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La musa de Fede Álvarez

Claire Foy saltó a la fama por su papel de la reina Isabel en la aclamada serie The Crown. Ahora conquista Hollywood y protagoniza la nueva película del uruguayo.

Claire Foy en los Emmy. Foto: AFP
Claire Foy en los Emmy. Foto: AFP

El tintineo de las cajas registradoras me fascina. Es un verdadero sueño. El mejor trabajo que tuve antes de ser actriz fue el de cajera de supermercado. Me encanta venderle cosas a la gente". Antes de proclamarse reina en la ficción, Claire Foy repartió comidas a domicilio y revistas gratuitas en el metro. Fue teleoperadora, agente de seguridad en Wimbledon y camarera de pub. Pero el destino de esta plebeya británica —"es bueno ser alguien corriente"—, criada en Buckinghamshire, cambió para siempre con su papel de la reina Isabel II de Inglaterra en la exitosa serie The Crown.

En una pirueta de 180 grados, va a ser dirigida por el uruguayo Fede Álvarez para convertirse en Lisbeth Salander, la protagonista de la saga Millennium basada en los libros de Stieg Larsson, en una nueva secuela cinematográfica cuyo estreno mundial —y local— está previsto para noviembre y que se llamará La chica de la telaraña. "Quería encontrar a mi propia Lisbeth y con Claire lo logré", ha dicho Álvarez.

Entre los aspectos que no está dispuesta a modificar de su vida se encuentra la casa en la que vive en Wood Green, Londres, donde el único capricho que luce es un piano de segunda mano. Apenas lo toca para no despertar a su hija, que duerme justo en la habitación de la planta de arriba. Sus otros vicios son un buen fuego —"en la chimenea", puntualiza— y una copa de vino tinto. Su vida personal no ha cambiado.

Su postura no es más regia por haberse metido en la piel de una reina. Tampoco está deseando ir a Marte, a pesar de haberse convertido en la mujer de Janet Armstrong, esposa del primer hombre que pisó la Luna en el cine, para la película El primer hombre, que promociona por estos días y que se verá en Uruguay a fines de noviembre. . "¿Yo? Me gusta volar, pero también lo odio. ¡Como para subirme en un cohete!". Tampoco ha heredado los tatuajes de la indómita hacker Lisbeth Salander, territorio este virgen para ella. "Teniendo en cuenta la cantidad de amigos que tengo con tatuajes, no debo ser lo suficientemente cool", dice entre risas.

Si algo parece definir su carrera es la capacidad de mantener los pies sobre la tierra. Un férreo pragmatismo ante las mieles del éxito y la demoledora maquinaria de Hollywood.

"A menos que seas Julia Roberts, nunca te convertís en la única opción para un director. Nunca dudo de que hay otras 45 actrices idénticas, de la misma edad, el mismo look, el mismo todo, aspirando al mismo papel".

Foy, que afirma tener "cero espíritu competitivo", desbancó a la mismísima Scarlett Johansson en la pugna por convertirse en la nueva Lisbeth Salander. Poco antes del vendaval que va a girar en torno a ella esta temporada, con el estreno de ambas películas, asegura necesitar tiempo para asimilar todo lo que se le ha venido encima. Para descansar y, sobre todo, organizar la vida antes del huracán. "De lo contrario, no tienes nada que contar. Además, nunca sé lo que voy a hacer hasta que no lo tengo delante de mis narices".

Fede Álvarez y Claire Foy
Fede Álvarez y Claire Foy. Foto: difusión

LA ACTRIZ SOBRE EL URUGUAYO: "Es increíble, tiene algo que muy pocos tienen"

