permanente. Antes, eso mismo lo veíamos en empleados de un banco, por ejemplo, con las máquinas de escribir".
En efecto, el trauma acústico puede generarse de golpe, con una explosión por ejemplo, por la exposición prolongada a sonidos agudos y fuertes, o por ruidos de menor intensidad, pero continuos.
La generación del aislamiento
Los reproductores Mp3 se han convertido en los últimos 10 años en uno de los productos tecnológicos más vendidos de la historia. En 2007, por ejemplo, Apple vendió 100 millones de iPods. Los expertos advierten que más allá de los problemas auditivos, el abuso de estos equipos acarrea riesgos psicológicos y sociales en especial entre los menores de 15 años. De hecho, hay quienes en Estados Unidos y Europa hablan de la i-generación, para referirse a los adolescentes que se pasan el día "enchufados" con la música y la escuchan mientras hacen otras cosas, entran a Internet, van al súper o estudian. Pero en su mundo faltan las palabras, la comunicación directa. "En esa fase crucial del crecimiento es muy importante que los adolescentes aprendan a comunicar y compartir sus opiniones con sus pares y con su familia", dice el psicólogo español Javier Abril, especialista en adolescencia. La i-generación, según la experta estadounidense Jean Twenge, implica la máxima expresión del individualismo. Por ejemplo, crece en Europa y Estados Unidos un nuevo tipo de discoteca: la silenciosa. No hay un Dj y una o varias pistas. Cada uno recibe un auricular inalámbrico y va haciendo "zapping" hasta dar con la música preferida. Todos bailan, pero distintos ritmos y en silencio ambiente. Claro que el aislamiento no sólo depende de la tecnología, se llega ya con el impulso de evadirse.