"Estuvo genial trabajar con actores de la talla de Claire Foy y estoy seguro de que el público la va a amar en su rol de Lisbeth Salander", señaló el cineasta uruguayo Fede Álvarez tiempo atrás a El País. A su vez, Foy también ha elogiado al uruguayo, a quien calificó en diálogo con el portal Collider como "un pianista preparado para hacer conciertos. Es increíble. Tiene una compresión del cine y de las historias y de la audiencia que muy pocas personas tienen. En cierta forma es algo estudiado, en otra no. Ama el cine y es capaz de ver y decir qué ritmo tiene que tener y el orden de las cosas", sostuvo la actriz británica.
El estreno mundial de La chica en la telaraña, su tercera película y el proyecto más ambicioso de Álvarez hasta la fecha, está previsto para el 9 de noviembre. Es uno de los sucesos cinematográficos del año, basado por el ascenso que ha tenido Álvarez en Hollywood por un lado, y la expectativa por ver a una nueva Lisbeth Salander por otro.
Esta historia se basa en uno de los tomos de la saga literaria Millenium, creada por Stieg Larsson y retomada por David Lagercrantz, autor de la novela sobre la que construye Álvarez. Con locaciones en Berlín y Estocolmo, los ojos están puestos en Álvarez y Foy, en especial por la tarea de reconvertir a un personaje que irá por su tercera versión en el cine (Rooney Mara y Noomi Rapace en las películas suecas).


Contar historias.

"Nunca tuve grandes expectativas", explica Foy en el hotel Beverly Hilton de Los Ángeles. Menuda y calzando sus Converse, rememora sobre sus inicios: "Fui a la escuela de arte dramático porque había visto millones de películas de pequeña y pensé que estaría bien. Ni tan siquiera pensaba en hacerlas. Me metí porque quería contar historias y lo que esperaba era el fracaso. Pero si al menos conseguía ganarme la vida, todo iría bien. Sé que uno tiene que comer y para ello hay que trabajar y ganar dinero", señala.

Y agrega: "Pero luego vino el Globo de Oro y todo cambió. Cuando estás rodando, vives como en una burbuja. Solo te haces a la idea del alcance de estas cosas cuando pisas Estados Unidos. Y en particular Los Ángeles. En esas galas es cuando te ves subida en un pedestal, con la gente pidiéndote autógrafos. Esperan que seas Dios, cuando todos estamos hechos de la misma forma".

Peter Morgan, el dramaturgo británico creador de The Crown, señaló que en cuanto la vio en la prueba supo "que estaba ante la eclosión de una nueva estrella. Fue como ver nacer a una nueva Judi Dench. He trabajado con algunas de las grandes de este oficio, y Claire está allí arriba con ellas".

Sucedió hace poco más de dos años. Tras el periplo de empleos varios y el salto a papeles de poca monta en la pequeña pantalla, Claire Foy estaba preparada para el asalto de la corona británica.

Lo hizo con una majestuosa ambición que la llevó a ganar el Globo de Oro a la mejor actriz en una serie dramática en 2017. Un galardón al que siguieron el BAFTA y el Premio del Sindicato de Actores de Hollywood. Al recoger el Globo de Oro, Foy dedicó el trofeo, entre otras "damas extraordinarias", a la soberana británica. "El mundo estaría mejor con unas cuantas mujeres más al mando".

Ella tiene como referentes a Emma Thompson, Helena Bonham Carter y Juliette Binoche. A sus 34 años, bien podría decirse que posee algo de todas ellas. Aunque si tiene que confesar sus obsesiones, en el punto de mira siempre tendrá a Grace Kelly y Doris Day. "Mi madre me decía que no era normal que me pasara todo el día viendo sus películas una y otra vez".

Pese a la pompa que le acompaña hoy, lo único que le ha alterado los esquemas a esta intérprete ha sido la pequeña Ivy Rose, de dos años. Acudió embarazada de ella a la audición con Morgan que le cambió la vida. "Fue ideal, porque durante la gestación no tenía la cabeza para otra cosa. No fui capaz de darme cuenta de que estaba aceptando el mayor trabajo de mi carrera mientras me preparaba para el mayor cambio en mi vida, a punto de tener una hija". Conoció a Stephen Campbell Moore, el padre de Ivy Rose, en 2011. También actor, se casaron en 2014, justo un año antes de la llegada de la pequeña. A la historia no le faltaron las notas dramáticas. Además de sufrir un parto traumático con hemorragia, durante aquel tiempo su marido fue diagnosticado con un tumor benigno en la base del cerebro. Anteriormente, Foy había tenido problemas de salud, víctima de artritis juvenil y de un tumor en el fondo del ojo. La superación le insufló coraje. En 2018 anunció su separación tras tres años de matrimonio y siete de vida en común. Ahora, como dijo al recoger el Globo de Oro, toda su vida gira en torno a una única protagonista: su hija.

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